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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Miércoles, 5 de agosto de 2020

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Hartazgo (Mordistritus, 2015)

Texto íntegro incluido dentro del Fanzine Grapa 2, editado por Mordistritus

 

Era la primera vez que el cliente de la mesa cinco entraba en aquel local de moda, restaurante de muchos tenedores y constantes, excelentes críticas por parte de entendidos y aduladores; y cuando accedió lo hizo flanqueado por dos personajes un tanto extraños, silenciosos y siniestros, que le dejaron solo a la mesa, sin intención de compartir mantel ni cubiertos, mucho menos conversación mutua, anécdotas propias o ajenas: desaparecieron tal cual llegaron, y al poco rato su presencia, aquella fugaz visión difícil de evocar por estar cargada de un significado indescifrable, fue tan sólo un recuerdo en el cerebro inquieto de camareros y clientes, que el ajetreo diario de unos y las ganas de diversión de otros diluyeron en la sustancia viscosa de la indiferencia. Hubo un silencio incómodo mientras estuvieron en la flamante sala, que dejó paso al alivio y las risas nerviosas que delataban sin lugar a dudas el poder oculto, el ascendiente de aquellos dos oscuros individuos sobre el gris y desconocido comensal.

Aquel extravagante cliente hizo el pedido sin apenas inmutarse, sin gesticular o tener que dar explicaciones innecesarias; tampoco rindió cuentas ya que la situación fue tan desconcertante que sólo podía estar ocurriendo de verdad: esa imposición apacible e inapelable que únicamente poseen las cosas ciertas, las evidencias científicas.

-Ha pedido toda la carta, para él solo -informó el camarero mientras dejaba la excepcional nota en la cocina; y entonces los cocineros, bromeando y vacilando primero, renegando y maldiciendo después, cuando comprendieron que la cosa iba en serio, sorprendidos desde el inicio por aquella locura inusitada en que se vieron mezclados, empezaron una faena descomunal en la que concentraron todos sus esfuerzos: el prestigio propio, también el del negocio, estaban en juego.

Mientras esperaba que los platos de la extensa nómina que componían la carta de aquel exclusivo restaurante fueran desfilando ante sus ojos y pasando con glotonería por su cada vez más húmeda boca, el cliente de la mesa cinco tuvo tiempo suficiente para degustar un par de oportos y varios calvados con que abrir el apetito, que a todos los componentes del servicio se les antojó voraz, fabuloso, de proporciones inhumanas y terribles, casi mitológicas. Puede que incluso inventaran en aquellos breves, irrepetibles instantes bromas a su costa, todas certeras y esencialmente crueles, como sólo saben serlo las bromas de verdad; sin embargo, existía algo sólido y rotundo, un presentimiento potente que sobrevolaba el comedor, que poco a poco fue implantándose en el ánimo de cada cual y que impedía la risa franca: la sensación contundente e irremediable de que el juego tiene trascendencia más allá de sus estúpidas reglas, y que la vida, como todo lo demás, se consume y agota con facilidad sin apenas proponérnoslo. (...)

 

 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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