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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 5 de julio de 2022

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Estudiar derecho y trabajar como abogado

Derecho

¡Hola! Ya hacía bastante que no escribía por aquí. La vida de universitaria trabajadora no me deja demasiado tiempo libre. Y, al fin y al cabo, esto es un pasatiempo con el que disfruto del placer de escribir, no una obligación, por lo que lo mismo te escribo dos artículos en un día, que en un año.

Pero vamos al meollo de la cuestión: tengo una amiga que... sí, ya sé que lo de "tengo una amiga" suele significar que la amiga soy yo misma, pero en este caso es cierto. Tengo una amiga que quiere ser abogada. De hecho, está estudiando derecho, de modo que ha dado ese importante paso que consiste en ir a por ello, en lugar de quedarse simplemente en el deseo, que por desgracia es lo que hace casi todo mundo.

 

Pero de pronto le ha llegado esa especie de crisis existencial/vocacional/laboral que sufrimos muchos estudiantes cuando nos ponemos a pensar en el después de. Porque mientras dure la carrera (y el máster, en caso de que nos queden fuerzas y dinero para eso), vivimos en una burbuja en la que el esfuerzo se premia y todo tiene sentido. Si estudias lo suficiente, sacas buenas notas; si no estudias lo suficiente, te catean.

Esa sensación de que tienes el control de tu destino estudiantil (aunque con matices), suele compensar el estrés que vivimos por el hecho de ser evaluados en todo momento. ¿Pero qué sucede cuando terminas la carrera? Último examen, presentación del proyecto de fin de carrera, etc. La felicidad de haberlo logrado y obtener el título debe de ser inmensa. Pero entonces llega la realidad. Porque la realidad no es esa que has experimentado en tu burbuja universitaria. El mundo laboral cae sobre ti y te deja noqueado. Lo he visto con varios amigos que ya han terminado.

Tener el título te abre ciertas puertas que estarían cerradas para ti de no tenerlo, haber sacado unas notas decentes también ayuda, pero ahora eres un novato en medio de la jungla, sin experiencia y sin un camino que seguir. Ya nadie te va a guiar ni te va a decir qué debes hacer, estás tú solo contra el mundo. Y, por desgracia, a día de hoy la mayoría de graduados universitarios españoles acaban trabajando de otra cosa. ¿No es triste? Pasar tantos años esforzándote y preparándote, para acabar trabajando en algo que quizá ni siquiera tiene nada que ver con lo que has estudiado.

Algunos se topan con esto al acabar. Otros, como me pasó a mí en su momento y le está pasando a mi amiga ahora, vivimos esa crisis antes de que llegue el momento. Y, la verdad, no sé si es mejor o no. Quizá es mejor, porque te preparas para lo que llega. Pero quizá solo nos hace sentir una ansiedad y un miedo a algo que ni siquiera ha ocurrido aún.

El caso es que mi amiga se ha dado cuenta de que el panorama laboral no está nada bien. "Le das una patada a una piedra y te salen veinte abogados", dice. No sé si es cierto, pero las perspectivas económicas para los próximos años tampoco son demasiado alentadoras.
Lo bueno es que, tras la angustia inicial, mi amiga se ha puesto manos a la obra con la tarea de resolver ese futuro (posible) problema. Me ha hablado sobre lo importante que es internet hoy en día para todo y, colocando a la red de redes en el centro, a comenzado a confeccionar un planning para buscar trabajo cuando llegue el momento (¡y aún le quedan al menos dos años de carrera!).

Te cuento el plan que tiene, porque me ha parecido genial: desde el día uno comenzará a ofertar sus servicios en unas plataformas que te permiten trabajar de abogado desde casa. Bueno, no exactamente. Más bien te permiten buscar clientes desde casa y trabajas de forma libre, como freelance (no sé si es correcto usar este término en este caso). Dicho de otro modo: el cliente te contrata a ti, no trabajas para una empresa, ni tienes nómina.

La clave del asunto es que piensa trabajar gratis. Sí, como lo oyes. Lo que quiere no es dinero, sino experiencia. Y, entonces, con esa experiencia, ir escalando con el boca-oreja o presentar su curriculum pudiendo incluir en él, no solo las buenas notas que está sacando, sino una experiencia y una gran iniciativa y sentido emprendedor.

Pero es que hay más: se ha descargado decenas de plantillas de currículum, simplemente para escoger la más llamativa, profesional, etc. para llamar la atención de quien sea que se ocupe de las contrataciones. Y también piensa en cómo escribir la carta de presentación y en presentar varias cartas de recomendación, porque si va a trabajar gratis para varios clientes, seguro que se prestan a recomendarla.

Todo esto me ha hecho reflexionar a mí y también me ha motivado mucho. Igualmente puedes darte un gran porrazo contra la realidad, pero cuanto más preparada vayas, más inclinarás la balanza a tu favor. No sé si mi amiga se pasa de previsora o si es una crack. Pero, cuanto menos, es admirable. Dan ganas de contratarla, ¿a que sí?

Género al que pertenece la obra: Periodismo literario
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