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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 19 de septiembre de 2020

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Los volcanes sin sueño (2011)

Madrid, Polibea, 2011

ELEGÍA EN LOS ROQUES

Arrastro mi maleta azul

por las calles tristes de Caracas,

aguardando  la revelación silenciosa de mi vida,

una misma luz que germina en los ocasos,

fruto dulce del agua y del delirio.

 

Vuelo en un antiguo bombardero,

y los poemas resuenan

entre  los  corales perdidos del silencio.

 

Regreso al mar,

a su esponja de heridas

que disuelve la espuma de los días.

 

Ya no hay sombras, sólo azules,

mi piel es una turquesa que palpita,

un soliloquio marino de adioses y esperas.

 

Me convierto en el anfibio dulce que fui,

arena sin tiempo en el ardor callado del abismo,

gozosa metamorfosis,

que viene como el día,

envuelto en la dócil luz del mar,

luz sin deseo que corre al encuentro del agua.

 

----------------------------

El mar me ofrece sus diademas,

no confía en sus huesos,

en los corales pálidos de tanta indiferencia.

 

El mar tiene sed del cielo,

irremediable compañero,

ardiente en su renuncia diaria.

 

El mar me acuna

con un rumor de fuga,

se gesta en mi pálida garganta,

con silencios azules perdidos en la infancia.

 

A dónde vas, mar,

sin tus ventanas blancas,

arrojando un incendio de cuerpos cada noche.

 

Aquí estoy, mar,

ya sin máscaras,

quemando la pobreza azul de  las fronteras,

como los verbos sin sueño que desunen,

y nos matan.

 

 

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El agua,

como  umbral de la palabra,

crece en mis ojos,

afluente abierto de poemas vegetales.

 

El agua,

escribe en sus meandros,

-escritura ciega que fluye,

Tortuosa y verde,

por la vida secreta y terrible del sol-.

 

...Cuando volvió,

ya era transparente,

no sabía de sílabas ni de aguaceros,

-escindido el mundo con su furia fatua-.

Triste era el barro del tiempo en su mirada,

inocente en su canto de luto,

huyendo, por la boca del mundo,

como esfinge  del llanto.

 

Las palabras no bastan

para abarcar esos caudales,

bebiendo una sed desgarrada de jaguares.

 

 ----------------------------

 

He huido por los poemas

que me olvidé de escribir

mientras  vivía en otra sonrisa,

caminando con versos de sol y arena.

 

Me fui,

como un rumor de la lluvia,

demasiado lejos del mar,

desafiando al viento del oeste.

 

Llegaron tarde los volcanes,

porque eras azul y tenías ojos de monedas sucias,

y me diste un nombre huérfano,

apresurado y triste,

habitado por la claridad de los despojos,

tráfico triste de tantas palabras.

 

Habrá otros versos,

abiertos con puertas de sol y sed de silencio.

 

Viajera seré

en  un lugar donde no haya recuerdos,

ni revelaciones  ni heridas,

ocultas por el fulgor de otros poemas.

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POSTALES DE LA HABANA

 

Viejos desvencijados

en los portales del miedo.

Pestilencia del salitre,

cansancio domesticado.

 

La resignación de la ola

que carcome las paredes.

 

La cárcel de la palabra

cercada de sol

y de orgullo de palmeras.

 

Y una trompeta

cansada que no cesa

amuebla la desilusión

pedalea el desaliento

con el rumor de un mar

que desgasta los rostros

esculpidos de salitre.

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Un dolor me lleva

río  arriba,

con la muerte a destiempo,

en un cañaveral de desdichas vegetales.

 

Por senderos de lava atravieso

un bosque de framboyanes en flor

 

-incendio o llamarada

que se ofrenda al cielo­-.

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El largo y lento

aprendizaje de la ruina.

No busques en mi boca

un mar sin cauces

la cosecha del hambre, sin prisa

de morir

la ceniza feliz que finge este poema

-sospecha del fuego que lentamente

ha morado en la llama-

como silencio que arde en la memoria

breve de la luz,

sin la piedra del miedo

anudando mi garganta.

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En el limo oscuro del manglar

flota la claridad agria de un despojo.

 

El viento negro tintinea

en las cumbres nevadas.

Cruje la violencia del hambre

con docilidad de niña cansada.

 

Las palabras resbalan

por los resquicios de las puertas.

 

Los ojos estaban quietos

debajo de los párpados,

como  habitaciones vacías

sumergidas en un dolor sin esperas.

 

Hay que vaciar de garabatos de sangre

el corazón de la palabra,

acicalar

su cobriza basura en la mano del tiempo.

 

Hasta la muerte tiene un sol,

que alumbra el futuro que voy escribiendo.

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Género al que pertenece la obra: Poesía
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