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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Miércoles, 5 de agosto de 2020

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Noches imposibles (ACEUGA, 2016)

Texto incluido en II Antología de Relato Breve Contemporáneo de ACEUGA 2016

 

No recuerdo cómo he llegado a esta situación, a convertirme en quien ahora soy: una mujer extraña e irreconocible, casi un enigma para los demás y también para mí misma, que aparece y desaparece de la vida de los otros; una mujer de fantasía y de pesadilla; una mujer imposible dotada de una existencia tan frágil que parece siempre a punto de desmoronarse y caer en quién sabe qué abismos de negrura y olvido. Aunque a veces pienso que tampoco es para tanto, que no debo de ser la única; sin embargo, no me acostumbro, y mis noches son inquietas. Por el día es como si nada ni nadie existiera: así de poca cosa me resultan las ambiciones y las angustias de quienes me rodean. Pero las noches revuelven todo, esas pasiones insatisfechas y los deseos a medio pronunciar, y la confusión aumenta.

Ahora este pobre diablo me pretende: es ridículo, casi repugnante; pero sé que precisamente esos atributos que decoran su vida cotidiana contribuyen en esencia a incrementar sus ansias de libertad y de posesión, sin que él mismo perciba la contradicción de estos escurridizos términos que, triste y constantemente, se le escapan. No me conoce de nada, apenas de vista, y ni siquiera le preocupan mis problemas o mis defectos, que evidentemente subestima o rechaza; pero sé que me desea, que cuando nadie le ve, a solas en su casa o en los pocos ratos libres que le quedan en su trabajo, tan gris, tan monótono y alienante, suspira por mí en silencio, con una débil, patética esperanza. No me conoce de nada, así es; en cambio yo, segura y terrible, poseo un catálogo detallado de todos y cada uno de sus pensamientos: nada puede ocultarme porque, sin saberlo, mucho menos pretenderlo o desearlo, se ha vuelto transparente: me ha dejado entrar. No existe propósito, por absurdo o pueril que sea, que consiga ocultarme. Le vigilo, y no porque me interese o me obliguen, realmente me da lo mismo y podría haber sido él o cualquier otro, sino porque no puedo dejar de hacerlo. Nuestras vidas han quedado unidas irremisiblemente por una especie de ligazón oscura y violenta cuyo final, impredecible y definitivo, lograría destrozarnos, al menos a mí, pues carezco de la solidez suficiente para resistir.

Cada noche, al apagar la luz de su mesilla de noche, después de haberse cepillado los dientes, que amarillean por el café y el tabaco, también por la edad, y puesto el pijama de rayas, muy hortera, regalo más que evidente de su aburrida esposa, el hombre se dispone a soñar conmigo: es por y para lo que vive; es lo que más desea en este mundo, que no es el mío, y que jamás podrá serlo porque no estoy preparada para ser real, para sufrir los fracasos y lamentar las pérdidas, para encarar esta continua desilusión, tal cual debe hacer él cuando despierta y ya no estoy.  

 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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