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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 21 de noviembre de 2019

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HÚroes, tumbas y libros perdidos (2012)

Premio UCM de Narrativa, 2011

Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 2012

Una tesis sobre AnÝbal lleva al profesor Tim F. Crouse a traspasar el umbral de La biblioteca de los libros perdidos, donde se archivan pßginas que se perdieron con el devenir de los siglos y que conforman el sue´┐Żo de cualquier historiador.

Con este original relato se entremezclan, de modo muy sutil, otras seis historias que nos llevan desde la aventura equinoccial de La lista de Salazar, hasta la crudeza de un campamento de refugiados o la inclemencia del invierno ruso, desde el borgiano Quator al conradiano No hay salida.

La guerra, el amor, la derrota y la aventura dibujan un mapa universal, con ´┐Żim´┐Żgenes -como escribe Jos´┐Ż M. Luc´┐Ża en el pr´┐Żlogo- tan sobresalientes, tan vigorosas, tan traum´┐Żticamente modernas como las de Tienes que cavar, grandes proezas hist´┐Żricas que se vuelven cotidianas, llenas de renuncias y de miserias, heroicidades que nacen del anonimato y que nos devuelven la esperanza en el hombre, personajes que se mueven en la desesperaci´┐Żn de lo inevitable o en busca de ese misterio que todo lo abraza. Leyendo los siete relatos que componen este magn´┐Żfico libro uno se siente un lector de raza delante de un escritor de raza´┐Ż.

 

 

PR´┐ŻLOGO

Por Jos´┐Ż Manuel Luc´┐Ża Meg´┐Żas

 

Sobre listas, viajes, trincheras, zanjas, fragmentos, libros perdidos y suicidios (o la importancia de llamarse Julio Alejandre Calvi´┐Żo)

Las horas pasan y los dedos siguen componiendo frases sobre el teclado del ordenador como quien ejecuta una partitura. Una partitura imaginaria que se convierte en letras, en palabras, en p´┐Żrrafos en la escandalosa frialdad de la pantalla. Hace unos a´┐Żos ese movimiento r´┐Żtmico sobre el teclado, ese casi pasar las yemas de los dedos y ser testigo del milagro cotidiano de convertir en gestos, conversaciones y paisajes lo que son solo im´┐Żgenes en la imaginaci´┐Żn, se acompa´┐Żaba del sonido de las teclas que chocaban, que marcaban al fuego de la escritura los folios en blanco; un sonido que era r´┐Żtmico cuando las ideas flu´┐Żan y los di´┐Żlogos se encaramaban de la mente al teclado, y que se volv´┐Ża entrecortado, casi tartamudo cuando todo era un caos y hab´┐Ża que volver sobre lo escrito y uno sacaba con furia, a veces rompi´┐Żndolo, el folio reci´┐Żn escrito, reci´┐Żn destruido que se convert´┐Ża en una bola de papel con la que jug´┐Żbamos a una canasta de tres puntos con la lejana papelera. Una papelera que estaba siempre colocada en una estrat´┐Żgica esquina. Y entonces uno volv´┐Ża a coger un folio, y volv´┐Ża a colocarlo y volv´┐Ża a comenzar a escribir, a seguir dando vida a esos seres de letras, de im´┐Żgenes, de palabras que se agolpaban en nuestra cabeza, en nuestra imaginaci´┐Żn, y que quer´┐Żan abandonarnos para convertirse en seres de papel, en seres que pudieran transformarse en compa´┐Żeros de futuros lectores, volver a ser verdad al pasar de la lectura al recuerdo. Y mucho antes, en los primeros tiempos, ni ordenadores ni m´┐Żquinas de escribir; ni teclados inal´┐Żmbricos ni pesadas olivettis azules: el papel en blanco, el folio en sucio, la p´┐Żgina del cuaderno o de la libreta, o esos papelillos donde ir dejando rastro de nuestras ideas, de los pensamientos y di´┐Żlogos de nuestros personajes, de las tramas que deb´┐Żan volver veros´┐Żmil lo que no era m´┐Żs que un cuento, un sue´┐Żo, una supercher´┐Ża. Folios y folios, p´┐Żginas y p´┐Żginas llenas de tachones, de reconsideraciones, de lecturas y relecturas que volv´┐Żan un puzzle lo que hab´┐Żamos pensado que era una idea genial. Y todos so´┐Ż´┐Żbamos, con las manos destrozadas y los dedos aturdidos, con encontrar un comienzo de novela como la de Cien a´┐Żos de soledad... esos lejanos a´┐Żos en que un personaje desgranaba el misterio de un pasado que se convert´┐Ża en nuestro presente, el ´┐Żnico real mientras no quer´┐Żamos dejar de leer, de vivir entre las p´┐Żginas de un libro.

            Pero ante la inexpresiva y silenciosa pantalla del ordenador, ante el folio en blanco atrapado en las fauces de la m´┐Żquina de escribir, ante la p´┐Żgina que se volv´┐Ża cubista en nuestras anotaciones, cambios, tachaduras, escribiendo al rev´┐Żs y al derecho, siguiendo las l´┐Żneas torcidas de nuestra imaginaci´┐Żn siempre la misma realidad, la misma actitud: el escritor que aparca su vida, que aparca sus horas de vida, de compa´┐Ż´┐Ża, de relaci´┐Żn, de afectos y de conversaci´┐Żn, para dar vida con sus letras, con sus palabras, con sus frases, con sus im´┐Żgenes a tantos otros personajes, a tantos otros espacios, conversaciones y geograf´┐Żas, que van surgiendo de sus escritos como el mago hace salir de la oreja de un espectador un largo y sedoso pa´┐Żuelo de seda blanca. Vidas de letras que sue´┐Żan con convertirse en vidas de papel, en libros (impresos o digitales) que permitan establecer puentes con los lectores, con esos seres tambi´┐Żn m´┐Żgicos que al pasar su tiempo leyendo historias y no vivi´┐Żndolas hacen que se hagan realidad, que vivan las conversaciones, las tramas, las an´┐Żcdotas y los conflictos de los personajes nacidos de la imaginaci´┐Żn, del arte y del oficio de tantos escritores. El personaje de imaginaci´┐Żn que se convierte en letra para llegar a ser libro y as´┐Ż vivir realmente en la lectura, en el recuerdo (y por tanto en la imaginaci´┐Żn) de un lector, cerrando as´┐Ż el ciclo de vida que se abre en el momento en que un lector comienza a interesarse por "La Revista hispano filipina de Asia y el Pac´┐Żfico naci´┐Ż pose´┐Żda de gran rigor cient´┐Żfico y esp´┐Żritu innovador...".

            Julio Alejandre Calvi´┐Żo nos regala en este libro un fest´┐Żn de historias y de personajes, de aventuras y de di´┐Żlogos, que se han convertido en seres de papel gracias a un premio literario. Leyendo los siete relatos que componen este magn´┐Żfico libro me he sentido un lector de raza al estar delante de un escritor de raza, de esos que saben mantener el pulso de las historias y de los personajes, el justo pulso m´┐Żs all´┐Ż de la tendencia actual de convertir cualquier historia en cientos de p´┐Żginas, en cientos de p´┐Żginas innecesarias, insuficientes, olvidables. Nada que ver con este libro. El relato como g´┐Żnero es piedra de toque para el escritor, para el novelista. El relato -que no goza en nuestros tiempos del predicamento que merecer´┐Ża y las razones se me escapan- vive a un tiempo de lo que dice y de lo que calla. La vida que se convierte en imagen en un instante y que nos obliga a imaginar un antes y un despu´┐Żs. Y en los relatos de Julio Alejandre encontrar´┐Ż el lector imaginaciones y recuerdos de muy diferente ´┐Żndole, pero todos relacionados con el hilo de la historia, de una historia que se rescata en escritos, en confesiones, en libros perdidos o en im´┐Żgenes tan sobresalientes, tan vigorosas, tan traum´┐Żticamente modernas como las de "Tienes que cavar". Grandes proezas hist´┐Żricas que se vuelven cotidianas, llenas de renuncias y de miserias ("La lista de Salazar"); heroicidades que nacen del anonimato y que nos devuelven la esperanza en el hombre, en su futuro como civilizaci´┐Żn ("La noche m´┐Żs fr´┐Ża"), o que se mueven en la desesperaci´┐Żn de lo inevitable ("No hay salida" o "Para no verte siempre") o ese misterio que todo lo abraza, hasta la reflexi´┐Żn que pretende descubrir el origen de todo y de todos ("Quator" o "La biblioteca de los libros perdidos"), todo ello y mucho m´┐Żs podr´┐Ż el lector encontrar en los magn´┐Żficos relatos de Julio Alejandre.

            Pedacitos de vida, pedacitos de esa vida que Julio Alejandre no ha vivido al estar dedicando su tiempo a escribirlos, a corregirlos, a pulirlos y a abandonarlos a la suerte de la impresi´┐Żn y de la lectura; pedacitos de vidas de papel que ahora se multiplicar´┐Żn en las lecturas de este libro que tienes entre las manos, de este libro que ahora se abre ofreci´┐Żndote un tesoro de historias, de personajes, de escenas y de im´┐Żgenes, que sobrecogen por su cercan´┐Ża, por la reflexi´┐Żn a las que nos obliga al situar el pasado en el presente de la literatura, de la buena literatura, esa que hace que no podamos despegar los ojos de las p´┐Żginas, de los p´┐Żrrafos, de las palabras, de las letras que estamos leyendo; esa buena literatura que siempre nos acompa´┐Żar´┐Ż como si fuera un verdadero recuerdo de nuestra vida. ´┐ŻQui´┐Żn ha dicho que leer, que escribir no es tambi´┐Żn una forma de vivir? Y de buena vida y de buena literatura est´┐Ż este libro lleno.  De mucha, pero que mucha vida.

 

GÚnero al que pertenece la obra: Narrativa
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