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Miércoles, 13 de noviembre de 2019

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La última fiesta (2013)

Madrid, Sial, 2013

La última fiesta, Madrid, Sial, 2013.

Texto de la contracubierta:

Con una prosa de asombrosos registros que cautiva desde el primer momento, David Baró explora en La última fiesta las posibilidades actuales del relato y la novela breve a través de más de cincuenta narraciones donde se dan cita la sátira, la burla y la crítica social. La variada fauna de personajes sublimes, descreídos, alucinados o irreales que puebla las páginas de La última fiesta sustenta un mundo de ficción propio, reflejo de una realidad próxima a ese esperpento que, en definitiva, termina siendo nuestra realidad cotidiana. La última fiesta bucea en los abismos del hombre de hoy, rescata a los antihéroes cotidianos y da voz a los oprimidos. Un libro divertido, rebosante de suave sarcasmo y sana ironía. Recomendable para cualquier lector aguzado que quiera desconectar del mundanal ruido y disfrutar de las historias más insospechadas y atractivas, La última fiesta es una celebración del lenguaje más alegre y audaz.

Con La última fiesta, David Baró se perfila como una de las voces más personales de la actual literatura española.

 

Con un prólogo de Ángel Gómez Moreno.

 

 

 

La sonrisa

      Salió de casa, triste y melancólico, en busca de una taberna en la que saciar su sed de hastío. No pensaba en nada. Veía pasar los automóviles cual fugaces destellos de luciérnaga. Un océano de negro asfalto conducía al ocaso. El ámbar dubitativo del semáforo guiaba sus pasos. Lentos, espaciosos, al ritmo de la noche alambicada, en su hierro azul y frío. El viento gélido, punzante y diamantino perforaba sus pómulos rosados.

     Apenas meditaba en el pasado. Un pasado plagado de falsas esperanzas. Vorazmente cuarteado por un presente que ignoraba, que nunca podría descubrir, por mucho que se empeñara su sangre inquieta y jadeante. No quería ceder y, sin embargo, eso estaba haciendo. Ceder. Olvidar cualquier futuro. ¡Qué diantres significaba esa palabra! Él ya no era. Imbuido en estas ideas llegó a la vieja taberna. Dulce whisky luciferino rasgó su garganta.

     Debió de pasar mucho tiempo. Quizá dos o tres horas. Seis o siete whiskies consumidos. Su estómago bramaba. Dos manzanas recorrió furioso. Se sintió insultado, humillado y ofendido. El extraño sujeto sonreía grotesca y suciamente. Sus ojos embestían tras los suyos. Pidiendo fuerza al ángel del averno, descargó cuatro terribles golpes sucesivos. La sangre desgarraba sus nudillos. El rígido individuo cayó, golpeando su sien contra el cemento. Parecía seguir sonriendo, a pesar del brutal choque.

     Marchó raudo y tembloroso. Estaba hecho. La rabia contenida se eclipsaba. Aceptar. Aceptar la culpa y beber hasta el final la vil cicuta. Caminó sereno; glorioso; eufórico y perverso. Confesó sin miedo. No se excusó. El alcohol sólo fue el pretexto. Un último peldaño en su ritual.

     Esposado, acompañó al agente a la sucia escena del crimen. La vanidad le embargaba. Estaba pletórico. Ya vislumbraba al cómico sujeto, que besaba el suelo con su necia sonrisa. Repentinamente su gesto cambió. Agrio. Derrotado. Ridículo e insomne. El demonio de la perversidad había jugado la última mano. Su sublime acto había sido transmutado. Vanidosa mentira.

     El astuto payaso del McDonald’s apenas presentaba ligeras hendiduras en su risueño cutis de plástico.

 

David Baró, La última fiesta, Madrid, Sial, 2013, pp. 33-34.

© David Baró

© Sial Ediciones

 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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