Ir al contenido

Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Miércoles, 5 de agosto de 2020

Inicio | ¿Quiénes somos? | Editar mi portal

Salvador (La espiral literaria, 2016)

Texto incluido en el libro colectivo Fútbol, publicado en el año 2016 por la editorial La espiral literaria

 

Durante el verano, como ya venía siendo habitual desde la fundación del equipo, hubo alguna que otra deserción: los chicos crecían, cambiaban sus preferencias, mudaban de amistades o de barrio (muchas veces ambas cosas iban de la mano); los mayores estaban por ingresar en la universidad en el mes de septiembre para seguir inevitablemente con aquella huida hacia delante que daría las claves de su futuro, con las consiguientes decepciones y sus ridículos, débiles vínculos. En cambio, mientras formaban parte del equipo, que era humilde, pero federado y con cierto renombre ganado a pulso, la entrega y la complicidad eran absolutas, admirablemente férreas: nadie se sentía fuera, todos contribuían y tenían algo, mucho o poco, que aportar. Precisamente por eso, porque todos y cada uno de los muchachos que componían la plantilla estaban orgullosos de vestir aquella camiseta, cada abandono representaba una pequeña traición, la más dolorosa, y convertía al malhechor en enemigo irreconciliable, en enemigo de verdad. Entonces la tarea de volver a armar un once titular con ciertas garantías resultaba penosa: había que buscar sustitutos fiables, organizar las pruebas para los posibles fichajes, encajar a los nuevos en sus posiciones ideales, además de enseñarles la táctica y practicar las jugadas de estrategia, el verdadero punto fuerte del equipo.

Quien más sufría todos estos cambios era Antonio, el delantero estrella, el goleador nato, ya que casi prácticamente cada año se veía en la obligación de asociarse con un media punta nuevo que le suministrara buenos pases y entendiera sus gestos, sus maniobras de desmarque, sus más que frecuentes movimientos explosivos, todo ello sin necesidad de palabras, silbidos o alzadas de brazo que ralentizaban la carrera, tan sólo con esa escandalosa mirada significativa, rapaz, que era la envidia tanto de los contrincantes como de sus propios compañeros, que le estimaban pero que no podían dejar de sentirse justamente relegados por la importancia decisiva del diez del equipo. Sin embargo, demostrando una capacidad de adaptación asombrosa para su edad, Antonio, Toni, como le llamaban todos sus compañeros, conseguía entenderse de un modo u otro con la pareja de turno, y esa pasión, unida a los buenos resultados, hacía que la cohesión del equipo fuera suficientemente sólida como para aguantar una temporada más. Los goles, por lo tanto, nunca cesaban. Las victorias se sucedían cada año. Traducido a galardones, los únicos parámetros que entienden la afición y la gloria, y camino de batir el enésimo récord, aquellos tantos de Toni proporcionaron al equipo dos ligas de la categoría juvenil en los últimos tres años: un logro difícil de superar, una historia que con toda probabilidad jamás se repetiría, pero que siempre sería recordada gracias a las medallas y las copas y las fotos que jalonaban con soberbia de conquistador la minúscula sala de trofeos de aquel modesto equipo de barrio. (...)

 

Texto íntegro incluido en el libro Fútbol (La espiral literaria, 2016), dentro de la colección Fonamentals

 

 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
Bookmark and Share


Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
Sugerencias