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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 15 de octubre de 2019

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Lo básico y su ropaje (2012)

Catálogo. Cáceres. El Brocense. 2012.

Imágenes: http://www.brocense.com/exposiciones/2012/mariajesusvelasco.asp

Lo elemental late tras el revestimiento, tras la multiplicación o tras la contraposición. Mirada de una obra artística visual.

 


Lo básico y su ropaje.

La mirada de María Jesús Velasco.

http://www.brocense.com/exposiciones/2012/mariajesusvelasco.asp

 

El periodo que atravesamos desde hace unos pocos años no deja de recordarnos cada día, como ha repetido en multitud de ocasiones el sociólogo Zigmunt Bauman, que lo sólido se va desvaneciendo en todos los ámbitos de nuestra experiencia. Michel Maffesoli también insiste en el carácter vagabundo de la experiencia vital y en la forma de encarnar nuestras identidades bajo múltiples guiones que están en un permanente proceso de construcción y transformación. Sin embargo, junto al mundo frágil y líquido, como lo denomina el primero de los autores, y nómada, como lo califica el segundo, siguen a nuestro alrededor elementos que permanecen. Lo permanente y lo transitorio, lo básico y su ropaje constituyen temáticas de la obra que presentamos en esta ocasión.


Con frecuencia, lo que siempre se consideró sustancial para impulsar el curso de la vida y de su organización social es relegado e infravalorado. María Jesús Velasco se sitúa, como persona, en un observatorio que no prima el desecho ni tampoco la novedad; no apuesta por lo sólido ni abraza ciegamente lo líquido. Más bien adopta una posición integradora y plasma con tremendo equilibrio y ritmo la tensión entre lo que hay y su revestimiento, entre lo permanente y lo evanescente. En sus imágenes usa con frecuencia dos recursos para reflexionar acerca de este proceso. El primero de ellos es conceptual y recurre a tratamientos complejos de las imágenes, construyendo fractales arquitectónicos que se recurren a sí mismos bajo la pauta de la autosimilitud. El segundo es de tipo pragmático, y consiste en construir objetos con volumen mediante imágenes. El resultado concreto son cajas de luz, en donde la percepción de la imagen se lleva a cabo gracias a la luminosidad que procede del interior de las mismas y no mediante la típica reflexión lumínica. La relación plena con estas obras nos exige movernos en el espacio circundante, lo cual supone un acto de exploración más próximo a nuestra relación con el mundo que la mirada de una imagen desde un punto fijo determinado.


En un momento de incertidumbre como el que atravesamos, no pasa inadvertida esta obra por aspirar a crecer hacia dimensiones que van más allá del soporte fotográfico tradicional, que nos sitúan ante un objeto icónico en tres dimensiones, construido a partir de imágenes bidimensionales. El último eslabón de esta evolución es la hospitalidad que algunas obras brindan a objetos de referencia de las mismas, como los andamios y telas que aluden a palacios venecianos o la escalera con sus texturas y colores de arena. Podríamos afirmar que esta obra, en su trayectoria evolutiva, aspira a hacer convivir el iconismo clásico de las copias de dos dimensiones sobre papeles de algodón con la tercera dimensión propia de los objetos.


María Jesús Velasco se encuentra en la actualidad en plena investigación de la regularidad cíclica latente en los procesos de la naturaleza y su relación con los heterogéneos ritmos culturales que los humanos han ido creando con el tiempo para lograr sincronías existenciales básicas. Sus obras no pretenden plasmar un estado de cosas en un momento oportuno, sino más bien recrear una temporalidad articuladora, expresada bajo pautas de repetición de una misma imagen. Cadencia y equilibrio son dos rasgos que destaca la artista en sus obras recientes, tanto en su referencia a la naturaleza como en su referencia a la cultura o, también, a otra línea de investigación, no presente en esta muestra, que alude a lo específicamente social en lugares de tránsito.


Dejando de lado la inquietud de la artista y el código que gobierna sus tratamientos estilísticos y expositivos, las obras aquí presentadas se podrían agrupar en las siguientes temáticas: escenografías, panópticos, transparencias, contraposiciones y elementales.


Las escenografías son una constante para María Jesús. En pocas ocasiones nos muestra una temática privándonos de su escenario. En este apartado cabe incluir el universo de los lugares superiores de la arquitectura; obras que nos descubre la artista bajo todo tipo de simulaciones, a partir de revestimientos, protecciones o envoltorios. El resultado es una nueva dimensión de la arquitectura clásica (Florencia, Venecia, Egipto, etc.), concebida entre unos bastidores en donde lo decantado en el tiempo y los estados de tránsito conviven equilibradamente.

 

Esta serie está marcada por la mirada metonímica, en donde el todo hay que evocarlo a partir de alguna de sus partes; y el hecho de que estas partes aparezcan en las obras recubiertas, segmentadas, duplicadas o invertidas no les resta belleza ni las desvirtúa como iconos de la cultura; por el contrario impulsa a pensar en una "totalidad" que puede ser abarcada a partir del fragmento elegido y tratado en cada obra.


Los panópticos se refieren en estas imágenes a contextos controlados y controladores que remiten a ámbitos de la vida en donde no sólo se vigila a los humanos, sino en donde se les enclaustra para apartarlos de los demás. El motivo en esta ocasión es un caso concreto extremo: la antigua y ya desaparecida cárcel de Carabanchel, fragmento representativo no sólo de la idea de confinamiento sino, por extensión, de todo un régimen del pasado vivido por muchos en su dimensión carcelaria.

María Jesús Velasco despliega su tremenda capacidad como socióloga visual y lee semióticamente el espacio. Los restos de época, las pintadas o los graffiti estratificados en el tiempo acumulan experiencias diversas sobre los restos de un espacio terrorífico que estuvo siempre enmudecido y ensimismado. Articula con ritmo visual imágenes realizadas hace tres años en un entorno por entonces ya congelado, intervenido y degradado. Las imágenes construyen una temporalidad interna: pueden leerse de izquierda a derecha o de derecha a izquierda indistintamente y remiten al control y a la idea de repetición interminable generada por réplicas de fragmentos.


Transparencias: incluye una mirada contemporánea que aspira a descubrir al otro en una de sus facetas, en uno de sus ademanes básicos, en la medida en la que son imágenes que conectan con la tierra, con los pasos de la gente, con la dirección de los mismos. La ambigüedad que rodea al otro es la característica dominante de estas imágenes que transmiten una paradoja: el desplazamiento incesante de los demás y a la vez, su inmovilidad dentro de soportes translúcidos delimitados.

 

María Jesús, en el último período mira oblicuamente, desde un lugar inédito, los pasos de los demás: los interpreta desde debajo de la pisada. Quiere intuir al otro a partir de unas pisadas que podemos contemplar en su número, en su rapidez y en su frecuencia pero no en su intensidad, porque no dejan huella. Seguramente se ha inspirado en uno de sus autores de referencia, Elías Canetti quien realizó en "Masa y poder" observaciones como estas: "El ritmo es originariamente un ritmo de los pies...El hombre ha prestado siempre atención a los pasos de otros hombres...Los pasos que se suman de prisa a los pasos, simulan un número mayor de hombres. No se mueven del lugar; en su danza, siempre permanecen sobre el mismo sitio...Ejercen sobre los otros hombres en su cercanía una fuerza de atracción que no cede mientras no cese la danza..."

 

Contraposiciones entre la naturaleza y la cultura es una temática que se crea y recrea en panorámicas propuestas con la sintaxis de réplica simétrica. Las ruinas de Tikal, en Guatemala, sirven a la artista para construir una metáfora en la que retoma de nuevo la tensión entre la naturaleza, la cultura y la tecnología poniendo de manifiesto un conflicto desconcertante. Restos de pirámides mayas son abrazadas por potentes raíces que reinan en plena selva en un conflicto frontal en el que acaba mediando la racionalidad tecnológica. El choque entre la memoria de la cultura y el brutal exceso de la naturaleza es evidente y la artista lo escenifica y lo muestra con planos elementales que destacan una obviedad sobrecogedora.

 

En esta serie, la fotógrafa opta por la equidistancia y el cálculo racional cuyo objetivo es mediar entre la naturaleza y la cultura situándose en una posición ecléctica que podríamos denominar "el camino de en medio".


Bajo el rótulo Elementales pueden incluirse los trabajos que buscan en la naturaleza la base ancestral del simbolismo colectivo. El agua, la tierra, el aire, el fuego o la vegetación son elementos materiales básicos a los que recurren los ritos y los símbolos precristianos. A lo largo de la historia dichos elementos nos han acompañado en su estado más bruto. Eran nuestros soportes, configuraban nuestro medio natural de vida. Sin embargo, poco a poco fueron progresivamente estilizados y se han acabado presentando ante nuestros ojos fuertemente culturizados cada vez que los hemos asociado a complejas creencias colectivas: aguas que sanan, arenas sagradas, tierras de promisión, vientos de esperanza, fuegos purificadores, hierbas protectoras del mal... Las creencias precientíficas no se suelen formular con palabras, sino que más bien se asientan sobre los materiales de la naturaleza más elementales y convierten sus gamas, matices y estados en los significantes visibles tras los que se ocultan los significados más profundos e irracionales de la cultura. El resultado de este largo viaje es que, al final, los citados elementos, como diría el padre del estructuralismo, Claude Lévi-Strauss, nos sirven para pensar. Tierra procedente de desiertos, aguas fluviales, aire puro, nubes, vegetales, en ocasiones el fuego, la llama, son meticulosamente recogidos y tratados por la artista como fragmentos de realidades de distinta procedencia.

 

En su obra respeta pulcramente la forma y el color, pero nos los presenta articulados con una estructura diferente de la que tenían originalmente, en sus marcos naturales. Los hace renacer creando unidades que los despojan de sus vínculos con sus respectivos universos locales, rehabilitando así su universalidad mediante la belleza.


María Jesús Velasco nos avanza en esta muestra las tensiones que impulsan recientemente su investigación. Pero quizás la mayor singularidad se encuentre en el tratamiento que otorga a la relación entre el fragmento y la totalidad, entre el antes y el después o entre lo básico y su ropaje. Seguramente el recurso a objetos físicos como andamios, telones, escaleras, etc., sea un indicio del tipo particular de experiencia que pretende provocar en quien contemple sus obras finales. María Jesús Velasco posiblemente se encuentra a la mitad de un viaje de ida y vuelta; en un trayecto que comienza en el universo matérico, que se detiene en la captación y disfrute de lo simbólico y de lo estético, y que retorna seguidamente al punto de partida para afrontarlo con una nueva complejidad. Entre tanto, la descubrimos, cada vez en mayor medida, en un ir y venir incesante, y sentimos sus obras como ventanas desde las que vemos que siempre existen caminos inéditos para observar e interpretar nuestros marcos de vida. Situada en el centro de sus espacios y con una relación táctil con sus objetos, nos desvela los procedimientos mediante los que se puede acceder a la parte invisible de los mismos recurriendo sólo a la visible. Obras como las elegidas en esta ocasión son excelentes muestras que nos inspiran a la hora de seguir alerta, con ella, para seguir descubriendo nuevas dimensiones y nuevas temporalidades en el mundo que nos rodea.

 

Género al que pertenece la obra: Ensayo literario
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