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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 24 de septiembre de 2019

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Por la dorada juventud. II (2010)

Poesía inédita de la Serie "10 ángeles 10" (a partir de los ángeles de Ana Matías)

 

 

Para Javier Lostalé,

por todas las imágenes robadas

 tras la Tormenta transparente

 

Descripción de un despertar cualquiera.

Abres los ojos, ojos que aún no ven.

Las sábanas de los sueños cubren los muebles

(cenizas de otro tiempo, de otro viaje,

que recuerdas porque ya no eres tú).

Abres los ojos y estiras los brazos

con el absurdo deseo de que sean otros brazos,

otras manos, otros huecos entre dos cuerpos;

con la absurda esperanza de que las tardes

recuperen sus paisajes llenos de sol y de nubes,

y de recuerdos, y de sueños y de torres.

Pero son tus brazos los que tocas y los que ves

con esos ojos que van colocando esquinas en tu cama

y arrugas cotidianas en este rostro que es el tuyo,

por más que no lo reconozcas ni lo recuerdes,

por más que nunca lo hayas descrito como ahora.

Un camión de la basura cruza y se para en tu casa.

Como todas las mañanas. Como todas las últimas mañanas.

Hace frío, pero te niegas a sacar las mantas de otoño

por más que esta noche la tormenta haya dibujado

letras de un nombre olvidado en los cristales transparentes.

No. Quieres decir no, pero tus labios callan

y tu cabeza inmóvil espera una señal de tus ojos

que no llega, que en esta mañana de otoño no llega.

Eres joven.

Eres hermoso y joven.

Te sabes joven y hermoso, como un cuadro.

Pero tus ojos se niegan a devolverte los espejos

y las esquinas y los recuerdos colgados en las paredes.

Eres tú porque te sientes tú, pero sin serlo.

En tus ojos aún tu otro yo permanece oculto,

agazapado en la sombra de un recuerdo, de un futuro.

Eres tú pero sabes que un día dejarás de serlo

y entonces tus ojos recuperarán la memoria de este instante,

el atroz momento en que te quedaste sin alas,

sin las ganas de mostrar, ansioso, al mundo,

la belleza y la dorada juventud de tus alas.

Eres tú ahora que comienzas a despertarte,

a abrir los ojos, a estirar los brazos, a esbozar una sonrisa,

a intentar cubrir el hueco de una mirada,

pero sabes que un día, un día como el de los sueños,

dejarás de ser tú,

y mirarás tus alas lacias, tristes, olvidadas a tu espalda

y recordarás todos los ideales que dejaste atrás,

todas las batallas perdidas y todos los huecos abiertos

entre los recuerdos de dos cuerpos que se aman.

Abres los ojos y sonríes, sin poder evitarlo,

sabiendo lo efímero y falso que resulta tu título,

lo escandalosamente efímera que es la dorada juventud.

Eres joven y hermoso

y cubres tu sombra con el brazo de un tatuaje,

sabiendo que en cualquier momento puedes alzar el vuelo,

abrir los ojos y alzar el vuelo,

sonreír y alzar el vuelo,

mostrar arrogante tu pecho desnudo y alzar el vuelo.

Pero no siempre será así

y hoy, al abrir los ojos, te has dado cuenta.

Al abrir estos ojos que ya no te pertenecen,

esos ojos que se han vuelto grises y melancólicos

después de mirar en sueños una tormenta transparente.

Género al que pertenece la obra: Poesía
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