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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 12 de agosto de 2022

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¡De qué no se ríe un poeta? (2020)

Bajo sospecha


Lleva días cavilando el inspector de hacienda,
ha descubierto que existen los poetas,
viven en la inopia, dice, un paraíso fiscal,

escriben a gusto y además
tienen ingresos
contantes y sonantes
abren su apetito,

en su salsa y comestibles
se alimentan con parábolas,

a todos los autores vivos que venden alegorías,
que venden espacios en blanco
página tras página
les abre un expediente,
porque son rentables,
porque saben ahorrar caracteres,

es un delito fiscal fantástico, enigmático
ganarse la vida con quimeras,
hablando de personas que nunca han existido,
inventarse lugares, historias palpitantes
palabra por palabra con encanto,
sin decirlo todo.

Libres los versos
con tragaderas,
libres y descabellados los impuestos
son increíbles,
casi siempre inverosímiles,
son un poema.

 

¡Pero qué familia es ésta!


Nunca amamantan
al bebé en el altar
y está pidiéndolo,
está en pañales,
con las brazos abiertos
implora que le acojan
gentes de bien,

los feligreses
están de paso,
también él.

Le miran papá y mamá,
los tres, en Belén
una familia normal,
en los tiempos que corren
ejemplares.

El viejo no es su padre,
su madre es virgen
y él es divino
¡qué niño tan mono
un angelote a sus pies!

 

Ninguneado el señor feudal

 

De piedra es el caballero que apunta con sus zapatos de doble hebilla
a la techumbre caleidoscópica de la catedral que apadrinó,
es su refugio, de ahí no sale vivo, está rejuvenecido, sin maquillaje:

fue violento, quisieron colgarle los paisanos
que pasean y cuchichean ¿quién era este?
Atrona el órgano en el coro con aires de grandeza.

Gañán tumbado con un león risueño
le hace carantoñas con la cola y no sonríe,
no tiene cosquillas y no se carcajea,
perplejo preside ritos y siglos sin moverse.

De colorines desfilan los que le han olvidado,
perfumado le dejan las mozas que le rondan,
con sus dedos al pasar le tocan las narices.

Se deja hacer, es el guaperas que está a su merced,
quietecito resplandece con tanto manoseo,
femenino casi siempre su estatua es un capricho,

supo dejarlo bien hecho el escultor,
a mano está el toqueteo, a la altura de los ojos curiosos.

Era homosexual, dicen aquellos que le ven
engalanado, tentador, este es su cuerpo
apetecible, en relieve sus costillas al agua bendita.

En la penumbra, en su lecho las cabezas se apoyan,
no se resiste el caballero a los caballeros,
han pagado una entrada para tenerle cerca
y solazarse delante del confesonario catedralicio.

 

De la mar y sus peces


Menos profundo que mi amor por ti
es el océano aquel
en el que al vernos de cerca
nos anegamos,

con una sobredosis de barniz
deslumbrantes nuestras uñas
no nos arañan,

pues más profunda que tu pupila
es la ternura que nos mantiene cosidos
cumpliendo años
¿qué más quieres!

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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