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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 13 de agosto de 2022

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¿Qué hizo Nora cuando se marchó? (1994)

Trabajo dramatúrgico de Fernando Doménech, José Ramón Fernández, Juan Antonio Hormigón y Carlos Rodríguez


Madrid: Publicaciones de la ADE, 1994.

 

Sobre la pantalla se proyecta una, y otra, y otra, y otra vez la escena final de la versión cinematográfica de Casa de muñecas. Nora vuelve y vuelve a dar el portazo hasta que la voz en «off» de la Sibila y unas imágenes desérticas convocan un espacio irreal. Caronte cruza el patio de butacas en perpendicular a la escena transportando en su barca invisible, a ritmo cansino, a una mujer -¿una actriz, un personaje?- que parece despertar de un sueño confuso.

 

En el borde de las tablas les espera Cerbero. No es perro bicéfalo, sino mayordomo longilíneo y mefistofélico. En el escenario, el amplio suelo desnudo de madera, con escasos objetos apiñados en sus laterales, traen el recuerdo de un «ring». El ambiente es sombrío, con una penumbra apenas rota por luces que parecen azules y rojas que vienen de lo alto y que no transmiten calor alguno.

Cortesías burocráticas y un puñado de arena derramado en el suelo acompañan la entrada en escena de Minos, Eaco y Radamanto que, vestidos de negro gala y armados de atril y ficheros, ocupan unos sillones a la izquierda del espectador. Una palabra susurrada a la mujer -«Moscú»- la empuja a interpretar «las tres hermanas de Chejov».

Entre discusiones y dudas que enfrentan repetidamente a sus conductores, se inicia así un «procedimiento» de extraña lógica administrativa. Un basto mobiliario y el concurso de un amable y pulcro Pirandello provocan una escena de Seis personajes en busca de autor; la entrada de Salvador Espriu, carpeta al brazo, un tenso diálogo de su Antígona; la de William Shakespeare, misteriosa, la maquinación asesina de Macbeth y su esposa... No aparece Lope por ningún lado, pero sí María de Zayas, que se burla del escándalo que su presencia concita y conduce una larga escena de La vengadora de las mujeres que provoca el disgusto de algún burócrata del Hades...

Pero el «procedimiento» no avanza, corre el riesgo de quedar bloqueado. Espriu sugiere entonces la «Antígona de Brecht» y sombreros negros y misales hacen irrumpir en escena la Santa Juana de los Mataderos. Al término de la escena, la actriz, aturdida, se ve de nuevo transportada en el tiempo por un avejentado mobiliario y, sin transición, forzada a interpretar la escena final de Casa de muñecas. Mejor, «una» escena final de Casa de muñecas que acaba con la sumisión de Nora y con un Helmer feliz que le subraya: «yo seré a un tiempo tu voluntad y tu conciencia»...

Todo parece haber concluido satisfactoriamente. Los oficiantes se felicitan, se saludan, se despiden e ignoran a la actriz. Pero ésta ¿animada por la proyección de unas escenas de Cilda, Fama y Julia?- parece despertar de otro sueño e interrumpe con firmeza los parabienes: «Esta noche no voy a dormir». Los burócratas del Hades, que ya desfilaban por el fondo, se vuelven confusos. y retoman nerviosa y colectivamente el papel de Helmer. Minos, Eaco, y los demás asumen las réplicas a Nora en la «otra» escena final de Casa de muñecas. La que concluye con la decisión de Nora. Y con su portazo.

El portazo parece entonces despertar a un Hades paternal e irónico, que desde una pantalla interpela amablemente a la actriz: «ha escrito usted una página demasiado hermosa como para no terminarla. Creo que debería regresar y concluir esa escena. Siga, siga ensayando... » Al pie del escenario, un Caronte resignado que ha vuelto a cruzar el patio de butacas sobre su barca, aguarda a la actriz para el viaje de vuelta...

 

Alberto Fernández Torres


 

Género al que pertenece la obra: Teatro
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