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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 23 de septiembre de 2019

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Crónica del asedio (1983)

Madrid, Colección Pórtico 3, 1983

Es un sonetario que contiene dos temas diferentes. La primera parte desarrolla temas venezolanos y la segunda, que da el nombre al poemario, es una crónica poética de una época de experiencias místicas realizadas por la práctica de la meditación yóguica aunada al estudio de los místicos cristianos. El asedio es al Ser Supremo (personal o total -panteísmo). 

 

HOMENAJE A TERESA

                        I

         PUERTA CERRADA

Madre, las absorbentes sabandijas

de las preocupaciones que te aquejan,

entrar en el castillo no te dejan,

aunque ya ves la luz por las rendijas.

Tus pupilas que están en ellas fijas,

sus destellos efímeros reflejan,

pero los diablos del portón te alejan

con su fiero escuadrón de lagartijas.

 En esa fase estás de tu destino

donde el alma cosecha sólo abrojos

y pulsa en vano el aldabón divino.

Aunque presienten ya la luz tus ojos,

las pasiones te nublan el camino

y Dios no te descorre sus cerrojos.

                        II

           LA MARIPOSICA

 El gusano de seda laborioso,

que es tejedor y al mismo tiempo ovillo,

fabrica en un rincón el capuchillo

que será su ataúd algodonoso.

Luego muere el obrero habilidoso

en su aposento breve y amarillo

para que nazca de este gusanillo

la mariposa de color lechoso. 

Así el alma que aspira a alzar el vuelo

del lodo humano al suspirado cielo,

teje con hilos de oración su casa:

Allí entra larva, sale mariposa

y no halla calma hasta que al fin reposa

en el divino Fuego que la abrasa.

                   III

              LA SAETA

Al fin de Pascua de Resurrección,

sentóse con Teresa a conversar

otra monja y se puso a lamentar

de esta vida y su larga duración.

La Santa al ver con desesperación

que su muerte se había de espaciar,

sintió como una flecha atravesar

su espíritu sediento de evasión.

Pues era penosísimo sentir

tu presencia, Señor, y no poder

a tus tiernos reclamos acudir.

En medio de tan duro padecer,

sentíase morir por no morir

y ansiaba confundirse con tu Ser. 

                    IV

         LA EXPANSIÓN

De las siete moradas que atraviesa

el alma en su castillo recogida

para unirse con Dios en esta vida,

la cuarta es una caja con sorpresa;

pues en ella nos dice Sor Teresa

que el Hacedor dilata a su elegida

y luego, poco a poco, en ella anida

para elevarla a más sublime empresa.

Es ya el ascenso aquí menos penoso,

pues si el ánima a ratos desfallece,

su Rey la templa misericordioso

con un olor que la rejuvenece;

o si olvida su norte luminoso,

con un trueno sin ruido la estremece.

                         V

           EL VIAJE ASTRAL

Estándose la Santa del Carmelo

sosegada y muy en su sentido,

sintió que se iniciaba, aunque sin ruido,

en su interior un poderoso vuelo.

Como cohete que abandona el suelo

o bala de fusil enmudecido,

su espíritu subió despavorido

arrebatadamente hacia otro cielo.

Huésped del plano astral, llegó en su viaje

a una región de luz muy diferente

de la que alumbra aquí nuestro paisaje.

Allí habló con los santos claramente

y entre un rumor de angélico plumaje,

el mismo Dios centelleó en su mente. 

                     VI

             LAS HABLAS

Al principio, calmaban a deshora

las hablas del Señor con manso acento

las agonías de tu entendimiento

que ansiaba su presencia salvadora.

Te decía con voz arrulladora:

«Alma, no tengas pena», y al momento,

en gozo se trocaba tu tormento

como a la noche síguese la aurora.

Más tarde ya a tu diestra se posaba

y «Yo soy; no hayas miedo», te decía;

pero nunca su imagen te mostraba.

Años después ya se te aparecía

en todo su esplendor y te anunciaba

que pronto con su Yo te fundiría.

                 VII

           EL SAMADHI

Una gloriosa claridad inunda

tu espíritu de súbito arrobado

y el Uno en Trinidad manifestado

se da a entender a tu visión profunda.

El alma que fluía vagabunda

se funde con su centro deseado,

como río que acaba fusionado

con el mar en suavísima coyunda.

Es como si dos haces luminosos

entrando por ventanas diferentes

en una luz se unieran jubilosos.

Y el Señor con sus pechos transparentes

baña en rayos de leche deleitosos

tus amorosas  médulas ardientes.

 

SONETO

Cuando la tarde extigue sus fulgores

y oscurece la cara del planeta,

soy otra vez el mudo anacoreta

que he sido en otras vidas anteriores.

 

Asciendo por mis cielos interiores

disuelta ya la dimensión concreta

de este cuerpo mortal que me sujeta

a la ley de los límites menores.

 

Absorbo los espacios siderales

con sus astros que giran armoniosos

como eterrnos acordesmusicales.

 

Y en místicos instantes silenciosos

traspasa el Universo mis umbrales

y soy todos sus mundos luminosos.

Género al que pertenece la obra: Poesía
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