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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 18 de noviembre de 2018

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La niebla que te envuelve (2013)

Madrid, Editorial Bruño, Colección Paralelo Cero, 2013

 

Rafa es un joven informático al que encargan mejorar la web de un centro educativo para superdotados. Desde el primer día sospecha que allí ocurren cosas raras: hay demasiadas cámaras que graban todo lo que pasa, obligan a los estudiantes a medicarse y a realizar extrañas y peligrosas pruebas... Aquello parece más una cárcel que un lugar de estudio. Rafa intentará escapar y en su huida se enfrentará a una realidad muy distinta a la que él creía vivir hasta ese momento. Las posibilidades y los recovecos de la mente sorprenderán a todos. También al lector.

 

 

 

CAPÍTULO 1

 

                                        El mayor de todos los misterios es el hombre.

                                                                  Sócrates

 

                                             Las cadenas de la esclavitud solamente atan las                                                      manos. Es la mente quien hace al hombre libre o esclavo.   

                                                    Franz Grillparzer

 

 

 

- Esto es una trampa - pensó Rafa, cuando pisó el jardín de la Institución Académica Lux Homini.

El joven informático estuvo tentado de girar sobre los talones y marcharse renunciando al trabajo.

Mientras caminaba hacia el despacho de la directora, un miedo irracional le alzaba el vello de la piel. Su instinto le avisaba:

- Huye.

Las cámaras instaladas en los tres edificios lo enfocaban. Tras las ventanas, docenas de ojos seguían sus pasos. Algunos estudiantes que paseaban por el jardín lo examinaban con descaro. El vigilante de seguridad que lo acompañaba al despacho tenía aspecto simiesco. Había respondido con monosílabos a todos los comentarios de Rafa. Tampoco resultaba muy agradable la rottweiler cuya correa sostenía con la mano derecha. Aunque aquella perraza estaba preñada, se la notaba ágil y fuerte. No le faltaban músculos... ni dientes. Amo y animal marchaban al compás.

En la Institución se respiraba un ambiente malsano. De las cercanas montañas se desprendían jirones de niebla. Poco a poco se deslizaban hacia Lux Homini. Pronto se enredarían en las ramas de los árboles. Rafa se arrebujó dentro del anorak.

Se rumoreaban tantas barbaridades del equipo empresarial que sostenía el centro educativo... Que si se trataba de una secta, que si su poder en los medios de comunicación crecía peligrosamente, que si conspiraban en política, que si el actual ministro de Ciencia y Tecnología era uno de los suyos...

¿Por qué esa organización se había empeñado en que su compañero y él marcharan hasta aquel paraje montañoso de Santander a mejorar la web existente?

No. No tenía mucho sentido.

Para empezar, ni siquiera era normal que una Institución de esa categoría requiriera los servicios de Tecno, una empresa de informática de segunda fila. Por lo que había oído, los profesores de Lux Homini eran de altísimo nivel científico. Los alumnos, superdotados. Más que eso. Si era cierta la información que le había llegado, la mayoría de los estudiantes eran genios. Habrían sido capaces de crear una página web excelente como actividad dentro de cualquier asignatura tecnológica. La Institución habría ahorrado el dinero que ahora debería pagar a la empresa Tecno.

En cualquier caso, Alfredo y él podrían haber realizado el trabajo desde la oficina, en la calle Gran Vía de Barcelona. Lux Homini no habría tenido que reembolsar los gastos del avión, de las comidas, del hotel de dos trabajadores... Por cierto, ¿cuándo se presentaría Alfredo? Había prometido que llegaría a las nueve de la mañana. Eran las nueve y media cuando Rafa decidió entrar solo en la Institución. Algo de excusa tenía su compañero porque venía conduciendo desde Asturias, donde había pasado la noche. Algunos tramos de las carreteras estaban en obras. Lo que resultaba imperdonable era llevar el móvil apagado, ya que en su coche disponía del dispositivo manos libres Bluetooth.

Menos mal que no se quedarían mucho tiempo. Tecno les había reservado sólo tres días en el hostal de Pases, el pueblo más cercano a la Institución. Tiempo más que suficiente para terminar la web.

- ¿No son demasiadas cámaras? - preguntó Rafa al vigilante de seguridad. A simple vista, se distinguían tres en cada uno de los muros exteriores de los tres edificios.

El hombre no respondió. Recogió un envoltorio de caramelo del césped y lo depositó en la papelera más cercana. Rafa necesitaba hablar para descargar la tensión. Insistió:

- Más que un centro de estudios parece un reality show de televisión. Ya sabe, un programa de esos donde los telespectadores pueden ver a los concursantes durante las veinticuatro horas del día. Tengo entendido que los propietarios de esta Institución son los máximos accionistas de varias cadenas de televisión, ¿es cierto?

El vigilante se encogió de hombros, sin dejar de caminar. A cambio la rottweiler preñada miró expectante a Rafa. Se le había erizado el pelaje. Su amo dio un tirón de la correa susurrándole:

- Tranquila, Zira.

El joven informático lo intentó una vez más:

- A mí me parece que...

Había agotado la paciencia del vigilante de seguridad, que empezó a marchar más rápido.

- Mire... Ni su opinión ni la mía tienen importancia. La dirección sabe lo que se hace.

- Ya, pero...

- Por favor, no haga más preguntas. Podría ponerme en un compromiso.

Rafa tropezó con algo. Quizás una loseta que sobresalía. Trastabilló, intentó recuperar el equilibrio y... terminó cayendo de bruces. Tuvo los suficientes reflejos para poner las manos por delante y no romperse la nariz. Apenas se hizo daño, aunque le molestó que el vigilante de seguridad no lo ayudara a levantarse. Cuando se incorporó, le dio irónicamente las gracias.

Como respuesta, el vigilante lo miró con hostilidad. Su perra retrajo los belfos para enseñar sus afilados dientes a Rafa. Sin embargo, no emitió ningún gruñido.

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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