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Viernes, 14 de agosto de 2020

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Deporte en ancianos

columna cervical

Ancianos en el deporte, sus dolencias y como mejorarlas

 

El deporte no hace milagros, pero es un hecho que retrasa -en algunos aspectos, detiene- las patologías asociadas al envejecimiento, como la rigidez articular, la lordosis cervical rectificada, las cardiopatías, la atrofia muscular o la pérdida de masa muscular y ósea. «Las personas que hacen ejercicio físico -afirma Araceli Boraita, jefa del Servicio de Cardiología del Centro de Medicina Deportiva del Consejo Superior de Deportes- mantienen sus parámetros biológicos (frecuencia cardiaca, tensión arterial, consumo máximo de oxígeno) en mejores condiciones de lo que marca su DNI. Ganan entre 10 y 20 años respecto a gente de la misma generación que ha sido sedentaria. Así, un anciano de 80 años tendría una capacidad de trabajo similar a la de un sesentón que ha evitado toda actividad deportiva».

 

 

 

Araceli Boraita es la coordinadora del libro «¡Muévete corazón!», editado por la Fundación Española del Corazón, que destaca las virtudes del ejercicio físico no sólo para controlar los citados achaques, sino para prolongar la autonomía de los ancianos y mejorar sus relaciones sociales. «Los deportes aeróbicos, donde participan grandes masas musculares, producen beneficios en los terrenos cardiovascular y metabólico», explica Boraita. ¿Cuáles son estos deportes? Caminar, correr de forma continua (veinte o treinta minutos al día), natación, gimnasia de mantenimiento, cicloturismo, golf (favorece la coordinación motora)... Incluso actividades como la danza son muy recomendables. «Hay que potenciar la fuerza y la flexibilidad, dos de los aspectos que disminuyen con la edad y cuya falta provoca que haya más caídas, más fracturas», añade Luis Serratosa, especialista en Medicina del Deporte y miembro del equipo de Boraita. «Es bueno hacer trabajos de fuerza no muy intensos, pero sí muy repetidos. En un programa para ancianos, el 70 por ciento de los ejercicios debe ser de resistencia aeróbica; el 20, de fuerza, y el 10 por ciento restante, de coordinación».

 

Chequeo previo             

 

 

 

Pero antes de iniciarse es preciso hacer un programa de mejora de la condición física, y consultar a un médico. Es rarísima la patología que contraindica el deporte, pero alguna hay, y además no presenta síntomas. «En efecto, hay riesgos», afirma Víctor González Llorente, jefe de los Servicios Médicos del Instituto Municipal de Deportes de Madrid. «Fragilidad ósea, coordinación, déficit visual o auditivo... Lo que más nos interesa es detectar cardiopatías, pero salvo en casos graves es excepcional prohibir el deporte a una persona mayor. Aquí realizamos reconocimientos que incluyen electrocardiogramas y una prueba de esfuerzo sencilla, y tenemos programas con una rigurosa supervisión médica». Un anciano tiene más posibilidades de tener patologías que no conoce. Es muy raro que una persona menor de 35 años tenga problemas de corazón, pero cuando supera los 40-45 años (en el caso de los hombres) o los 55 (en el caso de las mujeres), la posibilidad de lesiones crece. Los chequeos, por lo tanto, son imprescindibles.

 

 

 

Si el corazón «traiciona» más a los varones, los huesos lo hacen con las féminas. «Durante la época fértil, los estrógenos protegen contra enfermedades coronarias y contra la osteoporosis», explica Araceli Boraita. «A partir de la menopausia, nos igualamos, incluso las mujeres tienen más problemas porque suelen ser más sedentarias. El deterioro es acusado: pierden calcio en los huesos y aparecen las fracturas, entre otras las de cadera».

 

 

 

La alimentación es un factor clave. «Hay que estar pendiente de la ingesta de proteínas, algo que los ancianos descuidan a menudo», apunta Luis Serratosa. «No comen bien, sobre todo si viven solos. Les es más fácil tomar hidratos de carbono (pastas, por ejemplo), y van eliminando la ingesta proteica. Las mujeres tienen que incrementar el calcio en su dieta -con leche y yogur- para compensar la pérdida de masa ósea».

 

 

 

 

 

Esteban Gorostiaga y Mikel Izquierdo investigan estos temas desde hace tres años, en un proyecto en el que participan el Gobierno de Navarra y la Universidad de Jyväskylä (Finlandia). Y sus resultados son apabullantes. Han trabajado con personas pertenecientes a dos grupos de edades, entre 35 y 45 años y entre 65 y 75, y las han sometido a un entrenamiento intenso de fuerza con pesas durante dieciséis semanas. Al final del estudio, en ambos grupos se mejoraba la fuerza máxima (un 45 por ciento), la resistencia cardiovascular (un 10 por ciento) y la masa muscular (un 13 por ciento). Es decir, los mayores conseguían al final del entrenamiento la misma capacidad de esfuerzo que una persona de 45 años sedentaria.

 

Legión de abuelos         

 

 

 

Gorostiaga, coordinador del Centro de Investigación y Medicina del Deporte de Navarra, e Izquierdo, educador físico, son dos ejemplos aislados. No abunda la investigación en España en este terreno. Y, sin embargo, es un asunto trascendente: en un par de décadas, el 20 por ciento de la población española tendrá más de 65 años. Un «pelotón» numerosísimo de abuelos que se enfrentará a los problemas clásicos de la edad: la pérdida de resistencia (un 10 por ciento cada década), de fuerza, de flexibilidad.

 

 

 

Los expertos ponen ejemplos que tienen la violencia visual de las campañas de Tráfico. Las personas que no se cuiden, que no acepten que el ejercicio físico debe formar parte de sus vidas, pueden llegar a los 80 años sin poder subir las escaleras o pasear con los nietos; sin levantarse de la cama o de la silla; sin peinarse o atarse los zapatos. Serán seres dependientes con una pobre calidad de vida y que, además, aligerarán de una forma desproporcionada las arcas de la Seguridad Social.

 

Se necesitan expertos 

 

 

 

«El ejercicio combate esa pérdida funcional, mejora la calidad del sueño, alivia los síntomas de depresión, eleva la autoestima, disminuye el riesgo de las cardiopatías y estira la vida», afirma Esteban Gorostiaga. «Hay un estudio norteamericano de 1989, realizado en Dallas con diez mil hombres y tres mil mujeres a los que se siguió durante ocho años, cuyas conclusiones fueron que las personas con una condición física baja tenían una mortalidad tres veces mayor. Y aún más: parece demostrado que es más peligrosa una mala forma física que fumar o un colesterol altísimo».

 

 

 

La investigación de Gorostiaga e Izquierdo, publicada en revistas como «Acta Physiologica» o «Journal of Applied Physiology», aún tiene dos años por delante. Pero, en su opinión, el avance en estos campos depende ahora de las administraciones. «Hay que formar a profesionales de la medicina, a licenciados en educación física, en enfermería, en fisioterapia -asegura-. Y hay que enfocar su trabajo hacia la tercera edad. Es una prioridad».

 

 

 

Queda camino por recorrer, pero la relación de nuestros ancianos con el deporte es cada vez más intensa. Como muestra, baste decir que 3.000 personas participaron el sábado pasado en el VIII Encuentro Deportivo Municipal de Mayores Villa de Madrid. «La gente tiene más información», concluye Víctor González Llorente, jefe de los Servicios Médicos del Instituto. «El que empieza, habitualmente no lo deja. Y se nota su mejora física cuando acude, año tras año, a las revisiones». Este grupo de entusiastas «muchachos» no puede hacer otra cosa sino crecer. Para vivir más, para vivir mejor.

 

Fuente

 

Verdisa

 

wikipedia

 

Pubmed

 

Género al que pertenece la obra: Literatura digital
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