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Martes, 19 de octubre de 2021

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Controlando la Rabia

El año pasado un equipo de investigadores de Perú y los Estados Unidos. hizo un descubrimiento que desafió una de la hipótesis más conocida sobre la rabia: que el virus es casi siempre fatal a menos que los médicos administren una vacuna antes de que llegue al cerebro. Basado en los resultados de análisis de sangre, los científicos descubrieron que la mitad de una docena de aldeanos en una parte remota de la Amazonia peruana habían sido previamente infectados, probablemente a través de una mordedura de murciélago, las cuales son comunes en la zona. Pero en lugar de sufrir una muerte de agonía, los aldeanos se habían recuperado y al parecer desarrollado inmunidad adicional.

El descubrimiento puso a los peruanos en una corta lista de personas que han sobrevivido a la rabia sin ser vacunados. La persona más conocida de ese grupo es Jeanna Giese , una  adolescente de Wisconsin que fue afectada por la enfermedad en el 2004, también después de tener contacto con un murciélago. Ante la desesperación, el médico de Giese improvisó un tratamiento riesgoso que incluía poner a la chica en coma controlada, que al parecer dejó a su cuerpo el tiempo suficiente para destruir al intruso microscópico. Los médicos han perfeccionado el tratamiento, ahora conocido como el protocolo de Milwaukee, y probado en al menos otros 39 pacientes no vacunados. Cinco personas más han sobrevivido.

Las tasas de éxito son mixtas y el estudio de Perú en el 2012  enfatiza lo poco que saben los científicos sobre la rabia, a pesar de su larga historia como una amenaza para la humanidad. En base a la evidencia acumulada los investigadores han reconocido que no todas las infecciones de rabia son iguales o fatales. Muchos animales, incluyendo perros, murciélagos, zorros y mapaches, llevan varias cepas del virus de la rabia. Las variedades en murciélagos y zorros parecen ser más débiles, y el sistema inmunológico de algunas personas pueden ser capaces de matarlos sin una vacuna. Los perros parecen llevar una cepa más virulenta que rara vez se ha vencido sin intervención médica. Hoy en día, los caninos siguen siendo el grupo de portadores de rabia más grande y más peligroso en todo el mundo.

Incluso si los médicos perfeccionan un tratamiento para las etapas posteriores de la rabia, el procedimiento probablemente sería complicado y caro. La mayoría de los expertos en salud pública creen que la mejor manera de controlar la rabia es vacunar a los portadores más peligrosos: todos los perros domésticos y callejeros, especialmente en el mundo en desarrollo. Un programa de veterinaria en las Filipinas ha reducido drásticamente las muertes entre los humanos, y otros están comenzando en la India y Tanzania.

La rabia mata a unas 55,000 personas cada año en todo el mundo, una cifra ciertamente menor que por ejemplo el SIDA o la gripe. La reputación del virus es horrible pero merecida. Los síntomas aparecen lentamente, de unas pocas semanas, y en casos poco frecuentes – más de un año después del contacto con un animal rabioso. El virus de la rabia se mueve de célula a célula nerviosa, eventualmente llegando desde el lugar de la picadura o herida al cerebro. Fatiga, fiebre y escalofríos dan paso gradualmente a alucinaciones, ansiedad, convulsiones violentas y el babeo excesivo una vez que el virus llega a las glándulas salivales. La muerte es dolorosa por lo que la práctica médica estándar exige mantener a los pacientes sedados en las últimas fases de la enfermedad.

El desarrollo de una vacuna contra la rabia en 1885 por Louis Pasteur previene tales resultados horribles si los médicos actuaron con rapidez. (Más de un siglo después, la mayoría de las muertes por rabia en el mundo – se producen porque una mordida no se reconoce o no se toma en serio) pero su éxito tuvo una consecuencia inesperada : como se explica en el libro del 2012 Rabioso: una historia cultural del  virus más diabólico en el mundo, la rabia se convirtió en una prioridad para el campo de investigación biomédica.

Por eso, cuando Giese de 15 años de edad, entró al Hospital de Niños de Wisconsin en el 2004, con la rabia un mes después de la mordida por un murciélago que volaba alrededor de su iglesia, aún no había un tratamiento exitoso. Tenía fiebre, estaba semi-inconsciente y convulsionaba involuntaria.

Su médico, Rodney E. Willoughb Jr., un especialista en enfermedades infecciosas pediátricas, nunca había visto un caso de rabia. Recorrió la literatura médica escasa y encontró un rayo de esperanza: un experimento en el que ratas anestesiadas de alguna manera les permitió recuperarse de una infección de rabia. El virus de la rabia interrumpe la comunicación eléctrica y química habitual entre las neuronas en el tronco cerebral, que a su vez pierde su capacidad para regular el latido del corazón y el funcionamiento de los pulmones. Tal vez, Willoughby razonó, silenciando efectivamente el cerebro con anestésicos generales – mientras se mantiene a la paciente viva con una máquina de derivación cardiaca y la ventilación mecánica le podría dar al sistema inmunológico suficiente tiempo para destruir el virus. Decidió intentarlo.

El tratamiento tuvo éxito. Giese sobrevivió a la tormenta viral, aunque sufrió algún daño cerebral y pasó dos años aprendiendo a hablar de nuevo, ponerse de pie y caminar. Se graduó de la universidad en el 2011 y ahora trabaja como cuidadora de animales y oradora de motivación. Mientras tanto Willoughby ha mejorado su intervención. Pero incluso él admite que el procedimiento no es una opción viable para la mayoría de las clínicas, ya que requiere de muchos recursos.

De hecho, algunos investigadores se preguntan si el protocolo de Milwaukee es realmente eficaz. Estos detractores han propuesto que el verdadero secreto de supervivencia de algunos pacientes es el hecho de que fueron mordidos por animales que no son perros los cuales transmiten muy pequeñas dosis de virus o cepas que el sistema inmunológico humano puede detener por sí solo.

Portadores Caninos

Si bien los médicos debaten si el protocolo de Milwaukee funciona, expertos en salud pública coinciden en que la forma más eficaz para tratar la rabia es detener la enfermedad en su origen. A nivel mundial, los perros domésticos y callejeros son responsables de casi todas las 55,000 muertes por rabia cada año , según la Organización Mundial de la Salud. La carga tiende a caer más en personas (especialmente los niños) de zonas rurales, que tienen acceso limitado a la vacuna contra la rabia que se administra anualmente a más de 15 millones de personas.

Eso deja prevenir la rabia en los perros como la mejor opción para reducir el número de muertes en seres humanos. Basándose puramente en economía, la vacunación masiva de perros sin duda tiene sentido. Las vacunas caninas no sólo cuestan menos que las inyecciones para las personas, son mucho menos costosas que los tratamientos de cuidados intensivos en un caso de rabia humano. Pero puede ser difícil, políticamente, de conseguir que alguien preste atención a la salud y bienestar de los perros cuando las necesidades de la gente siguen siendo mucho más importantes en muchas partes del mundo, dice Charles Rupprecht,  antiguo presidente de rabia en los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades en Estados Unidos y ahora director de investigación de la Alianza Global para el Control de la Rabia sin fines de lucro (GARC). “La medicina se ocupa de cuestiones de salud humana, la agricultura se ocupa de la ganadería, los perros no son ninguno “, dice . “Se necesita visión para ver que este es un problema de salud pública: se vacuna a los perros, los casos de rabia humana disminuyen  y ahora puede poner el dinero de salud pública hacia otros objetivos.”

A pesar del enorme número – según una estimación el número de perros callejeros en el mundo es de 375 millones – García cree que los programas de vacunación para perros son logísticamente factibles, y se han establecido proyectos piloto en África y Asia (algunos de ellos con el apoyo de la Fundación Bill y Melinda Gates). En la isla filipina de Bohol (población humana: 1.3 millones), los investigadores vacunaron aproximadamente el 70 por ciento de la población canina. Antes del 2007 unas 10 personas murieron a causa de la rabia cada año, desde el 2008 sólo una persona ha muerto a causa de la enfermedad.

Persuadir a la gente a que vacune sus mascotas no siempre es fácil. Tratar con perros callejeros es aún más difícil. Debido al incesante aumento en el número de muertes por rabia en las partes rurales de China, sobre todo en el sur, el país ha organizado varias matanzas de perros, que los expertos de control de enfermedades y los activistas de derechos de animales han criticado con dureza. Incluso si los sacrificios son eficaces a corto plazo, las poblaciones callejeras inevitable aumentan, al igual que el virus. Mientras tanto, la popularidad de tener perros como mascotas – alrededor de la mitad de los cuales no se han vacunado – continúa aumentando a medida que los trabajadores chinos se vuelven más prósperos.

Tal vez la vacunación de los perros se convertirá en un plan más viable una vez que los investigadores determinen cómo acabar con las inyecciones, las cuales requieren reunir a los animales, así como la refrigeración y el almacenamiento de las vacunas. Unos pocos proyectos especialmente prometedores dan gránulos de comida mezclada con vacunas, similares a los bloques de harina de pescado tratados que se han utilizado para controlar la rabia en mapache de los Estados Unidos. Algunos de los gránulos de comida también incluyen anticonceptivos esterilizantes para reducir los números de recién nacidos no vacunados y reducir el tamaño de población callejera.

Rupprecht señala que si tales vacunas, todavía en desarrollo para los perros, pueden ser comercializadas, encontrarían un mercado en China e India, los países con las mayores poblaciones de perros callejeros y la mayoría de las muertes por rabia. El conocimiento de negocios y conocimiento técnico ya están en marcha: China e India resultan ser los países más grandes de fabricación de vacunas en el mundo en desarrollo.

Género al que pertenece la obra: Periodismo literario
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