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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 12 de noviembre de 2019

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Los últimos días de Trotski (2015)

Madrid, Calambur, 2015 

León Trotski fue atacado mortalmente el 20 de agosto de 1940. Una tarde, como otra cualquiera, que se convirtió en única, en origen de una leyenda. La casa en la que Trotski y su mujer, Natalia, vivieron los últimos años de su vida, en el barrio mexicano de Coyoacán, se ha convertido en un museo, donde el escritorio de Trotski se mantiene inmutable. Al cabo, el mito de León Trotski no ha dejado de crecer desde que, al día siguiente del atentado, fuera enterrado en la compañía de cientos de miles de mexicanos. Los últimos días de Trotski indaga en los años de exilio del que fuera uno de los artífices de la Revolución rusa. Rastrea en su vida, en sus recuerdos, en sus deseos y en sus fracasos, que son los nuestros. Un viaje, no siempre placentero, por una figura incómoda para cualquier régimen. Una figura que nos recuerda la necesidad de ser consecuente en la vida, si queremos mirar al futuro con la cabeza alta, alejados de las ruines trampas del presente.

Más información: 

https://www.facebook.com/ultimosdiasdetrotski/timeline

 

Las lágrimas de Natalia
(Tampico, México. 9 de enero de 1937)

Hacía años que no veía sonreír a Natalia. 
No de esta manera, no con este nuevo acento. 
Es otra Natalia la que amanece un nueve de enero mientras las tierras negras de las costas de Tampico dibujan un horizonte de cabezas lejanas y de brazos en alto.

Me fallan los ojos y la edad. Atrás dejé toda esperanza.

Mis recelos y mis miedos se vuelven tierra verde tejida con los colores primaverales del vestido de Frida cuando siento el abrazo de Schatchmann. 
No recuerdo de qué hablamos, 
ni el acento de los saludos 
ni las primeras palabras que nos pusimos al cuello.

¿Qué importan las palabras ante la sonrisa de Natalia, 
ante la sonrisa olvidada en los labios de Natalia?

Y siento su mano en mi brazo al cruzar la pasarela, siento sus pasos acompasados a los míos en el desfile que nos conduce hasta el vagón del tren presidencial, que nos espera humeante, como el primer café que cruza por mi gastada garganta en muchos años. 

Pero nada comparado con la sonrisa de Natalia. 

Ni la mirada volcánica de una Frida florecida, 
ni el vodka recuperado en las palabras de los amigos, 
ni los compañeros que nos abrazan en los primeros pasos por la tierra recién descubierta de México.

Por fin, Natalia, después de tantos y tantos años de aguantarse el dolor en la médula del silencio, 
de cruzar las manos en el impotente gesto de las preguntas sin respuesta, 
y de seguir mis pasos en la arena movediza de la política, 
derrama sus primeras, casi angelicales, lágrimas de alegría, que resbalan como lluvia verde alrededor de su sonrisa. 

Más que otro color, 
más que otra palabra,
más que otro golpe de olor lacerante de lo desconocido,
de aquel día recuerdo la sonrisa de Natalia.
Sus primeras lágrimas de alegría, 
anuncio de nuevos amaneceres.

Género al que pertenece la obra: Poesía
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