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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 12 de agosto de 2022

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Los cuernos de la cigüeña (2014)

Los cuernos de la cigüeña, José M. Prieto, portada

TEMPVS FVGIT,

José María Merino, de la Real Academia Española


Infinidad de siglos antes de que existiese Martin Heidegger, los seres humanos hicimos de la conciencia del tiempo, con su implacable pasar y su extinción en la muerte, una de nuestras obsesiones permanentes. Al fin y al cabo, el tiempo es la sustancia de la literatura: la novela y el teatro tienen la pretensión de reconstruir fragmentos de tiempo, materializados en conductas que se manifiestan en determinados ámbitos y tramas, como la poesía expresa también, desde distintas perspectivas estéticas y sentimentales, la irremediable temporalidad de lo humano.

En el campo poético, autores clásicos, antiguos y modernos, han hecho del tiempo un tema central de su obra: Omar Khayyam, Jorge Manrique, Jorge Luis Borges, Antonio Machado... acaso porque la sensación física del tiempo y de su huida constante estimula de forma especial la percepción de pérdida que toda la gran poesía ha sabido expresar.

En Los cuernos de la cigüeña, José M. Prieto utiliza el tiempo humano, su eclosión, su devenir, su acabamiento, como materia medular del poemario. Un libro extenso, constituido por 73 poemas, cada uno de ellos encabezado por la breve cita de un verso de distintos poetas, como si la referencia continua al transcurso temporal quisiese acompasarse al fluir de esos múltiples atisbos poéticos, donde muchos poetas contemporáneos son recordados junto a otros como Quevedo, Rubén Darío, García Lorca, Leopoldo Panero o Julio Cortázar...

Dentro de la natural libertad asistemática que suele caracterizar la expresión poética, este libro de José M. Prieto matiza, sin embargo, el tema central, a través de sucesivos y diferentes énfasis, presentándose en cuatro partes que lo matizan con diferentes miradas.

La parte primera, "Es tiempo en movimiento una cigüeña", compone una presentación u obertura en la que, desde la imagen de la barrita de incienso que se consume en el primer poema (andando el tiempo), el poeta se mueve en el mundo de los relojes (algo más que anacrónicos los relojes; déjame una hora) las relaciones amorosas y familiares (el arte de dar las buenas noches a tiempo; profeta a tiempo) referencias a la memoria (tiempo invisible), al secreto (¿cómo te llamas?) o breves estampas de contenido predominantemente lírico (tiempo pascual; qué mañanita; un beso a tiempo). Como se trata de una obertura, no es extraño que se apunten ya aspectos que se desarrollarán con mayor extensión en otras partes del libro, como nos toman el pulso cada día o ajuste de cuentas, en que la calderilla sirve de apropiada metáfora...
La segunda parte, "Es tiempo en volandas un picotazo", la más extensa, tiene que ver con lo que pudiéramos llamar la descendencia en el tiempo: desde el origen (tiempo maternal), pasando por las relaciones carnales y amorosas (hora de vaciarse; tiempo de pasión), la conciencia del paso del tiempo (cumpleaños; longevos ambos; momentos borrosos), la incomunicación y comunicación familiares (pasan el tiempo juntos; oír al tiempo; sin querer, las buenas noches), el tiempo extraviado (husos horarios), la memoria y la desmemoria ( tic tac terminante; momentos borrosos), entre muchos otros poemas que muestran una especial mirada de lo humano y sus avatares y soledades (movida a tiempo; ensalmos con claxon; el tren no espera; un examen es cosa de familia; el arte de hacer manitas delante de unos cuernos)...

La tercera parte, "Es tiempo enmarañándose una cornamenta", enfoca decididamente la vejez, la enfermedad y la muerte: se alude en el primero a la decadencia física (para el arrastre) y a partir de ahí unos poemas nos hablarán de la muerte como una especie de "cese de apuestas" (apostó), confrontarán abuelo y bebé (una momia en la cuna), o tratarán los recuerdos como fósiles coleccionados a lo largo de la vida (vestigios familiares). La conciencia de la pérdida del tiempo (perdedor nato), la ancianidad inerme ( asistido a tiempo; sin horario), la cercanía de la muerte (matamos el tiempo), dan paso a poemas que ya entran decididamente en el acabamiento: no se pone, metáfora de los que ya no están; punto de encuentro, con el cadáver, en el tanatorio; juntos y a punto, los zapatos a los pies del ataúd; los amigos están para algo, pues llevan amapolas al féretro; las vio negras, a ciertas hormigas voraces. Y más adelante, llegaremos al espacio de osarios y crematorios: una encerrona a tiempo; ya no está aquí; esqueletos para el recuerdo...

Por último, la cuarta parte, "Es tiempo en paro forzoso un tocón", construye una especie de diálogo sincopado, en el que tiempo y poder se van turnando dramáticamente.

En el libro se alternan los poemas de larga extensión con otros muy breves, alguno de ellos acaso con espíritu de haiku, y no faltan los que presentan aire de minicuento ( pienso en momentos borrosos o en encantado de conocerla).

* * *

Tomar como motivo inspirador el tiempo y su paso destructivo está en la tradición poética de todas las épocas, como antes señalé. Pero lo que singulariza el libro de Prieto es el uso del lenguaje y de las imágenes. Un lenguaje cotidiano, que no tiene reparo en utilizar ciertos vulgarismos para potenciar la expresión en determinados momentos (movida, chavalote, jodienda, sinhueso, manitas...) pero rico en imágenes y metáforas sorprendentes: "de un picotazo atrapó la mañana/ el gallo" (qué mañanita); "el universo consciente tiene forma de pezón" (tiempo maternal); "en la almohada picotean/las llamadas perdidas" (tiempos heroicos); "están en pie de guerra/ los niños de este mundo" (tiempo de sirenas); "nadie las hizo caso esta noche/ solo las manoseó la aurora" dice de las rosas (esto es lo que pasa si amanece en rosa); "trasnochan en la cocina/las sombras, las sobras/ aguardan en la nevera/ una segunda oportunidad" (las sobras de nochevieja); "encadenado llevaba el tiempo en el chaleco/ su padre" (tic tac terminante); "la noche se ha quedado/toda su calderilla"-el dinero del día- ( sin blanca) "una sobredosis/de cumpleaños vencidos" (punto de encuentro), "todo lo que sobresale cabe/ en una urna con cenizas" (una monada); "en el osario/ el tiempo vivido/ se hace astillas" (esqueletos para el recuerdo)...

La ironía, un humor pocas veces melancólico, el decidido sarcasmo, impregnan todo el poemario, continuamente animado por una vibración de estirpe surrealista, en el que a veces hay un tratamiento de la palabra que me atrevo a calificar de "ramoniano", sin que falten los homenajes, como el que se hace a Allan Poe en no quieren que salga solo, y sin que nunca se pierda la peculiar naturaleza lírica del conjunto.

El paso insoslayable y aniquilador del tiempo no abruma al poeta, sino que lo incita a enfrentarse a él, a decirle verdades, a asumir con entereza su propia condición de tiempo vivo. El tiempo huye, y nosotros con él, hechos de tiempo como estamos, recuerda el poeta: esa es nuestra servidumbre, pero también nuestra grandeza.

 

 

andando el tiempo

sólo me interesa el testimonio
del momento que pasa

José Emilio Pacheco

El tiempo se mide
con una barrita de incienso
incandescente, evanescente,

el paraíso fiscal de los aromas es
la nariz, su domicilio habitual

línea vertical menguante combustible
apuros pasa cuando es llama,

cuando es fugitiva
y consigue ser ceniza
es calorífuga,

se deja acariciar
grisáceas, urañas, las uñas la amasan,
porosa reposa.

Es blanda como la almohada,
y si se descuidan
cautivas encanecen
las huellas dactilares
y si logran arrimarse
van oliendo bien
al dar la mano.

 

                                                                    * * *

 

oír al tiempo

y al mirar hacia tí
sé que te doy terror
.
José María Valverde


Música celestial escuchan
al aire libre
por el bosque
seres extravagantes
con el rostro cableado hasta las orejas.

No son extraterrestres son
los nietos de esos abuelos
que les contemplan desde el banco
con los pies en tierra firme
y el oído afinado a la naturaleza.

 

                                                                   * * *

movida a tiempo

acepto como un modo de cultura
cambiar los autobuses por los taxis

Esther Giménez

Para el transporte de animales vivos

de presa
el coche,

los domesticados en autobús,

mirándonos por la ventanilla,
en vehículo oficial,
con guardaespaldas,

las especies protegidas
en vías de extinción
¡qué más quisiera!

 

                                                                    * * *

 

tiempo de biblioteca

conmigo no gastaste muchas balas,
que yo caí desde el primer disparo.

Edgar Neville

 

El templo de la inteligencia y el saber,
la biblioteca,
abiertas tiene las puertas a los libros,

salen porque tienen manos
los estudiantes y están de paso
a cata y cala los mangantes,

haberlos haylos
vienen a lo que vienen
nos acompañan

son creyentes asiduos los lectores,

y el tiempo discurre flemático leyendo,
y el tiempo destella excitante hay exámenes
y el tiempo deslumbra flipando hay parejas

ahí se citan
ahí se cazan
ahí no se casan

Todo es posible en la biblioteca,
el intercambio de libros,
el intercambio de parejas,
lo he leído, lo tengo visto, demasiado visto,
marcado ¿me lo prestas?

 

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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