Ir al contenido

Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 23 de septiembre de 2019

Inicio | ¿Quiénes somos? | Editar mi portal

En el Museo de la Historia Judía, Berlín (2012)

A Ruth Fine, por tantas historias compartidas

 

Silencio.
Tan solo una luz.
Una luz lejana.
Una línea de luz a lo lejos.
Silencio.
Escucho tan solo mi corazón.
Las paredes están frías.
Frías como mi corazón.
Frías como mis caricias.
Frías como el recuerdo de tus besos.
Silencio.
Miro con mis manos las paredes de hormigón.
Y están frías.
Nada.
Silencio.
Intento esconderme en una esquina.
Y me siento pequeño.
Diminuto.
Inexistente.
Tan solo un latido.
Un lento y cansado latido.
Un latido que dejará de serlo.
Tan solo en unos segundos.
Silencio.
Silencio.
Silencio.
Paso mis manos por las paredes frías.
Y el frío me entra por la boca.
Rebota entre mis dientes y mi lengua.
Y me quedo mudo.
Silencio.
Dos lágrimas heladas
Recorren mi cara
Abriendo dos arrugas a su paso.
Dos nuevas arrugas
Que tú nunca podrás ver,
Que tú nunca serás capaz de ver.
Y sigo con mi mano en la pared.
Y el frío me congela el corazón.
Por fin. Ahora. Por fin.
Silencio.
Silencio.
Ahora podré existir.
Ahora que he dejado de vivir.
Ahora que muero solo.
Sin esperanza.
Sin memoria.
Sin nombre.
Sin pasado.
Muero en la alta torre de frío hormigón
Con las manos sobre las paredes.
Con la cabeza sobre la pared helada,
Mirando a un punto,
A ese único punto de luz
En lo más alto de mi pecho.
Este único punto de luz
Que no viene de ningún sitio.
No hay nada fuera de la torre.
No debe haber nada fuera de la torre.
Nada después de haberte tocado
Y estar tan frío como estas paredes.
Tan muerto como estas paredes.
Tan silencioso como estas paredes.
Nada.
Ni latidos.
Ni corazón.
Ni vida.
¿Para qué la necesito si ya no te tengo?

Género al que pertenece la obra: Poesía
Bookmark and Share


Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
Sugerencias