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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 26 de noviembre de 2020

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Meningelia (2004)

Col. Altazor, A.P.P., Madrid, 2004

 

 

ÁCIDO SANTO

 

que soy un poco turbio

no es un descubrimiento.

voy tapando a los convictos

y prefiero una noche bien lamida

a perderla entre dulzuras.

me subleva el olor a beso sin causa

que suele acompañar al malnacido

con todo su aparejo de cristianismo por costumbre

y el bolsillo blindado.

no soporto la cobardía de ser fuerte

ni el patriotismo de los pobres

ni el empacho de leyes por comodidad.

 

si yo fuese Dios

os mandaría a todos al infierno.

 

 

 

A CONTRADÍA

 

salen las mañanitas

a tomar vientos

despóticas salen

con un filo que ciega

y un chillido de pájaro hachazo

 

se levantan entre ojos

estirando del cuello a los muñecos

para llevarlos a las granjas

a las cintas sin fin   a los coliseos

con los cromosomas puestos en hora

según el meridiano del bien y del mal

 

nadie escapa al ruido de tripas

y el metabolismo es el amo

aquí y en nuestra imagen y semejanza

todos somos

arquetipo de la combustión

toma y daca entre materiales

bajo una ley sin cabeza

-asentamiento perpetuo

de cuatro maulladores

sobre la cima de los olimpos-

 

a mitad de la curva

el alma se sosiega con despojos

o calor enquistado

para que la manada siga en pie

engranando diente a diente

pulgar a pulgar

la entretenida maquinaria de sus abuelos

y así hasta que el fuego se traslada

a otra parte del circuito

y todo cae en ceniza colectiva

por eso

en el minuto del apagón

levanto yo mi frente

a pecho descubierto   a las oscuras

con la mirada precisa de los contrarios

revuelto con 'lunópatas´ y 'nictófagos´

porque soy el que ve absolutamente

porque soy impropio

 

de paso

mando a las mañanitas

a tomar vientos

y desde la sombra que tanta fuerza da

estrangulo al astro rey

y bajo la persiana

 

 

 

CHAMÁN

 

Dejad que os hable de poemas con un tigre dentro

y de cuando necesitamos a los desconocidos desesperadamente.

Dejadme que os diga que he visto

a Jesús y a Judas en el mismo hombre

y que no hay misterio que resista el alcohol.

Escuchad mis palabras crujido a crujido

en el momento más hermano de la noche,

cuando se busca la muerte como un éxito.

 

Aquí, en el perímetro,

desaparecen todas las estrellas

y mi voz puede ser lo que quería

y esto no me pasa a mí sino a vosotros:

 

"Sea cual sea el sentido,

soy un falso héroe,

me apostaste mil pavos

a que tendría lo que no se encuentra en sitio alguno,

comeremos el festín en casas de amor

porque conozco a los perros en celo

y al resto de parejas nupciales,

¡eh, pasad!,

te acostarás con todo lo que se te ponga por delante

y a ver si hay cuchillo que lo impida

o si estás realmente perdido.

Espero que te tomes esto bien,

muerte y correr son nuestro accidente

y con un solo motor no iremos lejos,

corre conmigo

ahora que se acabó el otro mundo,

círculo de fuego para llegar a la fiebre,

fiebre, rito de montaña,

ya nos vamos,

siempre con los lagartos,

con los lagartos siempre.

¿Qué fue lo que me prometiste?

Se trata de usar la poesía

para pasar al otro lado

y no refugio acogedor,

las cimas están en los extremos,

a la izquierda un imbécil,

a la derecha un llorar,

y los funerales como diversión.

Pero la gente quiere algo sagrado;

comer carne humana

o hacer del orgasmo sinfonía

o llevarse cinco a uno,

nada que dure más de un mes.

Vender el paseo con la flor en la mano

a cambio del tiempo,

y de pronto,

muy de pronto,

encontrarás algún día, algún lugar

y los ojos de la diosa."

 

Así entrasteis en este sitio

y así cambió el fuego vuestro silencio.

Mañana

lo habréis olvidado.

 

 

 

ACABAR CON EL MUTANTE

 

Me mataré como mujer

y dormiré el sueño templado de los limbos.

Dirán que estaba muy gris

la tarde en que cayeron mis dedos a la alfombra

en la suave postura de algún pájaro.

No habrá más tiempo para cubrir indiferencias

en ese día de todos los diluvios

donde perder es un principio.

Pero aquellos que dicen penetrarme

y juegan a beberse un trozo de mis infiernos,

llorando y todo, nunca sabrán

que se han librado de una buena.

 

 

 

PARADOIA

 

Si la locura me invade,

todo va de primera.

 

Los humanos se transforman en vampiros

y se carga el ambiente de tiniebla acogedora;

hay muciélagos emprendiendo una fuga de Bach

mientras el rojo del diablo nos viste de nocturnos;

mis chulos y mis furcias me recorren todo el pellejo

en medio de la morbidez del dos por uno,

y el cielo es un vértigo como ha de ser.

Es en el crítico infierno

donde encuentro a los escupidores de amor

que llevan un poema de nacimiento en su reptar,

y a los barbas que mojan pan en los charcos

cantando en francés a las ladillas.

Y en tanto tambalea la luna su trozo de hemisferio,

los lobos, las luciérnagas,

el crimen de huesos,

la suciedad de estar fantasmagórico,

la escarcha, los chirridos del golpe en los dientes,

el frecuente vómito al rayar la esquina,

todo cuanto necesita la órbita del ojo,

se ofrece teñido con el destello del colapso

a mi forma de mostrarme hambriento.

 

Pero cuando es la lucidez la que me enferma,

y la ciudad es un compendio de días repletos de minutos,

de semanas impladas de siglos,

entonces me duele tanto la auténtica locura

que me arrepiento de haberla perseguido,

y escapo por los pelos del psiquiátrico.

 

 

 

CALENTITO

 

Se amontonan las cintas de vídeo

y estás medio muerto en el sofá.

No te concierne el hachís que te has fumado

y el alcohol no aumenta tu energía.

Hay una rubia en televisión,

lánguida de axila reciente,

canta para que tengas sueños atmosféricos

y el maidarlin es un otoño que se cae

entre aplusos de jóvenes con el recuerdo de veinte años después.

Pronto harás un vértigo con el mando a distancia,

pero ahora

quisieras que esas manos arrascaran tu cabeza

o incinerasen una espinilla entre sus uñas

mientras la voz sigue a la deriva

bajo los flases del la menor

y las olas del mar crecen hasta el cielo.

Se vuelve roja la palidez de los ángeles

como queriendo volver el desierto en azul

o alcanzar el amor al margen del tipo.

Al final, pusieron una película en blanco y negro.

 

 

 

NO HAY PECES EN EL ASFALTO

 

Si yo cantase al mar

diría que sólo gaviota es buen vivir;

usaría grasa de los puertos

como manteca naviera con que freír el horizonte;

haría versículo la sal del aire

para ponerle mi firma al sabor de las algas.

Si el mar estuviese frente a mí

me daría por querer a las personas

y mis nervios flotarían en la morfina del oleaje

con la voz hecha analgésico

para quienes buscan misericordia en un poema.

Si Dios existiese

estaría fabricado de océano absoluto.

 

Pero vivo en Madrid,

y nazco en Madrid,

y me remonto a Madrid,

y veo a los humanos en la salsa del infierno,

mientras en el infierno me tomo una cerveza

con mi mueca a otras muecas enfrentada.

 

No es culpa mía este derroche

cuando llamo vivir a estar de uñas.

Si tan sólo tuviese el mar a media hora de distancia

gastaría el tiempo en ser gaviota.

 

 

 

DISTRITO INDEPENDIENTE

 

Con incienso de verduras, pescado y casquería

ardiendo ante la santísima báscula,

se hace divinidad el mercado y su olorcillo,

y el tendero, castigando faringitis,

convierte la propaganda en flamenco

mientras los niños a pleno descampado

se preguntan si es conveniente ir pillando una automática.

 

El viejo poli se hace el loco

con más avío que ganas de ascenderse,

y hay un escabeche de barullo mañanero

en arrabales y doñas haciendo la compra,

pacá-pallá del dichoso asunto del comer

en vez de ser ángeles y jóvenes todos,

que no sé ni como no la mató

el día en que estaba de cama con algún tipo

y el otro volvió de la grasa diaria, bien rota la salud,

con lo que la quería el pobre chiribitas,

pero la muy teñida tenía más de una catástrofe

y el marido muy poca decisión.

 

Más arriba del voceo y los tira y aflojas

se sentarán los viejos al solecito

con el oleaje de la autopista evocando mares antiguos

y se contarán la de drogadictos que vieron anoche,

aquí mismo, no creas,

para después morirse con amor

o tal vez de puro error médico.

 

No hay día que no se rompa un idilio

o se apuñale al forastero fuera de serie

en este lugar entre risas y veras,

para volver siempre al rincón entre rincones

donde la luna no entra sin escolta,

donde a la madre ni tocarla.

 

Y así vamos pasándola por minutos,

de lado y de milagro,

sin tener que rendir cuentas al novelista

ni doblar la esquina por doblar,

en este barrio que no llegará lejos

salvo en caso de guerra.

 

 

 

LOS MUERTOS HAN CRECIDO MUCHO CON LAS FLORES

 

Aquí ando

charlando con los muertos

caídos en la carretera o en el cáncer

-y todo es un decir-,

con su voz repetida hasta la esclerosis

meciendo nuestra constante embriaguez,

dejando al mundo con sus nervios

y a nuestra propia muerte en ridículo.

 

Ellos fueron niños de rodillas arañadas,

niños de jugar en descampados como Américas,

niños de pánico a no saberse la lección,

niños de un eter extranjero con olor a rocanroles,

niños iguales a los niños.

 

Todos se fueron de sus casas

y se clavaron en el punto de nuestra necesidad

para no dejarnos descansar de tanto amor,

con pepitas de revolución hechas collares

entre la curva incandescente

y el futuro negro-negro que no lo parecía.

 

Ahora se me ponen en el círculo

-como siempre-

y me entretienen esta tarde de maldita sea

con sus cánticos antiguos en azul neón

y su muerte y la mía y el hachazo discontinuo,

todo en plan verano o cumpleañosfeliz para duquesitas.

 

Parece

como si me echasen de menos.

 

 

 

TANGO

 

reían los pipiolos de mucha plata

en el cafetín del Dimas

lugar de canallada y ojeras

donde las 'blondis´ se funden a los andobas

en un magreo a lo prieto

por mucho que lluevan balas o temblores

 

reían los pipiolos de dulce

usando gomina de Oxford y olor a lucecita

derrochando alma y gasto

sin maldad

como los crueles cuando son inocentes

y ellos eran Cholo y Efrén

 

entró Milena

con esa sonrisa de caderas como nadie

y su cabello mantequilla pura

rebosando carmín a vueltas con el escote

y medias de gato

y en tanto ella aliviaba a todo el mundo

Efrén cayó de Romeo

 

se amaron de relámpago

con la juventud como salvoconducto

y el 'ya veremos' en juego

hasta que la vida se volvió apellido

y Efrén se hizo novio muy pincel

y se casó con una pitiminí de precio

y tuvo hijos como vitrinas

y una larga historia

 

y al cabo de mil olvidos

regresando de la ópera con Cholo

-viejo amigo   hermano viejo-

una copa por el pasado no vendría mal

así que entran de pura bola

donde Dimas se volvió loco y todo fue a peor

y las lágrimas podrían navegarse

 

sobre la mesa más trajinada

se apoya la vieja de los pájaros

frita entre las burlas de unos suaves

borracha y azul

vomitando vinos para hacer sitio

y la camarilla que la ríe se ve que es de piscina

 

allí está el hijo de Efrén

el más peste de todos

con la mala sangre bien a punto

sin saber que su padre apretará el gatillo

que lo aprieta

y tras este bello crimen

Milena   Efrén   y los pájaros

se marchan a morir

el poco tiempo que quedó

 

 

 

CUARENTA GRADOS DE IMPOTENCIA

 

Me cuesta mucho,

reina,

hacer el esfuerzo de pelarte los pantys

sin morir a cachos

en esta tarde de verano fiera,

y tú como si tal cosa

en medio del disparate cocido

besando las plumas de tus fármacos,

jugando a pedalear con mi deseo

y abombando tus nalgas de yema

tras arrancarte la lycra de ser gata.

 

Me cuesta horrores,

puedo jurártelo,

conseguir una erección de decibelios,

algo que merezca la pena

ante un jurado calificador

de esos que acostumbráis las duquesas a guardar entre lenguas

para coleccionar

y reír con las amigas

a la hora de haceros muy bisexuales.

 

No puedo ni con las pestañas

y pretendes que llegue a las ciento cincuenta flexiones

como en los tiempos del colacao,

cuando lo que necesito es apalancarme

entre tu caviar y tu champán nodriza

y que , por favor,

'camon beibe´,

me pongas un disco de llorar un poco

para sudar menos.

 

 

 

LANCELOT

 

En el momento justo de vérselas con lo puesto;

cuando un goteo avanza peligrosamente

hacia la cavidad adversa del estómago

después de saldar sus cuentas con fuego,

fuego de un trago que te toca lo santísimo;

cuando el olvido está lleno de mujeres

y la música más siniestra no puede ya

con tan grande inundación de carne viva;

en esa hora terrible de la vegetación,

del ataúd sin frenos,

en que el pan nuestro de cada día sabe a bolsa de basura

y el sueño a veinticuatro horas,

aparece el misionero.

 

No trata de hacerte un hombre

ni aconseja sobre el martirio.

Pasó por lo mismo hace mil fugas.

 

Trae un hueco entre las manos,

negro como el amor desnudo,

que a fuerza de hacerse túnel promete algo de longitud,

algún misterio fijo que no decepcione,

y abre su inmensidad sobre esta dejadez,

y luego se calla lo del último juicio.

 

Es de agradecer

que de su mano se llegue a la más prohibida adolescencia

y que nada sea pecado si es personal;

pero a falta de fe

yo le he visto tumbarse a mi doncella.

 

 

 

NOTA PARA LA VECINA

 

Ahogado en litros de saliva

se puede ir al mejor postor

y largar incluso el lado tierno,

recuerdo de cuando chivito,

a cambio de dos copas y un rato,

o al revés,

por no agarrar lo que sea

y hacer requesón a esa mala luminaria

que me cobró hasta la sombra.

Y pensando así, Señasole,

me puse anoche el visto bueno

a eso de la hora del martirio

y bajé al callejeo que usted sabe

con ganas de buscar bares a medio punto,

dispuesto a estar de sobra

si salía algún garabato en el montaje.

 

No habría rascado la calle ni una hora

cuando veo aparecer a un par de simples,

piquito con piquito y en pleno sorbo

-él, con sombrero de lado;

ella, oliendo a barato y hecha sarampión-

Me mira,

nos miramos

y ya está.

Pero el tipo, sin más pruebas,

se gira el ala ancha como aludiendo,

alarga el espolón

y me escupe arriba del zapato.

 

Mire, Señasole, fue de Dios;

fue de Dios que yo le diera requiéscat

al perico que iba con mi pájara.

Y que yo no quería, Señasole;

pero es mucho repaso

encima de ponerme banderillas

quererlas remojar.

 

 

 

LA LLAMADA

 

¿dígame

 

   -...

 

claro que te conozco   rubia

aunque me cueste alegrarme

 

   -...

 

pues estaba bebiendo rarezas

sin otra intención que estudiar el techo

hasta la hora de vestirme un poco

como los días en que odiábamos el infinito

desnudos los dos por compasión

 

   -...

 

yo estoy bien en lo que cabe

pero me falta el prestigio de tenerte

ya no voy de Señor de los Anillos

ni puedo negarme a un buen silencio

porque no estás tú

para ponerme bravo como un centauro

-hombre y sofá   ya sabes-

por más que tu lujuria me hiciese morir

y al final mi tumba estuviera en tus pezones

 

   -...

 

¿y qué quieres que te cuente

 

se curó por fin el pie izquierdo

de su manía de confundirse

ahora voy recto al nombre de las calles

 

también he rescatado

algunos vestigios de amigos

que estaban en la guantera de tu coche

y a veces nos vamos de sabotaje

y nos suicidamos hasta las ojeras

sin mirar dónde se pisa o en qué hígado

 

pero lo mejor

es que he vuelto a beber sangre

y los pájaros prohibidos son negros de nuevo

igual que aquel brebaje de moras

que nos trajeron creo que de Italia   ¿recuerdas

 

y verás

¡por fin duermo sin prisas

 

   -...

 

te juro que es verdad

 

pero háblame de ti   ¿qué haces

 

   -...

...

...

 

entonces todo está en regla

 

también te echaba yo de menos al principio

pero ahora cuando entorno los ojos

estoy de reina madre

y no te digo nada con una copa sin vigilancias

 

   -...

 

que sí   que estás perdonada

 

tan sólo

una cosa...

quisiera verte muerta

 

 

 

BALA PERDIDA

 

Cuando me veas en un lugar de los peores

rodeado por tipos que no venden su miseria,

desde tu escenario último modelo,

quién sabe si desnuda para un gran músico,

recuerda que la calle es mi club

y necesito la compañía sin favores,

la de quienes no preguntan por el idioma.

 

Caliéntate con mi recuerdo, si quieres,

en medio de tu mala costumbre,

y encadena fuerte a ese grajo que te babea,

porque si un día te falla el truco de las largas uñas

y te tienes que venir a vivir

al sur de los adoquines,

vas a estar muy nerviosa y con la rosca al bies

por falta de entrenamiento.

 

Pero si te sientes segura,

más o menos segura,

y a pesar de todo derrapas en el derroche de cocaína,

no vengas jamás con la piel hecha un sembrado

a pedirme que te enseñe a andar por el infierno.

 

 

 

REBELIÓN COMANCHE

 

Ámame cuantas veces quieras,

ámame con toda la frialdad que se te antoje,

ámame en hoteles o entre anfetaminas,

pero no intentes volverme un extraño.

 

Date una ducha de mil siglos,

haz bailar tus tetas en el espejo,

embadúrnate la boca con lo más sangriento que encuentres,

pero no me digas cómo enloquecer en una llanura.

 

Tienes el cabello húmedo

por culpa de la eternidad misma

y hemos estado tantas, tantas veces,

a punto de devorarnos

como ni un círculo sagrado lo estuvo nunca.

Pero este año es distinto;

en el cielo hay guerreros con rostro de indignación,

la palabra 'fin' va a ser nuestro caballo,

una pasada por el whisky me pondrá a tono para ti,

van a brotar miles de tomahawks en las aceras,

los cerdos terminarán perdiendo el uniforme,

se acerca una tormenta con la calavera en plena acción,

ya viene

el huracán de nuestro grito más temible:

"¡Joder, qué cerca está vivir!"

 

Te estoy diciendo que cuento contigo,

que reventemos el mundo si es necesario,

que ya he sentido la llamada del Gran Lobo,

pero, te lo ruego,

no empieces otra vez con tus danzas de la lluvia.

 

 

 

UTOPÍA

 

Ya viene el verano.

Crujirán los desamores antiguos

con su limonada de lágrimas

la palabra calor nos devorará cualquier filosofía.

Ya tenemos aquí

la ensalada de piernas al límite

y el estandarte de pechos peludos

para dar y tomar futuras angustias

navegadas a punta de tiempo perdido.

Ya se nos echa encima la estación del adverbio

con su fuego exclusivamente naranja por todo el aire

y las pasiones casi babeando,

mientras nuestros corazones tragan niebla

por puro espíritu de contradicción

y sentimos el golpe del recuerdo

en mitad de un rezo al dios lunar.

Ya nos han dado el primer beso de temporada

que será, como siempre, una muesca en el revólver

o una llovizna de alivio

o una náusea entre dos planetas,

para quedar al final en argumento contra la vida.

Ya tengo encima al Satán de todos los demonios

que a veces es un hijo de mala madre

y otras un camarada de armas tomar,

viejo amigo hippy en el diluvio de amaneceres

con un millón de musiquillas completamente disponibles.

Ya no podemos echarnos atrás.

Ya es hora de salir en desbandada

y hacer del sexo un disturbio.

 

 

 

PECCATA MINUTA

 

Y tú me viniste a pedir

que, ya que soy poeta,

te echase una mano con el viento.

(¡Mira tú qué fácil!)

Yo soy, por más que te arrodilles,

un último residuo,

un pan que se hizo hueso en momento inadecuado,

cuando había gente a nuestro alrededor que ya no es gente.

 

Querías que te invitase a mausoleo

-"convidar" fue la palabra-

y eso simplemente por verte malherida.

Porque lo que es en mis arterias,

ni tú ni el dios de los frenéticos

podéis saber que todo está más que llorado.

 

 

 

NO TE VISTAS DE SEDA POR MÍ

 

¿Y dónde queda el sentido de lo justo?

 

Si ya no se puede ni fumar tabaco

y tus medias se han hecho arañas de tanto buscar,

¿cómo se atreve el mundo a hablarme de tú

en esta música que creí la vida?

 

Se han terminado ya las cuerdas de ahorcarse

mientras tus piernas palidecen en silencio;

no quise escatimar ni un solo perdón

pensando que la aurora iba a ser catastrófica;

cesó la lluvia de repente

cuando más falta hacía para estar furioso;

y en todo ese transcurso contra el tiempo

ninguna primicia, ningún vaso de whisky,

interrumpió la imprudencia que nos curtía,

esa mirada oscura, idónea para contradecir,

donde fueron a estrellarse tantos otros.

 

Es posible que creas que estoy en retirada

pero puedo asegurarte

que ninguna niña se puede comparar a la que anoche me descarriló

cuando unos ojos tristes,

con el paso de la vida,

terminan siendo ojos criminales.

 

 

 

EMPRESARIA

 

El ángel de los nazis bajó

y trajo la soberbia a cucharadas.

Ahora tú debes saber en qué día estamos

y toda la tribu sanará.

El dolor da la vida,

pero yo estoy delante de tu cuerpo

para revolcarme en sus dunas.

Llevas un holocausto en los susurros

que me extingue para siempre,

mientras me cubres con la araña entre labios

de una próxima guerra.

Estás frente a mí,

mordiéndote por conocerme.

Yo podría ser el hombre que te amase

y sólo tienes que bajar esa bandera

para atrapar mis manos con tu piel.

Pero no lo harás

porque cometí la rareza de escupir en tu esvástica

y ahora habéis tomado el mundo.

 

 

 

PALOMA SUBTERRÁNEA

 

La rata

vive en la calle del amor.

Intoxica con el contoneo

un bumba bumba de cadera disparate

fustigando a rabo suelto

nuestra secreta saliva.

La rata es de primera

entre su esquina y el gesto del cielo,

con esos bigotes a punto de fantasma

trucando el aire

cuando la lluvia se acuesta con el gasoil

y los acordeones van de llantina.

Es nuestra rata,

dicen los oscuros,

pero ella guerrea carmín en el hocico

y esconde su lado bubónico

en un pestañeo con creces,

en guirnalda de muslos,

en pechos como epidemias dulces,

y luego se da media vuelta

para escapar adiós la luz

y dejarnos su trasero en la memoria.

La rata está de zipizape

en todo aliento último,

cuando los gatos nos leen los derechos

y al poco nos disparan

y morimos.

 

 

 

GRAMÁTICA

 

Cusha, quillo,

estoy hasta la pipa el coño

de tanto campanile.

Me tienes muy cagona

con el pimpán de tus chelimovendi

y  toa la chunga maquinaria

con que me chinas el flato.

Pa que te cosques del bisnes

te diré que no cambio una liendre de mi luto

por tu olorcillo a cabroncete de azulejo,

y que, al pillar tus decires mandarinos,

me meo por las patas.

Y, que lo sepas, en la piltra

te he visto acrópolis de puro mellao,

pa que luego me vengas, ninonino,

con champanes de finústico

y haciéndome llamarle mantequilla a una zurraspa.

Pues ya se me ha hinchao la güija, hijoeputa,

y no te aguanto más caribes de palillito

ni todo tu herbolario de capaos.

¡Te largues, que esta noche

me lo monto con la tapa el diccionario!

 

 

 

TÚ MISMA

 

Durante el estrépito que causan los borrachos

o en mitad de un juego obsceno,

lo que más me gusta de tus ojos

es tu corazón de ramera.

 

Cuando muere el que canta bulerías

o si nos gastamos un sueldo en hacernos daño,

lo que mejor llevo de tu piel

es tu silencio de profesional.

 

Siempre que un patio se traga la miseria

o siempre que un lunes se hace a un lado,

la parte más desnuda de tu cuerpo

es la totalidad de tu alma.

 

Por eso no quiero más incestos con la gloria

ni más palmaditas de cordero,

si el postre es que te vuelvas una chica cara

y yo el tipo que la exhibe.

 

 

 

FLOR Y AGUIJÓN

 

Estás desnuda y boca abajo sobre el césped

columpiándome el silencio con la planta de los pies,

mientras tu coño angélico aplaca mi sed de venganza

y los insectos me tiran de la lengua hasta tu polen.

 

Me da igual que el suelo esté más bien frío

con tal de que muevas los labios,

labios para una fiebre con delirios de corazón crudo,

labios que serán un callejón y una canción lenta

convenciendo a mi polla de que la eternidad existe.

 

No consigo sujetar el pura sangre de mi mirada

y cabalgo espectral por tu culo de colegio en primavera

que devuelve el amor a la garganta del demonio,

y no paro hasta llegar al círculo feliz del iniciado

donde el beso es una promesa de primera comunión.

 

Es toda mi lengua la que ahora se rinde ante tu imagen,

y son mis manos las que exprimen el zumo de tus frutas rojas,

y es mi brujería la que conduce tus tetas hacia el disparo,

mientras una bandada de brillantes masturbaciones

revolotea con su blanco plumaje sobre nuestra isla sin océano.

 

Pero, tranquila,

no me acercaré ni un poco;

dejaré que mi hermandad con lo nocturno

me mantenga en el estado de pureza que da el vicio

y no llevaré mi marranada hasta tu luz de princesa medio hippie.

Voy a quedarme aquí y sin tocarme,

sin correrme por los nervios,

tan sólo enamorándome de esa piel tuya tan sencilla

y en paz como un gato entre tus piernas.

 

 

 

YO NO ME MUEVO DE AQUÍ

 

Me acercaré a ti despacio

porque si te despierto me odiarás.

Estaré copa tras copa

sujetando tu dormir y mi cabeza

para que no resbalen en el 'burbon',

mientras hago callar al cigarrillo

y su voz de perro envenenado.

Dejaré que aparezca la anochecida

sin salir a buscarle la ronquera

ni la sombra de su pecho,

para estar a tu lado y taparte la cintura

cuando se te vea la pesadilla en el sudor.

Soñarás que grito "¡taxi! ¡taxi!"

si se me cae un párpado en tu cuello

y el suelo se nos llena de llovizna

como siempre que se sale de algún club.

Pasaré las horas mirándote dar vueltas

con un vaso en la mano y la ruina en los ojos,

olvidando las paredes y sus gritos,

y las vigas de este techo cementerio,

y la juerga de la rubia de arriba,

y la porción de blues con que los amigos me buscan,

y todo lo que es ajeno a tu silueta,

mientras nos llega la bomba nuclear

que la radio anunció hace ya un rato.

 

 

 

CONTIGO EN BABILONIA

 

(Mesopotamia, año 3 del siglo XXI)

 

Si la realidad fuesen tus manos, sólo ellas,

y con mostrarme el rostro pudieras refugiarme,

no habría nadie capaz de abrasarnos el destino,

ni dioses de la guerra, ni leales a los fieros.

Pondrías la paloma de tus labios sobre el mundo

y harías que la sangre del embuste se parase

y con ella la del cortejo de elegantes asesinos

que rezan al amor y después lo crucifican.

Tus ojos de tormenta apaciguada

detendrían el ataque y la tristeza de los buitres

cuando vengan a desgarrar nuestros vientres sin culpa

porque el jefe de este pueblo se les volvió enemigo.

Si fuese verdad que querernos es más que suficiente,

los demonios con espuela en la sonrisa

escucharían el grito de la tierra y su no,

y el dolor de los hombres los descabalgaría por asalto.

 

Pero no existirá maravilla que nos salve,

ni mensaje divino que obedezcan,

ni enfermedad que los aparte de matar.

Acabarán con tu piel de princesa en el jardín

y con mi verso de súplica a su dios

y con el latir idéntico de nuestros corazones.

Pero también es cierto

que morir juntos tú y yo será morir bien

y que ellos jamás conocerán el paraíso.

 

 

 

CARITA DE ÁNGEL

 

duro   de paja   carcelario

colchón con niño durmiente

esqueleto tiznado   reptil

con los huesos vacíos vacíos

la piel pegada entre los parches

se retuercen los puños buscando

en el sueño

sueño no fingido por el válium

un algo de infancia que rescatar

una ingenuidad al menos

para el recuerdo en la vejez si llegase

que no llegará

niño-basura   no juega a pistolero

no juega

 

nacido roto

va huyendo de las brujas de coche patrulla

que salen del cuento y odian

destetado a quemaduras y hierros

una estaca es el abrazo del padre

y la vieja sobreviviendo entre ginebras y partos

temprano a la rapiña

nada existe fuera de la violencia

que es el aire mismo

 

afianzará el furor

cuando matar le parezca un postre

o tal vez se enamore de Jeringuilla

-vive aquí al lado-

y algún beso en vena se lo lleve por delante

para sosiego de electores y elegidos

 

duerme cachorro

 

 

 

CALÉ

 

imagino a Dios sentado

trincando este alma de su criadero

y echándola a volar

sería una mañana azabache

hasta arriba de sol al horno

reseca de gaznate y lumbres nocturnas

con el duende de la hojalata y los astros

decidiendo por mí

y por mi cama y mi escuela

 

el alma pasó por el camino

y no quiso quedarse entre los herreros

que son gente dura pero sin gente

 

tanteó el cante de los frailes

justo en el filo del rezo en soleá

cuando es de ley su hondura

y no asustan con misereres

y vio que son gente austera pero sin gente

 

quiso arrimarse a los aldeanos

que obligan a la tierra a volverse útil

y no saben que son los reyes del caldero

mas resultaron gente al aire pero sin gente

 

también se entretuvo un palmo

para husmear a señorías y gachós con mucho lustre

chamullando en trabalenguas

sobre dichos cabales como puños

pero el alma se alejó de los directores

porque eran gente con luces pero sin gente

 

anduvo de miranda

entre guardianes y guerreros

prestamistas   servidores   amigos desde el papel

entre quienes se quedan con todo

y quienes se quedan a esperar

y unos y otros eran gente para el parné pero sin gente

 

y al pasar el alma sobre este cuerpo

abrió bien alto los clisos

y viendo a mi pueblo muy junto

cameló esa juntura

y me dio la chipén

porque siempre fuimos gente difamada

pero con toda nuestra gente

 

 

 

HUESOS DEL SUR

 

con hachas asesinas

o con el espinar de las hambres

con dioses lunas o dioses soles

repletos de alfanjes en la aureola

o los dientes del león muerto

despeñados en una guerra hasta la sed

y en muchas guerras de selva y cuchillo

buscando migas a patadas

para poder buscar migas en Masallá

dorado misterio del hombre blanco

que tiene manantiales en sus chozas

y tira el pan duro

dorado purgatorio para escapar del infierno

y exigir ser hombre

que yo sé que lo soy

 

tardé horizontes y horizontes

en besar el mar

sin piel en los pies   apaleado y fugitivo

mezclando mi sudor con treinta esqueletos

sobre una duda de tablas a la deriva

y desafié a los peces gigantes y al terror

sin más comida que mi lengua

mientras las olas querían ser pájaros

y el sol hormiguero

sin aliento

encajado entre supervivientes

vestido de sal y costras

amanecí en la Tierra Nueva

donde escriben Libertad con música grande

 

después he caminado

sobre las piedras llenas de ciudades

que trasnochan en colores

mientras rocían el viento y las palabras con destellos

y elevan una oración sin alma

a feroces dioses de avaricia

he dejado los huesos

en medio de trampas mortales

que te dan un trago de agua a cambio de tu sueño

he visto vomitar en mis ojos

un 'a la jaula, negrito'

mientras la boca me sangraba bajo un crucificado

y mi piel seguía sin comer

 

y ahora

aquí

sé lo fácil que es ser rata de alcantarilla

en las tribus de los blancos

sé que las ratas comen bien

pero yo exijo ser hombre

porque sé que lo soy

 

 

 

POR IMPACIENTE

 

Aquí tumbado

bajo la fría tierra

quiero contar una cosa:

 

Hubo un tiempo

en que tuvimos las conciencias de verano

aun bebiendo refrescos de matanzas a lo lejos.

Eran días de lobos cantarines,

de borrachos salvacirios,

de simpáticos crímenes sin mala intención.

Nos hacíamos hombres con el veneno

y mujeres a base de revólver,

y los niños merendaban lo sangriento y chocolate.

Nos cegábamos con la inocencia del verdugo

mientras caían cabecitas de gin tonic

en las tardes bombarderas y chistosas,

y eso estaba bien.

 

Pero un día reventó la batalla de los cielos

y se entraron a mordiscos

el baboso verde y un arcángel

reclamando sus derechos de conciencia sobre el hombre,

su gin tonic y el escondido dolor.

Aquello fue un jaleo de mil lunas.

Por un lado el tanque, la rapiña y el degüello

y por otro el darse cuenta.

(Y Dios descansando desde el famoso séptimo día y hasta ahora).

Las gentes no podían ya con tanta esquizofrenia

ni con el intríngulis de si ser hermanos y hasta dónde.

La cosa iba a más y a más y a más...

y cuando ya llegaba el desenlace del concurso,

voy y me muero de un suicidio.

 

De modo que aquí estoy

bajo la fría tierra,

contando a nadie lo poco que yo sé

y sin tener ni idea de si el mundo se jodió.

 

 

 

A LA CARA

 

A cuento de no entender nada

nos estamos perdiendo en malas verbenas.

Reclamo mi derecho a la importancia

porque he bebido a morro con más de cuatro,

porque fui un imbécil de buena fe,

porque los otros tienen la misma gracia que la lepra.

He venido a llamaros de todo,

a jugarme la vida si tengo que decir

la última verdad,

que sóis la cosa más inmunda que el tiempo ha creado

y que me orino finamente en vuestras margaritas.

Después de tanta inteligencia embistiendo

y tanto hablar de sangre de palomas

cuando los relojes lo autorizan,

ni siquiera sacáis en limpio estar más guapos

o amar a la persona a la que amáis.

Y ya no me importa si ese hocico

que se alarga en vuestra mente

se arruga más o menos ante mis asesinatos

porque cometo la incorrección de no creer en los entierros

o incumplir ciertas normas con los sonidos,

tengo que ofenderos o morir,

servir a la verdad o condenarme.

Y la verdad es que somos todos una pandilla de cuidado,

unos hijos de puta que se comen a lo tonto

y luego escuchan música

y hasta lloran,

unos bichos con aire de mandrágora

chupadores de sexos a escondidas

que crucificarían a su padre por un mal beso,

unos dictadores de carnaval

a quienes no obedece ni su conciencia.

Somos una especie que quiso alcanzar la gloria

con un desodorante.

Pero no os preocupéis;

como quien dice, ha pasado un ángel,

y todo estará bien hasta la próxima.

Seguiremos disfrutando de este aire tan limpio

y de algún codazo que otro,

todos tan amigos,

como siempre,

con el odio convertido en miseria

y esas cosas que se dicen.

Y en cuanto a mí,

igual que en el infierno,

"perded toda esperanza al traspasarme".

 

 

 

OH, QUÉ PALACIOS LLENOS DE MIERDA HASTA LA CÚPULA

 

No te mezcles, insinúan,

pero luego van y te chupan la mirada.

este fulano es un volcán divertido,

dicen de mí,

y yo sé que las aceras

son ríos de zapatos como piojos,

mientras más de cuatro motos pasan bestiales

zumbando junto al hígado

y relincha un eterno canto de sirenas,

azules como peces,

cuando la policía es medio mitológica

y nos acuna con su ñigoñigo recaudador de tímpanos.

 

no he sabido de ningún adoquín

sin la correspondiente cuota de sangre

y algún fragmento de tripa de borracho,

tan borracho como él solo,

pero el caso es que la chica de ese cartel

está deliciosamente guarra,

y acabo de ejecutar a un maldito coche

que cortaba mi vida en dos,

como de costumbre,

y me duele hasta la vergüenza

el no saber robar bancos,

y donde esté la buena pornografía

que se quite la impotencia perfumada.

así que cuidado con mencionarme la ternura

cuando el rugido del estómago me vuelve loco,

porque puedo agarrar a cualquiera y extirparle el tiempo

con un par de palabras como hostias indudables.

 

y al que no le guste,

que no mire.

 

 

 

CONJURADOS DESDE LA COLINA

 

La luna púrpura ha inventado este sueño.

Los cazadores han caído

en la locura de los hongos.

Retiráos con ellos al ojo del leopardo

y todo dejará de ser sombrío.

Yo nunca supe cantar en voz alta

y tampoco importa mucho repetir

el sonido de las cópulas.

También las esposas aumentaron el fuego del día

con un ácido de reyes y gacelas.

Oh, hijos de la reunión,

aunque la lealtad no cubra las facturas

mañana entraremos en la ciudad.

Quiero enseñaros la boca en que cabalgó el diablo

y desaparecerá el miedo de vuestros ropajes.

Todos los niños han terminado en lluvia

circulando con gesto cariñoso

por la piel más fría;

el conductor era la misma muerte.

Así,

después de vaciar mi alma

os llevaré a todos a vaciar la ciudad,

esa ciudad sin noche conocida

donde maman los faquires y quienes los desean.

Quiero que estéis preparados.

Quiero que toméis la vida por mí.

 

 

 

NUMERITOS

 

me he metido un café con hielo

y dos vinos blancos sin padre ni madre

y tres whiskies de no contarlo

y cuatro princesas de mercadillo

y cinco viajes entre ratas

y no viene ni un cabrito a acompañarme

 

he tropezado seis veces con los adoquines y su política

y he visto siete idiotas tomando el sol de noche

y contemplé ocho broncas bien desinfectadas

y cómo caían redondos nueve tipos de novela

y a las diez empezó a marchar la cosa

pero ni un jodido bicho me hace compañía

 

he pasado por veinte tugurios de matarile

y por las ganas de treinta comepollas

y me han largado cuarenta charlas funerales

y cincuenta gargajos por descuido

y he tenido que aguantar sesenta minutos de lluvia y sus muertos

y setenta leyes que la cagan

y he perdido ochenta duros en un sorbo de los finos

y noventa años en una meadita

y ningún listillo me estaba acompañando

 

luego hay cien que se ponen a mis barbas

y creen estar conmigo y con mis vírgenes

pero si fuese como dicen

yo lo notaría

 

y no

que no

...que no

 

 

 

MOMENTO ÁRTICO

 

No voy a ir a la fiesta del Juicio Final;

voy a quedarme aquí, con unos amigos.

Os amo a todos, de veras;

aunque a veces os escupa a la cara,

os amo.

Lo que ocurre es que habéis perdido el número

y no podéis seguir en escena.

Hay niños destripados a vuestro alrededor,

hay gatos apuntados a la sarna,

hay hoteles sin estrella donde revientan los muertos,

hay una desmedida afición al orden,

hay una madre en las últimas

a quien todos aplauden su martirio.

 

¡Desconocidos esquimales,

traednos un poco de sensatez o danza mágica!

¡Blanquecinos sabios de Siberia,

enseñadnos a fabricar hombres y mujeres!

Hombres y mujeres,

hombres y mujeres,

no los hagamos ni bellos ni brujos,

no les pongamos centímetros ni centinelas,

dejémoslos crecer como ángeles transparentes.

 

¿Dónde se ha quedado la pacificación que nos prometieron?

¿Dónde habéis escondido vuestra impaciencia?

 

Las jovencitas grises tienen el alma cansada,

han travestido el autobús en diadema de autopista

y los lobos desaparecen por el Oeste.

Hay un viejo cantándole a la lluvia

mientras las historias se mezclan con el fango.

Y vosotros,

¿qué pensáis hacer respecto a tanta intromisión?

¿Quedaros con la boca abierta

y el espectro de unas monedas disponibles?

¿Qué fue de aquellas garras

que gritaban justicia o estar loco para siempre?

¿Habéis llegado al punto donde todo está firmado?

 

Doléos entonces.

 

Habrá una salvación con música de túneles

y un coro diferente que es carnívoro,

el mal despertar de una pantera enorme,

el centro exacto de erecciones cantarinas y almibarados jugos,

un destino para chupar y ser chupado,

una explosión de vómitos sobre las cerraduras.

 

¿Es eso lo que queréis?

 

Mirad, tíos, es inútil.

Vuestro fin ya está pagado

y se escuchan falsos timbres de hecatombe.

Pero yo no pienso montar en vuestro estándar

y me sobra tiempo para dormir en la basura.

Tal vez buscáis mi polla en todo esto.

Pues sabed que el precio es dejarse de conciertos

y cantar ante uno mismo hasta hacerse sangre.

Sí, mi polla es todo un espacio

imposible de resumir en dos palabras.

 

Me coserán la boca como hicieron con los océanos,

pero

no voy a ir a la fiesta del Juicio Final;

voy a quedarme aquí, con unos amigos.

 

 

 

CERO

 

Dejad que os diga que ya hemos amado lo suficiente

y que los monos muertos fueron los mejores.

Hay un motor llamado ansia de poder o, si no, olvídate del mundo,

porque decir "despierta" podría ser terrorismo.

La caza,

eso es la vida,

y, si hay que morir por el trance, acabaré de hongos hasta la misma muerte,

destrucción total del dolor, del desafío, de la justicia que amenaza.

Creímos que no quedaba más tiempo para el fango que todo invade y nos equivocábamos hasta de lengua.

Los amigos, en la trinchera de enfrente.

Los santos, en destructores.

Los diablos, bombardeándose a sí mismos.

Los niños, muertos.

Las letras, raras.

Los niños, asesinos.

Los viejos, lamentables.

Los niños, inservibles.

Los locos, desoídos.

Los niños, acabados.

Las estrellas...

¡dios, las estrellas!

¿Y el desierto?

¿Y las estrellas?

Hablad claro de una vez, aunque nadie os entienda una palabra.

Devorad el conocimiento; es un monstruo.

No temas al monstruo, dijeron, y matarás a tu padre. Y vuelta a matar. Tribu de guerreros con un guerrero solamente.

No temáis al monstruo...

Miento, tengo miedo.

Temo el final de mis planes.

Temo no tener una mano que me cubra.

Temo la arqueología y el agua del cosmos.

Temo mi exagerada bondad y la maldad de mi país.

Tengo miedo a matar por no chupar más pollas funerarias salpicando mis anginas con semen de muertos de este lado.

¿Y a santo de qué no puede ser uno sombrío ni decir "polla" en un poema? Uno puede ser lo que quiera, es a ti a quien quieren, tu alma de cachivache extranjero y un poco de incienso para sus facturas.

¡Otra vez el chamán ante mis ojos!

Nos llama una dulzura desde el ascensor acristalado, una sílfide de mantequilla y aguja en vena, toda una dictadura para no hablar, en medio de una noche azul y desvivida...

y yo soy un bocazas de la escritura.

He aquí

la caída de todas las cosas:

creo en el exceso, en el sentido desordenado y en el accidente,

en la brujería sin dios ni diablo, por la línea recta y la torcida, por lo fijo y lo móvil,

creo en la nada y el vacío y creo en la religión de la nada y el vacío.

Para mí la sangre es más que una película.

(Mientras unos empaquetan a las mujeres en sacos, otros nos encarcelan si se nos ocurre pasear desnudos.

Los hay que amputan genitales y hay quienes taladran lóbulos a las recién nacidas.)

¡Y dicen que el whisky no va a ayudarme! Que sólo sirve para ser un picha floja o, si acaso, para morir por los demás.

Lo que sí es cierto es que,

tanto alcohol, tanta palabra,

mañana va a ser un lío.

¡Adivina el orden de los versos!

Y nada más, creo yo. El odio está muy mal visto y lo único que falta es que me dejen ciego con un espray.

Puede que sea una mierda de final, pero no hay otro.

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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Comentarios - 1

Enrique

1
Enrique - 28-08-2016 - 18:59:43h

¿Qué es la verdad?.
La línea que forma el mar con la arena de la playa.
Libertad de expresión. Si.


Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
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