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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 2 de abril de 2020

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Antología de Santiago Ramón y Cajal (1961)

En los finales años cincuenta, la Editorial Doncel estaba publicando, con el título España y lo español, una colección de antologías en las que se trataba de seleccionar, en la obra de ciertos escritores españoles escogidos, todo lo que habían escrito en relación con el tema de España, su historia, su pensamiento, su cultura, sus raíces, etc. No eran sólo textos de carácter histórico, sino también meditaciones y pensamientos de los autores sobre la realidad española, en su sentido más amplio. Siendo yo todavía estudiante de Medicina, exactamente en el 1960, con veintiún años, y seguramente por esa circunstancia de mi formación médica, me encargaron hacer las antologías, separadas, de dos de estos escritores, médicos los dos: Santiago Ramón y Cajal y Juan José López Ibor. Hice la selección, catalogación y ordenación de los textos, escribí un prólogo-estudio para cada libro, pero la editorial cambió sus planes, abandonó la colección y quedaron sin publicar. Habían sido escritos por encargo, me pagaron por ellos, los mecanografió pulcramente una secretaria... y ahí los he tenido desde entonces, cuidadosamente guardados. En algún momento tuve la tentación de darlos a la imprenta, pero se me pasó enseguida.

Cada uno tiene algo más de cien páginas, tamaño folio (el normal en España en aquel tiempo, mucho antes de que se promulgara la norma ISO216, en el año 1975, que impuso el formato A4). En el prólogo dedicado a Ramón y Cajal, recogía yo la opinión de don Santiago de que "España es un país intelectualmente atrasado, no decadente", señalando que nuestra situación no reflejaba un agotamiento biológico irrecuperable, sino que era simplemente una constatación histórica pasajera y mudable. Quedaba así abierta la posibilidad, todavía, de una tarea, una 'misión española' en el mundo.

Y señalaba yo que la posibilidad de ese 'porvenir misional' de España -sí, esas eran mis palabras, fruto de mi juventud y del ambiente que se respiraba en la época- derivaba del cambio de la escala de valores, de cierta revolución axiológica, que se dibujaba en el marco internacional, huyendo de un injustificado entusiasmo, anclado todavía en el siglo XIX: la confianza ciega en la ciencia y la tecnología, como los más sólidos cimientos para la felicidad de los seres humanos. En algún pasaje del prólogo escribí: cuando la creencia, firmemente arraigada, en una vida ultraterrena no justifica la peripecia del hombre sobre la tierra, la vida de este se ofrece como insuficiente y desprovista de significado. Circulaban bastante en algunos ambientes intelectuales de esos tiempos los libros de Nikolái Berdiáyev, Un Nouveau Moyen Âge : Réflexions sur les déstinées de la Russie et de l'Europe y Le Destin de l'Homme dans le monde actuel, escritos muchos años antes (1924 y 1931, respectivamente).

Casi exactamente cincuenta años después de Berdiáyev, en 1972, Umberto Eco publicaba un ensayo con el título Verso una nuova Età Media, que parece que sigue siendo considerado como iluminador en el estudio de la modernidad. En 1997 veo que hay un libro de Alianza, La Nueva Edad Media, cuyos autores son Francesco Alberoni, Furio Colombo y Umberto Eco. También otro libro tiene título casi idéntico, La próxima Edad Media, de José David Sacristán, del año 2008. Hay ideas o paradigmas que nacen para quedarse y yo, en 1960, estaba algo enredado en ellos. Escribo todo esto para justificar mi visión de entonces, a los veinte años.

Leo también un artículo humorístico de un escritor italiano, Gaetano Rizza, autor de la novela Nato negli anni Cinquanta, que lleva el título de Verso una nuova Età della Pietra, que ironiza sobre el uso de los modernos medios y la práctica desaparición de la escritura y la matemática elemental entre los estudiantes. Refiere el autor que en muchas escuelas se autorizan ya los cálculos matemáticos con las calculadoras de bolsillo y cuenta que recientemente en el estado de Indiana, en Estados Unidos, el profesorado ha aprobado la propuesta "di abbandonare la penna per l'utilizzo scolastico e di adottare l'uso del computer. Sembrerebbe l'inizio della fine della calligrafia, della bella scrittura, della personalizzazione degli scritti".

En mi catalogación del pensamiento de Cajal sobre lo español, distinguí los capítulos siguientes. El carácter español (21); España (27); La cultura española (20); La España futura (17). Estas cuatro categorías están subdivididas en 85 epígrafes de muy diferente extensión, su número está escrito en paréntesis junto a cada una de ellas. Transcribo algunos, para dar una idea del conjunto: La leyenda de la España yerma y trágica, Peligrosidad del separatismo, ¿Quijotismo español?, Falta de Quijotes, etc.

Por muchas razones, sigo sin pensar en la publicación de estas obras. Pero he querido que quede constancia de su existencia, de su carácter, de su extensión y organización. No están digitalizadas y sólo tengo la copia en papel carbón, como era lo normal entonces; perfectamente legible, eso sí.

Género al que pertenece la obra: Ensayo literario
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