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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 8 de marzo de 2021

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Leyendas y restos en el mar

Resumimos algunas de las maravillas que hay aún en nuestros mares y las consecuencias a nivel de contaminación

En los fondos marinos se hallan diseminados más de tres millones de navíos naufragados sin localizar. Otros han sido descubiertos en los últimos años.

EL THISTLEGORM

Uno de los pecios más famosos visitables es el Thistlegorm, hundido en el Mar Rojo, cerca de Sharm el Seik (Egipto). Armado en Inglaterra allá por los años 40, el Thistlegorm era un barco de transporte de material bélico. En el año 1941, sufrió un bombardeo mientras esperaba para cruzar por el canal de Suez. Los daños fueron fatales y la nave, de más de nueve mil toneladas de peso, acabó hundiéndose. Hoy en día descansa a 28 metros de profundidad y son muchos los buceadores que se acercan hasta él para contemplar todo lo que se esconde en sus entrañas. Y es que, a pesar del paso del tiempo, en el barco aun se distinguen las motocicletas BSA Norton perfectamente ordenadas en el interior de sus bodegas, los vagones de ferrocarril, los jeeps, los carros de combate, las municiones, los remolques, las armas, la ropa de la tropa... En el puente de popa incluso se conserva el gran cañón antiaéreo, y las cabinas de los tripulantes.

EL TITANIC

De todos los pecios conocidos, el más famoso es, sin duda alguna, el Titanic. Mítico y misterioso, su historia ha conquistado al cine, a la literatura y a los propios científicos, arqueólogos, buceadores y amantes del mar. Naufragó el 15 de abril de 1912, en el Atlántico Norte, frente a Terranova, tras chocar con un iceberg y se llevó consigo las vidas de 1.500 personas. Aunque su trágica historia era sobradamente conocida, sus restos no fueron localizados hasta 1985. Dos equipos, uno norteamericano, dirigido por Robert D. Ballard, y otro francés, a cargo de Jean-Louis Michel, fueron los autores del hallazgo. La expedición, patrocinada por el Instituto Norteamericano de Oceanografía de Woods Hole y el Instituto Francés de Oceanografía (Ifremer), localizó los restos del barco a 3.810 metros de profundidad y a 531 kilómetros de la costa de Newfoundland, Canadá. Para llegar al pecio utilizaron un pequeño submarino, el DSV Alvin, especialmente diseñado para soportar la inmensa presión reinante a tan baja altura.

A pesar de los avances de la tecnología, la visita al Titanic sigue siendo un sueño. Dada la profundidad de su ubicación, de momento no puede ser explorado por submarinistas de forma directa, sólo a través de submarinos especializados. Lo que si ha habido es un polémico intento de reflotar el barco. Ese era al menos el deseo del empresario y ex-vendedor de coches George Tulloch, cuya empresa adquirió hace poco todos los derechos sobre el naufragio. Deseoso de ver el Titanic de nuevo a flote, el empresario organizó una gran expedición a la que invitó a varias personalidades relevantes estadounidenses para que contemplaran en directo como se rescataba parte del casco del barco. Pero la aventura resultó un completo fracaso.

Lo que si logró Tulloch fue recuperar más de 4.000 objetos del Titanic, sin duda, un gran reto tecnológico. La ley prohibió la venta de estos enseres pero no su exposición temporal en el Museo Marítimo de Greenwich. Al parecer, las piezas recuperadas estaban en perfecto estado. Y es que a 4.000 metros de profundidad, las aguas son tranquilas, la sedimentación de las partículas en suspensión, lenta, y las bajas temperaturas favorecen su conservación. La clave es que el objeto no sea hueco. Esa es la explicación de porqué el vidrio, la mayoría de los metales y las cerámicas del Titanic recuperadas hasta la fecha se hallan en tan buen estado.

GALEONES DE RANDE

El Titanic es un ejemplo de barco mítico y no visitable. Pero no hay que ir tan lejos para encontrar restos históricos, arqueológicos y legendarios. Aquí mismo en Galicia, en el Estrecho de Rande, existen otros pecios de gran valor. En sus fondos reposan diecinueve galeones hundidos por una flota anglo-holandesa en 1702. Son los llamados Galeones de Rande.

Los diecinueve galeones españoles, procedentes de México y escoltados por veintitrés barcos de guerra franceses, transportaban, nada más y nada menos, que ciento ocho millones de piezas de plata, oro y otras mercancías preciosas. Con este tesoro, históricamente conocido como la flota del oro, se pensaba costear la Guerra de Sucesión en favor de Felipe V. El retraso burocrático de un mes durante la descarga del botín facilitó la llegada de una flota de piratas anglo-holandeses deseosos por conquistar la ría de Vigo. Fue el comienzo de una cruenta batalla en la que los capitanes españoles, al sentirse dominados, prefirieron hundir las embarcaciones antes que rendirlas. El saldo definitivo fue de casi tres mil muertos, otros tantos heridos y el hundimiento de los galeones.

De todo el tesoro, los españoles salvaron más de seis millones de piezas. Se cuenta que los ingleses y los holandeses robaron alrededor de cuarenta millones de piezas más. Se dice también que, antes de la batalla, y en previsión de los que pudiese ocurrir, circularon por Pontevedra, Padrón y Lugo carros de bueyes cargados de riquezas. El resto de objetos, casi la mitad del cargamento inicial, permanecen, aún hoy en día, dormidos en el fondo de la ría de Vigo. Y la polémica acerca de la recuperación de los Galeones resurge cada poco.

EL ULUBURUN Y EL VASA

Los Galeones de Rande no están al alcance de los buceadores. Tampoco lo estaba el Uluburun, el pecio más antiguo conocido, fechado en los siglos XIV o XIII a.C. Se hundió en Bodrum, (Turquía) a 50 metros de profundidad y se cree que su origen era Levantino o Chipriota. En 1984 comenzó una labor de rescate que finalizó once años después. Durante las excavaciones subacuáticas, la localidad triplicó la población, consolidando su posición turística frente al resto del país. Desde 1995, el Uluburun y su cargamento de metales preciosos, vasijas y resinas se exponen en el Museo de Arqueología Subacuática de Bodrum.

Otro ejemplo de navío rescatado del mar es el Vasa. Un barco de guerra construido en 1628 que se hundió en el Mar Báltico pocos años después. Su descubrimiento fue muy importante, ya que su estado de conservación es excelente. Tras su extracción del lecho marino permanece expuesto en el Museo Vasa de Estocolmo (Suecia) y atrae cada año a una media de 750.000 visitantes.

EL SS. YONGALA

Seguimos de viaje por las entrañas del mar en busca de pecios visitables. Y llegamos a Australia, a Queensland concretamente, donde se esconde otro de los clásicos: el S.S Yongala. Uno de los mejores lugares de inmersión del mundo por la cantidad de vida que ronda el barco. Era esta una embarcación de pasajeros y mercancías que unía las distintas capitales australianas. El 23 de marzo de 1911, mientras viajaba desde Mackay hasta Townville, estalló un temporal con vientos que sobrepasaban los 200 km/h. La lluvía era torrencial, la visibilidad nula y la navegación pronto se hizo imposible. Los 121 pasajeros no tardaron en darse cuenta de que había llegado su final. Y así fue. El S.S Yongala desapareció en la tormenta y curiosamente, nadie supo de su paradero hasta agosto de 1958, fecha en la dos buceadores profesionales hallaron los restos del barco a tan sólo 14 metros de la superficie. La identificación fue fácil. A pesar del paso del tiempo, el nombre del barco en el casco era todavía, y es, perfectamente visible.

EL U-1277

Barcos, galeones, y hasta submarinos. Ejemplo de este último es el U-1277, hundido frente a la playa de Angeiras, en Oporto (Portugal). Era este un submarino alemán de combate. Tras realizar tareas de instrucción y experimentación, en febrero de 1945, al final ya de la II Guerra Mundial, pasó a formar parte de la llamada onceava flotilla. Su misión a partir de entonces fue navegar a través del estrecho de Islandia hacia el Atlántico para situarse como vigía a la entrada del Canal de la Mancha. El submarino desplazaba 769 toneladas en superficie y 871 cuando se sumergía. Alcanzaba una profundidad máxima de entre 150 y 180 metros. Transportaba cinco lanzatorpedos y en el exterior de la torre tenía un cañón y dos ametralladoras antiaéreas de 20 mm. La tripulación estaba compuesta por 45 hombres, cuatro de ellos oficiales, cuya edad oscilaba entre los 18 y los 25 años.

Tras la firma del armisticio, el 8 de mayo de 1945, el submarino vagó durante un mes sin rumbo hasta la madrugada del 3 de junio de 1945, fecha en la que su comandante dio la orden de hundir intencionadamente la nave frente al Cabo do Mundo. Allí descansó hasta que un grupo de pescadores portugueses, bucearon intrigados por saber que obstáculo retenía de sus redes de pesca. Y se encontraron con los restos del submarino sobre arena a 30 metros de profundidad. Actualmente la popa está enterrada y la quilla y la torre con los cañones antiaéreos han desaparecido, pero aún se ven bien tubos lanzatorpedos.

EL BOREAS

Hay barcos que naufragan solos, y otros son hundidos intencionadamente. Es el caso del Boreas. Este pecio nació como remolcador de altura alemán, entonces llamado Perworn, y participó en la II Guerra Mundial. Al finalizar la contienda, la Marina de EE UU adoptó el barco, al que rebautizó como USN102, hasta 1960, fecha en la que volvió a la Marina alemana. En 1980 se vendió a un desguace, pero acabó en manos de una oscura sociedad panameña que le cambió el nombre por el de Boreas. Pocos años después, la aduana española capturó el barco frente a las costas de Begur (Girona) cargado con 600 kilos. de hachís. Pasó el resto de sus días atracado en Palamós.

A finales de 1988 dos clubes de buceo se animaron a comprar el barco para hundirlo en la Llosa de Palamós, con el fin de crear un arrecife artificial que sirviera como protección a la fauna de la zona y para el disfrute de los submarinistas. Y allí sigue, a 30 metros de profundidad. Se puede entrar en las bodegas, en el compartimento del motor y en el puente de mando.

 

El problema de todos estos tesoros que hemos mencionado es que, a pesar de todo, siguen siendo residuos que contaminan nuestros mares. Nos alimentamos del mar cada día y por ello hay que tener en cuenta que nuestros peces mariscos y un largo etcétera pueden captar metales tóxicos de estos barcos hundidos. Problemas de salud son común denominador de la acumuluación de metales pesados en el organismo humano. Es por ello, que se hace evidente la necesidad de deshacerse de residuos marinos contaminantes de la manera adecuada. Además, a nivel personal, recomendamos estrategias de como eliminar mercurio del cerebro ya que se ha demostrado que es uno de los compuestos más abundantes en los productos marinos a nivel alimenticio y que más nos perjudican a nivel salud.

 

 

 

Fuentes 

elpais.com

elmundo.com

verdisa.com

 

Género al que pertenece la obra: Ensayo literario,Literatura digital,Periodismo literario
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