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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 20 de septiembre de 2020

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Mujeres matemáticas (2010)

Editorial Cultivalibros, junio 2010

 

El objetivo de este libro es aproximarnos a la biografía de las mujeres matemáticas conocidas desde la antigüedad hasta la primera mitad del siglom XX. Estas mujeres son un ejemplo de comportamiento y acción, han sido personas valientes y trabajadoras. Hay que destacar que además de la labor matemática que han desarrollado, son mujeres que han luchado por conseguir un lugar en un mundo en el que la mujer siempre ha ocupado un segundo plano. Todavía noestá lejano el tiempo en el que algunos profesotes no comenzaban su disertación si había una mujer presente en el aula.

 

Reseña de Javier Peralta (2010):

La discriminación de la mujer en la vida laboral y también en el mundo educativo ha sido prácticamente constante a lo largo de la historia. Así, incluso en parte del siglo XX, en muchas universidades no se permitía la presencia de mujeres, y menos aún en una carrera científica. Por ello resulta más meritoria la labor realizada por las mujeres matemáticas de los siglos pasados, y siempre es bienvenida una obra que nos aproxime a las más relevantes conocidas hasta mediados del siglo XX.

      El ensayo que se comenta consta de cinco capítulos, correspondientes a los periodos en los que la autora ha dividido la historia y en los que se ubican las protagonistas; además de la Introducción, otro capítulo de Conclusiones y la Bibliografía.

       A mi juicio, los aspectos más importantes que presenta el libro son los siguientes. En primer lugar, que no se reduce al estudio de las más famosas (Hipatia, madame de Châtelet, S. Germain, A. Byron, S. Kovalevskaya, E. Noether...), sino que se extiende a más de cuarenta, muchas de las cuales -aunque generalmente astrónomas- son desconocidas por la mayoría. Así, creo que la obra podría ser también considerada como una especie de catálogo o fuente inicial para, en su caso, profundizar luego en algunas biografías con referencias complementarias, para lo cual puede ser útil la extensa bibliografía que aparece al final del texto.

      Un segundo aspecto destacable es la propia organización del libro y de cada capítulo, que permite adquirir una visión cronológica general de la ubicación de las mujeres matemáticas en la historia. Con todo, lo que más me ha gustado, es la larga Introducción, en la que se puede contemplar en su conjunto la evolución de la educación de las mujeres, y de sus contribuciones científicas; como asimismo,  posteriormente,  el desarrollo de la educación en España.

      La obra está escrita por Concha Romo, catedrática de Álgebra de la UCM, que no solo es una prestigiosa especialista en su disciplina, sino que a raíz de otros trabajos sobre historia de la matemática, y del interesante libro que ahora presenta, demuestra que también es una experta en este campo.

 

Introducción

 

El objetivo de este libro es aproximarnos a la biografía de las mujeres matemáticas conocidas desde la antigüedad hasta la primera mitad del siglo XX. Estas mujeres son un ejemplo de comportamiento y acción, han sido personas valientes y trabajadoras pues su pasión por las matemáticas han tenido que hacerla compatible con su papel de hijas, esposas y madres.

 

A lo largo de la historia ha habido muchas mujeres interesadas en las matemáticas, pero son muy pocas las conocidas. Hay que destacar que además de la labor matemática que han desarrollado, son mujeres que han luchado por conseguir un lugar en un mundo en el que la mujer siempre ha ocupado un segundo plano. Lo que otorga aún más mérito a su labor matemática. Recordemos  que incluso en el siglo XX en muchas universidades no se aceptaba la presencia de mujeres y menos aún en una carrera de ciencias, así que era una proeza no sólo que pudieran asistir a clase sino que algunas obtuvieran una cátedra, escribieran libros y realizaran importantes trabajos de investigación. Todavía no está lejano el tiempo en el que algunos profesores no comenzaban su disertación si había una mujer presente en el aula.

 

Después de estas afirmaciones lo más lógico es que se conozcan muchos nombres de hombres matemáticos famosos y muy pocos de mujeres matemáticas. Es normal  que en la sociedad se plantee la pregunta. ¿ Será cierto que las mujeres valen menos para las matemáticas que los hombres ¿.Tradicionalmente no se consideran las matemáticas como una ciencia especialmente femenina y, sin embargo, en determinadas épocas históricas el interés de las mujeres por las matemáticas fue notable.

 

Con respecto a esta observación hay que puntualizar lo siguiente: La opinión generalizada sobre la ausencia de mujeres en la historia de las matemáticas descansa en una concepción errónea de lo que es la historia de la ciencia. Hay quienes piensan que la historia de la ciencia progresa solamente gracias a los grandes descubrimientos olvidándose de quienes han recogido los datos, han hecho minuciosas observaciones y anotaciones, han traducido trabajos importantes poniéndolos al alcance de otros investigadores o han explicado, analizado, sintetizado y divulgado el saber del momento.

 

Con el fin de aclarar un poco más la relación mujer-matemáticas, analicemos la educación de las mujeres a lo largo de la historia. Nunca se les ha negado a los hombres el acceso a la educación superior. Este derecho fue ejercido por quienes dispusieron de los medios necesarios, tanto por cuna como por sus propios méritos. Sin embargo hasta hace poco más de un siglo a la mayoría de las mujeres les ha estado prohibida incluso la lectura y la escritura pues estas han sido consideradas fuente de pecado. Así mientras a unas mujeres por su posición social les planificaron su educación, a la mayoría trataron de impedirles el acceso al conocimiento. No se pretendía en ningún momento que se interesaran por la filosofía, la ciencia y la tecnología sino más bien por el arte, la literatura y la cultura clásica así como todas las habilidades domésticas.

 

Históricamente la educación de las mujeres y los logros conseguidos por ellas a grandes rasgos han sido los siguientes:

 

Durante la Edad Media los conventos habían representado uno de los pocos accesos de las mujeres a la educación. Pondremos como ejemplo a Hildegarda de Bingen. Con la Reforma y la desaparición de los mismos en la Europa septentrional los estudios científicos quedaron transferidos a las Universidades, y, en consecuencia a cargo de varones. En Italia, el aislamiento de la mujer en la educación no fue tan acusado. En Inglaterra y Francia se ha de llegar al siglo XVII para encontrar un núcleo de población femenina que empieza a estudiar y especular sobre ciencia, en general, y a interesarse por la matemática en particular.

 

Recordemos que durante la Edad Media, siguiendo las teorías de Arstóteles y Galeno, se justificó el apartamiento de las mujeres de la Ciencia en base a su naturaleza. Su biología, a decir de muchos entre los que destaca fray Luis de León les impide el raciocinio "porque son frías y húmedas y eso daña al cerebro", mientras que los hombres son secos y calientes, lo cual favorece la razón.

 

No obstante , el Humanismo, con Luis Vives, defendía la instrucción de la mujer cristiana, siempre y cuando no ejerciera profesional o públicamente. Sólo años más tarde, en 1.678, apareció un panfleto, "Advine to the women and Maidens of London", que exhortaba a las mujeres a rechazar las labores domésticas y a dedicarse a estudiar matemáticas y contabilidad. La autora, desconocida, aunque en la portada aparece la expresión" por una de ese sexo" consideraba que las mujeres que estuvieran capacitadas en esas materias serían más independientes.

 

No fue la primera ni la única, ya que con anterioridad otras mujeres hablaron a favor de la educación de las mujeres de forma no anónima. De entre las primeras, Christine de Pizan  (1.364-1.430), Bathusa Makin ( nacida hacia 1.600), Marie le Jars de Gourney (1.565-1.645) o Mary Astell (1.668-1.731), todas ellas firmes partidarias de la igualdad de las mujeres. 

 

En el siglo XVII aparecieron algunos hombres defensores de las mujeres, así en el año 1.673 Franςois Poullain de la Barre, afirmó que la mente, el intelecto no tiene sexo. Según él, los entonces recientes desarrollos de la anatomía mostraban la igualdad entre hombres y mujeres con respecto al cerebro y los órganos sensoriales. Como contrapartida otros se burlan del intelecto femenino y las sátiras contra las mujeres intelectuales se convierten en un género muy difundido: " Las mujeres sabias " de Moliére. Otras específicamente dirigidas contra " las mujeres de ciencias ", como

 " Satire contre les femmes " de N. Boileau-Despreaux ( 1.694 ) escrita contra Mme de la Sabliere y donde se la describe, semijorobada, observando Júpiter, astrolabio en mano, hecho al que se atribuía su semiceguera y mala figura; " The Female Virtuosos ", de Thomas Wright ( 1.693 ), en la que las mujeres descubrían hechos obvios y planteaban actuaciones ridículas y estúpidas o seguramente la más amarga de todas,

" Humours of Oxford ", de James Millar ( 1.726 ), donde la protagonista, una insensata que ha osado pretender obtener conocimiento por medio del estudio y la dedicación a la ciencia y la filosofía, admite finalmente su locura, sus pretensiones ridículas y su vuelta al redil de la ignorancia.

 

Aparecieron también libros de divulgación científica para damas. Uno de los más famosos es "Newtonianismo per le dame", de Francesco Algeroti ( publicado en 1.737), en el que se expone la óptica y física newtoniana. Charles Leadbetter dedicó su "Astronomy: or the trae system of the planets demonstrated" (1.727) a Catherine Edwin, quien, según afirma el autor, tenía "gran erudición y habilidad en ciencias matemáticas, en especial en las celestes".

 

En el siglo XVIII hay tantas publicaciones de carácter científico dirigidas a mujeres- ya sea en forma de epístolas, periódicos o textos divulgativos-, que el hecho no hace sino corroborar el anhelo de éstas por la educación y su alto interés por las manifestaciones culturales y científicas de toda índole. Las mujeres del Siglo de las Luces apoyaron en sus salones la difusión de las ideas de Descartes, Newton y Leibniz. Posteriormente, la ciencia pasaría de los salones a las universidades y a las academias, de las que las mujeres se verían excluidas durante muchos años. Esta última afirmación es debida al siguiente hecho: Desde que la matemática empezó a profesionalizarse, alrededor del siglo XVIII, se puso en tela de juicio la capacidad de las mujeres para dedicarse a ella. Se estimó conveniente educar a las mujeres, pero no instruirlas  en materias consideradas poco femeninas. Puesto que su formación y dedicación fue tan distinta a la de los hombres su producción matemática no gozó de igual resonancia, y las mujeres han quedado excluidas de la mayoría de textos de historia de la matemática escritos por hombres.

 

A finales del siglo XVIII surgieron los primeros movimientos feministas, al hilo de la Revolución francesa y la Declaración de los Derechos de la mujer de 1.791, en la cual se exigían todos los derechos civiles y políticos. Por entonces, surgieron en Francia numerosos clubes femeninos y en 1.793 el filósofo y escritor Condorcet, encargado de preparar un texto para una constitución, incluyó la petición del voto para las mujeres. Unos decenios después se añadió a esto la ruptura que provocó la revolución industrial en el seno de la familia tradicional, al incorporarse al trabajo asalariado millones de mujeres.

 

Las mujeres no son aceptadas en la vida universitaria hasta la segunda mitad del siglo XIX. Su entrada en el mundo universitario se produce en Suiza en 1.860, en Inglaterra en 1.870 y en Francia en 1.880. En 1.881 se creó en Francia la École Normale Supérieure de jeunes filles ( Sèvres ). La institución jugó un importante papel en el despertar de vocaciones matemáticas en mujeres francesas. En 1.985 esta escuela se fusionó con la École Normale Supérieure  ( París ), pasando desde entonces a ser un centro mixto. La École Polytechnique francesa, creada en 1.794, se había constituido asimismo en centro mixto en 1.972.

 

En 1.828 la Royal Astronomical Society premió a Carolina Lucretia Herschel con la medalla de oro por su trabajo. Como esta sociedad no admitía mujeres, fue nombrada miembro honorario.

 

El 13 de febrero de 1.835, Mary Fairfax Greig Somerville fue nombrada miembro honorífico de la Royal Astronomical Society. Ella y Carolina Herschel fueron las primeras mujeres que tuvieron este nombramiento.

 

María Mitchell fue la primera mujer aceptada en la Academia de Artes y Ciencias en 1.853.

 

En 1.874 Sophia Kovalevskaia fue la primera mujer en doctorarse en Matemáticas. También fue la primera mujer que ocupó el puesto de editora de la revista "Acta Matemática".

 

Emmy Noether fue la primera mujer en dar las "Colloquium Lectures" en las reuniones de la American Mathematical Society en 1.927.  En 1.983, la editorial Springer editó las obras completas de E. Noether, dándose este hecho por primera vez en el caso de una mujer.

 

En 1.947 Mary Lucy Cartwright fue admitida en la Royal Society y recibió otros muchos honores incluida la medalla Silvestre de dicha sociedad en 1.964.

 

En 1.948 Irmgard Flügge-Lotz fue la primera profesora de Ingeniería en Stanford.

 

Julia Bowman Robinson fue la primera mujer admitida en la Nacional Academy of Sciences en 1.975, la primera mujer oficial de la American Mathematical Society en 1.978 y la primera mujer presidente de esta sociedad en 1.982. También fue admitida en la American Academy of Arts an Sciences en 1.984.

 

En 1.969 Gertrude Mary Cox se convirtió en la primera mujer admitida  en el Instituto Internacional de Estadística. En 1.956 fue elegida presidenta de la Asociación Americana de Estadística y en 1.975 de la Academia Nacional de Ciencias.

 

Mina Spiegel Rees en 1.970 había sido admitida en la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia y en 1.971 fue la primera mujer presidente de esta asociación. Además fue nombrada Doctora Honoris Causa en alrededor de 20 Universidades y Collèges.

 

Respecto a la situación social y política de la mujer, el siglo XX también lo es de grandes cambios. En 1.903 se creó en Inglaterra, la WSPU ( Unión Política y Social de Mujeres ). Esta sociedad feminista, a cuyos miembros se les llamó "sufragistas" por pedir el derecho de voto para las mujeres, adoptó un nuevo método en la historia del feminismo internacional, la lucha. Comenzaron perturbando los comicios de los diputados y terminaron incendiando edificios públicos, ferrocarriles, buzones de correos... Al final, en 1.918, las mujeres inglesas consiguieron el derecho al voto, después  de cincuenta años de lucha y dos mil quinientas ochenta y cuatro peticiones.

 

Las mujeres americanas lo consiguieron en 1.920. En esta misma época muchos países europeos concedieron este derecho; Finlandia en 1.906, Dinamarca en 1.915. En Francia, donde el movimiento feminista había tenido sus primeras manifestaciones, no se concedió el derecho al voto a la mujer hasta 1.945. Hoy día la gran mayoría de los estados del mundo no sólo han reconocido el derecho de sufragio a la mujer sino que también le han permitido su intervención política y el desempeño de cargos y profesiones que durante mucho tiempo fueron privativos de los hombres.

 

 

La educación de las mujeres en España.

 

En el estado español, hasta el siglo XVI, se prohibía el acceso de las mujeres al sistema educativo y en el XVII, cuando la escuela se perfila como lugar de educación de la infancia, las niñas sólo aprendían a bordar y a hacer vainicas, pero no a leer ni a escribir, pues se consideraba impropio y pernicioso.

 

En la segunda mitad del siglo XVIII aparecen los primeros intentos de escolarización femenina, de la mano de las Sociedades Económicas de Amigos del País. Estas Sociedades acogen a los ilustrados que se preocupan por el retraso social y económico de España, y por ende de la educación, a la que consideran la base del cambio de la sociedad.

 

La Real Sociedad Económica de Amigos del País de Madrid crea las primeras cuatro Escuelas Patrióticas - para niños y niñas- cuyo objetivo era preparar a las clases más modestas en un oficio.

 

En 1.787 se crea, tras muchas discusiones, La Junta de Damas de Honor y Mérito de la Sociedad, compuesta por mujeres aristócratas. Estas mujeres se encargan de las Escuelas Patrióticas, transformándolas, y ya en el plan de 1.791 se establece que las maestras entren por oposición y que sus asignaciones económicas sean dignas. Aunque el fin de estas escuelas también era la enseñanza de un oficio, casi una tercera parte de las alumnas aprendían a leer.

 

En 1.783 el Estado crea en Madrid 32 escuelas de niñas y se reconoce legalmente, por primera vez, la necesidad de alfabetizar a las mujeres. Sin embargo, la educación de las niñas pronto se diferenció claramente según su extracción social: mientras las de clase alta eran preparadas para el hogar, las de clase popular necesitaban además aprender un oficio.

 

La Constitución de Cádiz (1.812) plantea la importancia de establecer un sistema de educación nacional controlado y dirigido por el Estado; pero el informe Quintana (1.813) muestra claras reticencias para incluir a las mujeres en ese proyecto, y pretende educarlas en la vida interior mientras que al hombre se le prepara para la exterior. La primera vez que aparece la preocupación de que las niñas sepan contar es en el reglamento General de Instrucción Pública de 1.821.

 

La ley Moyano (1.857) propone la extensión de educación primaria elemental a todos los españoles y en la práctica consagra un modelo educativo diferente para la mujer. Por ejemplo, las niñas estudiarán Labores propias del sexo en lugar de Breves nociones de agricultura, industria y comercio, o Elementos de dibujo aplicados a sus labores. Ligeras nociones de higiene doméstica en lugar de Principios de Geometría y Dibujo Lineal y Agrimensura. Por tanto los aprendizajes científico-técnicos se reservan exclusivamente a los niños, mientras que se educa a las niñas para el hogar y los sentimientos.

 

Género al que pertenece la obra: Ensayo literario
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Comentarios - 1

terbinafine

1
terbinafine - 10-04-2013 - 22:57:37h

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