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Domingo, 29 de marzo de 2020

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Donde el amor inventa su infinito (2007)

Madrid, Devenir, 2007

En Donde el amor inventa su infinito, Carmen Díaz Margarit se inspira en la tradición petrarquista, y se inserta en los ecos poéticos que rondaron desde Manrique a Garcilaso, y desde Garcilaso a Salinas. El discurso de este libro lo narran los dos amantes ficticios y el mismo Amor. Todos desdichados por su incapacidad para llegar a la plenitud. Precisamente, por su carácter puramente imaginativo.

 

 

Donde el amor inventa su infinito

 

(Ensayo sobre el amor virtual)

 

 

A modo de introito

 

Donde el amor inventa su infinito se inspira en la tradición petrarquista, y se inserta en los ecos poéticos que alcanzaron desde Manrique a Garcilaso, y desde Garcilaso a Salinas. Si el petrarquismo inventó una amada que carecía de corporeidad, -y por lo tanto de voz y de rostro, como los protagonistas de las nuevas relaciones cibernéticas del s. XXI-, en Donde el amor inventa su infinito se inventan, valga la redundancia, dos amantes incorpóreos. El discurso del libro narra un amor y un deseo desdichados por su incapacidad de llegar a su plenitud, precisamente por su carácter puramente imaginativo.

 

El tono lírico que escoge Díaz Margarit en esta ocasión es el diálogo: en las tres primeras partes, la amada se queja de su amor imposible. Su clamor, dirigido a un amado "prendido en el aire"  tiene un correlato claro con las relaciones ciberpersonales de la modernidad.  En la cuarta parte del libro, se escucha la respuesta del Amor universal, concretado en un amado idealizado/inventado, quien se queja de esta falta de concreción en lo real: "¿En dónde irá a morir mi desventura? Que ni mi amor atiende mi congoja." Este diálogo de incomunicación es muy similar al que se tiene en las ciberrelaciones del s. XXI, donde los protagonistas tienden a imaginarse a su ser amado, a crear patrones ideales que difícilmente se concretan en la realidad.

 

Si Petrarca fue en poesía -el más avanzado de los géneros y fiel reflejo de lo que sucede en la realidad- quien se adelantó a la transmodernidad con la idealización de la amada, la novela de Cervantes confirmó lo que adelantó el petrarquismo. En la novela,

 

-el género más social-, Cervantes inventó en  Dulcinea el paradigma del amor virtual, con la consiguiente desaparición del cuerpo, y como hemos apuntado antes, recorre la tradición petrarquista, y toda esta tradición, en su actualización,  sirve de referente poético en Donde el amor inventa su infinito. El yo lírico, en vista de su incapacidad metafórica de alcanzar el plano de lo real, cierra el libro con un "Epílogo", que promete o invita a la muerte en primavera, estación de la "renovación" o repetición del ciclo vital.

 

 

Rodrigo de Sotomayor

 

A J. P. Ochando

 

 

 

Hueco del alba que habita ternura,

y en espiral avanza sin nombrarle.

 

 

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Género al que pertenece la obra: Poesía
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