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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 15 de agosto de 2022

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Allegra Byron (1993)


Toledo, Editorial Zocodover, 1993

ALLEGRA

Llegaste un día sorprendiendo a todos
los que creían ser dueños de su glorioso mundo,
clandestina inocencia
que caminó bajito y de puntillas,
tú jamás revelaste los secretos
de la noche más blanca que haya existido nunca.

Te marchaste
como si hubieras sido la autora de ti misma
y marcaste distancia con aquellos
que te dejaron sola entre los hábitos
-desde tus cuatro años-
de monjas italianas y morenas.

Ahora apareces,
resucitada tú entre todas las muñecas,
con vestido de alma,
a poblar mi jardín de niños muertos
que juegan con la noche al escondite.

¿Has venido a cogerme de la mano?
Si quieres
me convertiré en eco
para caber en tu pequeña muerte.
Mientras, te digo esto:

Allegra,
tienes la risa de las estrellas-sonajero,
que invisibles de día se oyen en tu garganta,
saltas sobre los años
y recorres distancias atravesando tiempos
mientras tus dedos tibios acarician
todos los gatos negros de mi duelo.

Estás aquí. Dejemos
que en el pasado reposen los huesos de las cosas.
Dejemos al dolor y al pensamiento.
Mientras tú y yo jugamos
con estos niños muertos. 

CANCIÓN DE CUNA PARA MARIQUITA PÉREZ

Con esa realidad de la apariencia
pareces casi a punto
de ponerte a escribir una autobiografía.
Y es que una muñeca
no siempre es la parodia
de las formas humanas.

Acaso,
tanto tú como yo,
no seamos más que sombras
de la sustancia verdadera,
un espejismo mutuo,
una pregunta
prolongada en el tiempo y los espacios
de las cosas.

Quizá seamos los dos
no más que un pensamiento clandestino,
porque la realidad siempre esconde sus sueños,
se avergüenza de ellos como de ovejas negras
y los guarda en secreto.

Nos miente en algo
todo lo que parece.
Entonces,
¿quiénes somos tú y yo?
Dos hechiceros de una magia que nos esclaviza:
tú conjuras silencios,
yo conjuro palabras
intentando con ellas esquivar el infierno,
que no está, como dicen, debajo de nosotros,
sino que nos habita.Un estado mental en el que las estrellas
se nos antojan pulgas que nos pican el alma.
El infierno es un hombre que dialoga
con su desdicha cada día.
Es saber
que nacer es una enfermedad
incurable.
Que cada uno de nosotros
no es más que una tormenta
ruidosa y pasajera.
Y al final olvidada definitivamente.

Pero tú estas encima
de tales nimiedades,
y yo quiero contigo
dejar unos momentos la conciencia.
Quiero
diluirme a tu lado
en un espacio cálido y convexo.
Y serle infiel a todo pensamiento.

Y que cuando amanezca
todo haya sido un sueño.

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Comentarios - 1

Maya

1
Maya - 19-05-2010 - 17:06:07h

Tanto éste libro de poemas como el de Jazz los saqué hace años de la biblioteca de la complutense para poder disfrutarlos. No te imaginas la cantidad de alumnos tuyos que hayan hecho lo mismo a lo largo de los años, ¡qué maravilla tener una profesora de literatura poeta!


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