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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 9 de agosto de 2020

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Alma soñada (2010)

 

Madrid, Geepp Ediciones, 2010

 

A veces, el aire sabe a primavera de violetas. Otras veces, la nieve envuelve Madrid y convierte en blancura y luz las aceras grises y sucias. Otras, el sol envía un guiño por encima de los edificios, como una reminiscencia del cielo y las montañas, del horizonte y los atardeceres, del mar.

A veces, de repente, brilla una idea y el laberinto sinsentido en el que vivo abre una ventana, sólo una, para retenerme, para obligarme a entender y no dejar que me abandone a la locura dulce de Don Quijote. A veces vivir duele tanto que ni siquiera un grito ahogado puede expresarlo. A veces el mundo duele tanto, que ni siquiera la rabia protesta lo suficiente.

Entonces me quedo muda, porque ningún discurso es suficiente. Porque la belleza y el dolor son demasiado grandes para ser explicados. Porque las ideas más luminosas pierden conexión y coherencia al explicarlas racionalmente (porque nada ocurre racionalmente).

Entonces, sólo me quedan las imágenes, las metáforas y las palabras mecanografiadas para explicarme a mí misma el sentido de las cosas. Sólo el papel para fijar los retazos de belleza y no dejar que la vida los sepulte. Sólo el vacío blanco para hacer explotar el dolor.

Esto son los poemas de Alma soñada, mosaicos de hermosura, de angustia y de protesta cincelados con la música que adormece a las fieras y nos guía a Morfeo. Sé que la explicación no es demasiado clara, pero es que la poesía también se me escapa entre los dedos cuando trato de explicarla.

 

Desnúdame

 

Desnúdame.

Desnúdame de alma para arriba y de cuerpo para abajo.

Quítame todas las capas, hasta llegar a mi piel desnuda.

Desnúdame despacio. Sin que lo note. Poco a poco. Que no duela.

Desnúdame aunque me queje, aunque te ruegue que no lo hagas;

aunque llore, aunque grite, aunque me escape.

Desnúdame.

 

Arranca mi abrigo de palabras impermeables para que la lluvia vuelva a estar fuera de mí.

 

Desnúdame de sus besos. Baja lentamente sus huellas dactilares por mi espalda, para que sus caricias caigan y dejen al descubierto mi piel.

 

Quita los sueños de encaje que están más dentro de mí; y verás partes de mi alma que nunca han visto las nubes.

 

Desnúdame los vidrios de los ojos, endurecidos de angustia, para que pueda llorar lágrimas nuevas.

 

Y cuando ya esté desnuda, cuando comience a temblar...

 

Bésame. Bésame frenéticamente. Con deseo. En cada rincón de mi cuerpo recién nacido.

Bésame con ansia. Que note tus labios cálidos. Para saber que aún existe algo que es de verdad.

 

Y después, muérdeme.

Muérdeme con fuerza. Hasta que sangre.

Para olvidar que me dolía el alma y ser tuya durante la eternidad de este segundo.

 

Desnúdame, bésame, muérdeme.

Pero luego calla. No digas nada. Porque a veces, con demasiada frecuencia, las palabras duelen al mentir.

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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Comentarios - 2

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2
albendazole canada - 10-04-2013 - 17:43:58h

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Antonio Bascones Martinez

1
Antonio Bascones Martinez - 6-09-2010 - 18:20:04h

Que belleza de palabras tan puras, tan distantes y al mismo tiempo tan íntimas. Me gustaría leer todo el libro. Me quedé sólo con el sabor de la primera brisa.
¿Cuál es la editorial?


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