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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 23 de octubre de 2020

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Impares (La espiral literaria, 2017)

Relato incluido en la antología Verdad o mentira, publicada por La espiral literaria, 2017.

Tendido indolente en esa cama de medidas estándar de matrimonio ajeno, a medias cubierto por aquellas ya familiares e insulsas sábanas de color sepia con inofensivos dibujos geométricos -ahora perfectamente arrugadas por el estéril esfuerzo de la pasión pactada y el subsiguiente placer casi forzoso, molesto-, el hombre reprimió con la ayuda del dorso de su mano un enorme bostezo, que le provocó un escalofrío de similares dimensiones, y disimuló a duras penas tanto su hastío como su indiferencia tapándose un poco más, en un gesto mecánico que por este mismo motivo, y refiriéndose a su persona, distaba mucho de la vergüenza o del pudor, como si aquella sensación de destemple no se debiera esencialmente al lamentable estado actual de las cosas, sino a la leve y repentina bajada de temperatura, a la pérdida de ese calor sofocante que el cuerpo de su amante le había proporcionado previamente, como venía siendo habitual desde hacía ya más de nueve meses, todos los jueves, de seis a ocho.

La mujer había dejado la cama minutos antes, después de encender un par de cigarrillos que se consumían ignorados e inexorablemente con la parsimonia de la vejez en el cenicero de la mesilla de noche. Había prometido regresar pronto, pero la espera se dilataba, y el hombre se aburría: no era culpa de ninguno, menos suya que de la mujer, porque él ya sabía que todo esto iba a suceder tarde o temprano, y la terquedad de la mujer no era sino trabajo en balde, ese engordar para morir de los animales en celo que eternizan su presente sin darse cuenta y algunos lo llaman inmortalidad. Pero era cierto que él estaba aburrido: de ella, de él mismo, de aquella situación, de todas las mentiras. Por hoy ambos habían cumplido con su parte del trato, con esa cuota de traición y miseria por la que muchos otros, todos aquellos que jamás la probaron, suspiraban; aunque ella quería más: fundamentalmente quería ese simulacro de aventura que la permitía seguir creyendo a pesar de todo en su juventud, en el posible retorno del paraíso malogrado, o al menos en el pobre consuelo de una tregua en medio de la batalla perdida de la existencia atroz. Y por compasión, o quizá porque él estaba tan confundido como ella, tan indefenso como siempre, o simplemente por una forma inocente pero interesada de la solidaridad, el hombre se complacía tratando de complacerla, jugando un juego cuyas reglas, sin haber sido formuladas jamás con precisión -ya que tampoco había sido necesario hacerlo en un principio y ahora, a estas alturas del drama, se antojaba ridículo- estaban claras y eran inequívocas: dos horas, los jueves, en casa de ella, la cita en el café de siempre, a un par de manzanas de distancia, para aprovechar un tiempo que con cada encuentro se hacía desgraciadamente más largo; y luego la despedida, sin realmente serlo, porque el jueves siguiente otra vez vuelta a empezar, siempre lo mismo: los mismos pasos, las mismas palabras, similares ocurrencias, las mismas miradas, los mismos gestos e idéntica urgencia en los besos, los apretones, la furia y la descarga. Por eso, y también por otras muchas cosas que no tenían que ver al caso, es que él se aburría.

Y se daba perfecta cuenta que a ella debía de sucederle un poco algo parecido. Sin embargo, su experiencia en la derrota, en los fracasos cotidianos y las humillaciones del paso del tiempo le confería a la mujer cierta ventaja en la aceptación de lo inevitable, la resignación ante la evidencia; así como una fuerza incomprensible para el hombre a la hora de postergar la renuncia y preferir una nueva mala copia de su propia y verdadera vida conyugal, bastante parecida por otra parte a la del hombre, antes que el abandono o la deserción. Ella pretendía perpetuar a base de mentiras y engaños su remota juventud, y él alejar el presentimiento de la muerte; para ello usaban los respectivos miedos, que tan bien habían llegado a conocer por necesidad más que por atención; pero ninguno de los se daba cuenta de que la primera jamás volvería y la segunda siempre estaría presente, como un mal sueño que se repite y del que parece no despertaremos nunca. (...)

 

Texto íntegro incluido en el libro Verdad o mentira (La espiral literaria, 2017), dentro de la colección Fonammentals.

 

 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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