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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Miércoles, 20 de octubre de 2021

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Avenidas del tiempo (2009)

Madrid, Vitruvio, 2009

Más información en: http://izarabatres.wordpress.com/

 

"El lenguaje poético de Izara se inscribe en la perfección tanto gramatical como en la de la preceptiva literaria, con imágenes de viva connotación en los planos semiológicos de expresión y contenido [...]", por Manuel Mourelle de Lema (Revista de Letras y Artes Galicia en Madrid, nº 85, invierno 2009)

Joven poeta de maduros versos, plasma Izara Batres en este su primer libro los muchos caminos por los que transcurre el tiempo, el amor y el desamor, y el sentido tantas veces sin sentido de la vida. Rinde un largo homenaje a T. S. Eliot, se enfrenta a la nada y trata de tú a ese loco estupendo que el mundo le hizo parecer a Don Quijote: "Allí donde los relojes se deshacen/ hasta tocar el infinito del absurdo./ Allí donde mueren, entumecidas,/ las raíces de una historia degenerada,/ buscaste el sentido./ Buscaste un sentido". Por sus poemas se deslizan también sueños y añoranzas, y el sur, como un solo concepto de lugar y tiempo, al que quiere volver "para ver el amor como lo dejamos", y para mucho más: "Iré al sur,/ si tu no estás,/ y sabré que he soñado./ Que el tiempo fue un juego de luces./ Destellos de vida en el mar y en el barro" (Carlos Barrio, publicada en nº 1736, revista Interviú, 3 de agosto de 2009)

 

Avenidas del tiempo

 La luna está creciendo, con la nítida irrealidad
de un globo onírico.
Tiene un asombroso resplandor febril
que inunda la tierra.
Cuando cesa el rumor de su eco destrozado,
el mar se convierte en piedra.
Las calles,
las inmensas circunferencias que gravitan
cerca del núcleo,
vuelan en pedazos.

Y la ceniza de hielo baña la superficie;
su luz es blanca.
La muerte de una sonrisa exangüe.
Como en las mejores puestas de sol,
el aire tiene, entonces, una claridad distinta.
Lo que sentimos, lo que creemos;
todo lo que hemos visto, lo que hemos escrito
conforma una gigantesca burbuja de sentido.
Oscila, igual que el universo, en el inquietante juego
del azar,
junto al frío del invierno,
por los senderos malditos, elevados
como gotas suspendidas
en un instante de eternidad.

Y es, simplemente, como el primer día

y el primer destello,
naciendo, en su lujo impertinente,
del dolor y del fuego.
Ese crepitar del infinito que vienen a ser,
absurdamente,
las avenidas del tiempo.

 

El secreto de la naturaleza

Ella tiene la calma del mar y su furia serena.

Un océano de luz la separa del globo febril de tierra.

En sus ojos se cruza el sentido con la virtud de los amantes,

la densidad y las melodías.

Su cuerpo es la sabiduría de la mujer deidad;

esconde abismos de curvas y trazos aritméticos.

Sus palabras son peces llenos de luz, nadando hacia el núcleo

del caos y del equilibrio.

No tiene trabas, no ha aprendido a odiar los rudimentos de la convención y su óxido.

Vive ajena a la lucha por la nada, a la supervivencia del instinto.

Está desnuda.

Pero no toquéis, campanas estentóreas, no hagáis ruido todavía.

La pureza está, aún, enamorada de su alma.

Ella lo sabe.

Y, también, que no se lo perdonarán jamás.

 

III

Tenías la mirada eterna,

como las sirenas que invento en sueños.

Me preguntabas si amaba la noche

y te derramabas en luces.

Era en otro país.

Eran los tigres de noche,

y las estrellas en el tambor, a lo lejos.

El barco de coral inundaba el cielo,

cargado de risas.

Rugían las olas.

Un latido en el aire, golpeó,

salvaje como el universo.

Y entendí

que, al fin, el dolor

había perdonado a mi alma

Género al que pertenece la obra: Poesía
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Comentarios - 1

Maya

1
Maya - 19-05-2010 - 16:51:09h

Cuánta belleza y cuánta verdad. ¡Cómo pasa el tiempo!


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