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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 24 de noviembre de 2020

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Volveremos

Pasaporte

Parece que las cosas se están volviendo a tornar complicadas en España en particular y en el mundo en general. ¿No os parece que este loco mundo se parece cada vez más a una película de ciencia ficción? Lo malo es que, en la realidad, las consecuencias también son reales. No podemos cambiar de canal o apagar la tele. Además, nosotros, queramos o no, estamos inmersos de lleno en esta película, que está sacando a relucir las miserias ocultas de muchas personas. Tal vez son los momentos difíciles, como este, los que nos muestran quiénes somos. Porque cuando todo va bien, es muy fácil ser la mejor versión de nosotros mismos.

A todos nos está afectando en mayor o menor medida lo que está aconteciendo. Yo puedo considerarme (y me considero) afortunado, pues tanto la salud de mis seres queridos como la mía se encuentran en perfecto estado; y espero que continúe así hasta que todo esto pase, que pasará. Pero quieras o no, a las personas que son viajeras empedernidas como yo, esto nos duele emocionalmente.

A pesar de todo, lo estoy llevando bastante bien. O eso creo. Un poco más estresada de lo habitual, eso sí. Una vez al año (a veces más) acostumbro a darme un respiro de lo de siempre: la rutina de siempre, los conocidos de siempre, el lugar de siempre... incluso la "yo" de siempre. Esa desconexión de mi entorno y de mí misma que consigo viajando a un sitio nuevo, ejerce un poder balsámico sobre mí y supone un balón de oxígeno para poder seguir luchando en todas esas pequeñas batallas que mantenemos en nuestro día a día, algunas más transcendentes que otras (si es que existe algo que de verdad sea trascendente, que lo dudo).

Hace un par de días, haciendo una limpieza general en casa (también me resulta terapéutico hasta cierto punto), saqué mi pasaporte de un cajón y me puse a ver los sellos que contienen sus páginas, llena de nostalgia.

¡Esos sellos cuentan tantas historias!

Entonces me di cuenta de que acaba de caducarse hace no más de un mes.

¡Pobre pasaporte! No fue un final digno para ti.

Y dejé todo empantanado y a medias para abalanzarme sobre mi ordenador portátil, como si de un asunto de vida o muerte se tratase, y saqué cita para pasaporte español. Ahora lo pienso y sé que fue una idiotez. ¿Qué urgencia hay? ¿Para qué renovarlo ya, si aún no voy a utilizarlo durante una buena temporada?

Sí, ya lo sé: se puede anular la cita previa, aún estoy a tiempo. Pero una parte de mí necesita que mi pasaporte esté en regla. Tal vez la misma que necesita que la casa esté perfectamente limpia y ordenada, pero también la parte de mí que sueña con volver a viajar a donde el azar o el destino me quieran llevar, sin miedo a darle un abrazo a otra persona o a siquiera acercarme a ella.

Ese pasaporte renovado, limpio y aún sin estrenar, me dice que antes o después todo esto va a quedar atrás, como otra gran catástrofe que la humanidad consiguió superar, aunque con la tragedia de quienes no lo consiguieron y se quedaron en el camino.

Cada vez que sienta que mi ánimo flaquea o que mis sueños están demasiado hambrientos, no tendré más que abrir el cajón y ese pasaporte me recordará que pronto volveremos a ser los de antes.

 

Género al que pertenece la obra: Periodismo literario
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