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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Miércoles, 30 de septiembre de 2020

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Tormenta de Fuego

El sonido de la muerte vuelve a llamar a la puerta,
y yo soy un ser, humano, despojado de todas mis tierras.
Esta rutina que nos imponen
supone perder amigos, vecinos, hermanos, padres, primos, hijos;
y no llego a acostumbrarme.

Sólo vivo porque no he sido el error de un misil
o el objetivo del enemigo;
me encuentro en mitad de una guerra que no empecé
y no termina.
Y si lo hace, seguiré sin haberla entendido.

Es duro ser niño en esta franja,
donde la playa te mata y ni siquiera estar en casa te salva;
lo que quiero decir es que cuando intento vivir tranquilo,
pierdo otro nuevo amigo.
Y los más ancianos me cuentan que una vez
- a veces pienso que cosas de la vejez -
vivimos libres y sin miedo,
cultivando nuestras plantas y dando gracias al cielo.

Crecí viendo unos pájaros de acero,
que de vez en cuando matan a la gente a la que quiero.

Me pregunto qué ha hecho mi familia para merecer esto.
Pero sigo sin respuestas, mientras veo a hombres de traje que dicen que somos terroristas que buscamos acabar con el resto.
Las noches son el peor momento,
aun sin luz en las calles puedo ver destellos en la ciudad,
y luego,
sólo lamentos.

No puedo odiar,
porque sólo tengo miedo.
Conocí a niños que me dijeron que los sionistas son los culpables de todo esto.
No conozco a ninguno; quiero pensar que hay muchos buenos.

Es duro ser madre y no poder hacer nada:
recién viuda y con una hija postrada en la cama.
Claro que hay vecinos armados que luchan contra la ocupación:
¿qué más queda cuando se pierde la razón?
Este ciclo de muerte no tiene fin; todavía resuenan en mí los ecos de muerte de 2008;
hoy, vuelven a estar aquí.

Quiero recuperar lo que una vez tuve y me quitaron sin dejarme elegir
pero veo odio en las miradas de muchos de mis vecinos;
Hebrón, hace no tanto, fue un lugar feliz.

Intento escapar de este horror, pero Gaza es una cárcel con barrotes y muros.
Es como si todo estuviera planeado para que muramos en este maldito embudo.

Lo que me deja perplejo es que encuentro sonrisas tras los escombros,
y gente que trabaja día tras día para un mundo más justo.

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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