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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 26 de mayo de 2019

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Testimonio de sombra (1963)

Cuenca-Ecuador, Universidad de Cuenca-Ecuador, 1963

Segundo poemario publicado. Como en Soledad y memoria la mayoría de los textos están escritos en España. El libro incluye un poema con la visión anticipada de mi ya inmediata partida para América y otro que refleja mi pensamiento de entonces sobre la iglesia católica y sus flámines. Este poema, titulado "La catedral" estaba incluido en el conjunto de textos por el que me dieron en Quito el "Alfonso Reyes".

 

MEDITACIÓN EN UNA CATEDRAL

 

En tus naves el viento se ha parado,

duerme la luz en tu amarilla soledad

y el canto gregoriano te lame las paredes

como un helado viento.

 

Pálidos, taciturnos siervos tuyos

vienen aquí todas las tardes

a leer en sus libros monótonas salmodias

contra el amor, contra la risa, contra el sexo del mundo.

 

¡Oh catedral anclada en las ciudades,

recinto en que la vida se arrepiente de ser vida,

templo en que las muchachas

solicitan piedad para el temblor irremediable de sus pechos,

para el suave aleteo de sus vientres que anhelan

sentir el peso dulce del hijo madurando,

catedral invencible,

catedral de sepulcros y cenizas vengativas,

osario pavoroso en que gobierna

el inmenso esqueleto de la muerte...!

 

No alienta Dios bajo tus bóvedas sombrías,

oh enemiga del sueño,

porque Él ama el torrente impetuoso de los seres

que no ha de cesar nunca,

porque Él ama la fiebre de los cuerpos

y el hervor de la sangre rumoreando en ellos,

porque Él ama la luz;

y no es un Dios de podredumbres

ni de vacíos, incoloros paraísos.

 

Él es la ciega fuerza que hace saltar sobre la tierra

el dorado oleaje de los trigos,

Él es la furia de los búfalos,

el terciopelo de  unos labios,

la roja crin de las auroras boreales,

el ojo inmóvil de los lagos,

la voz del mar, el útero del mundo.

 

Por eso yo no he de venir a prosternarme,

oh catedral, sobre tus frías losas

y a pedirte perdón porque he vivido.

No, nunca he de venir a buscar por tus rincones,

donde el tiempo dormita aletargado,

las oceánicas pupilas

del Dios que todos respiramos,

del Dios en cuya atmósfera abrasada

los hombres y las bestias nos vamos extinguiendo.

                                                                Madrid, 1950

Género al que pertenece la obra: Poesía
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