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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 8 de marzo de 2021

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El hombre del hielo

Frío, superviviencia y hielo en una historia que te pondrá los pelos de punta

Era un cazador. Su territorio eran los Alpes, donde abatía a sus presas. En las montañas encontró una muerte violenta, a 3.210 metros de altura, y el frío de un glaciar conservó su cuerpo durante 5.300 años. Fue ese mismo frío el que lo convirtió en una momia, la más antigua del mundo. Ötzi es historia en estado puro. 


Fue en el techo de Europa. Erika y Helmut Simon, una pareja de excursionistas alemanes de Nuremberg se apartaron unos metros de la ruta de senderismo que estaban explorando, de camino hacia el refugio de Similaun, en las montañas Ötzal, casi en el límite entre Italia y Austria, donde los Alpes se erigen como una frontera natural sólo franqueada a través de puertos como el Tisenjoch. En su descenso, se acercaron a una vaguada por la que corrían las aguas del deshielo de aquel 19 de septiembre de 1991. El hielo líquido provenía de un glaciar que durante siglos había llenado la vaguada. En la deslumbrante pureza del glaciar los montañeros vislumbraron una sombra oscura. Se acercaron y pudieron comprobar que se trataba del torso de un cuerpo humano que se asomaba entre el hielo. Después de fotografiarlo, relataron su hallazgo en el refugio y dieron parte a la policía.

 

Al día siguiente, un equipo de rescate austríaco se desplazó al glaciar. Creían que su misión era la de recuperar el cuerpo de la víctima de un accidente en algún momento indeterminado del siglo XX. Intentaron librarlo del hielo con un martillo neumático, pero el agua del deshielo dificultaba su tarea. Tres días más tarde, forenses de la Facultad de Medicina de la ciudad austríaca de Innsbruck se llevaron el cuerpo. La televisión documentó el proceso, durante el cual también se hallaron fragmentos de cuero, cordeles y paja. La momia reservaba una sorpresa: no se trataba de un montañero extraviado. Era un cadáver, sí, pero con 5.300 años de antigüedad, como demostró la prueba del carbono 14.

 

 

De inmediato, se tomaron medidas para garantizar la conservación de la momia, la más antigua del mundo, que había sufrido cambios de temperatura y desgarros durante el traslado. Los investigadores peinaron la montaña y el hielo les premió con nuevos hallazgos: el glaciar no sólo había conservado a través de los lentos siglos aquel cuerpo, sino que ofrecía ahora valiosas pistas -retazos de su indumentaria, utensilios- para reconstruir la identidad de a quien un día sorprendió la muerte a 70 metros del paso de Tisenjoch.

Un frío antiguo. Once años después de su regreso al mundo del deshielo, la momia descansa en una camilla en la cámara especial donde la aloja el Museo de Arqueología de Bolzano, en el norte de Italia. Boca arriba, sus ojos se pierden en el brillante metal de las instalaciones, estirada sobre telas esterilizadas, con el brazo izquierdo atravesado sobre la clavícula, los pies superpuestos en una postura que recuerda a un Cristo crucificado. Once años después, este hombre -su sexo fue una de las primeras averiguaciones de los científicos- se ha convertido en la fuente más fiable para atravesar el largo túnel del tiempo hasta el Neolítico. Y en una celebridad. Bautizado como Ötzi, por las montañas que lo cobijaron, la momia disfruta de unas excepcionales medidas de seguridad y conservación. Desde hace cuatro años es la estrella del museo que Bolzano construyó para él, y donde descansa a una temperatura de menos 6 grados bajo cero. La humedad es del 98 por ciento. Ya no es el frío antiguo del abrazo del glaciar, pero garantiza que Ötzi tendrá tranquilidad. Se trató de reconstruir con la cámara especial las condiciones del glaciar. La humedad se mantiene con agua esterilizada, ya que la destilada absorbía minerales de la momia.

 

 

Tanto en Innsbruck como en Bolzano, los científicos han tratado de extraer de la momia y de las que una vez fueron sus pertenencias la mayor información posible. El objetivo: tratar de averiguar todo lo posible del modo de vida de los habitantes del Neolítico. La ausencia de las marcas de depredadores y de insectos hacen pensar que la nieve cubrió a Ötzi casi inmediatamente después de su muerte, lo que ha favorecido un estado de conservación excepcional. El hecho de que el glaciar devolviese también sus utensilios y ropa añade mayor valor al hallazgo. Un gorro de piel de oso pardo, las vestimentas de piel de cabra, una capa vegetal contra la lluvia y unas botas de cuero con una capa aislante de paja, además de unas polainas, la ropa interior -también de cuero- y un cinturón formaban parte de la indumentaria de Ötzi. Igualmente interesante son el arco y las flechas, alojadas en un carcaj de piel, el hacha y un puñal con hoja de pedernal. Todo esto ha permitido ir a los investigadores más allá de la simple descripción de un cazador del Neolítico.

 

 

La longitud del arco, de 1 metro y 82 centímetros -Ötzi midió 1 metro y 59- permite saber que se trataba de un hombre musculoso. La hoja del hacha, de cobre, hace pensar que más que un arma representaba el estatus de un hombre importante y respetado. Se estima que tenía 46 años cuando murió, una edad muy avanzada para lo habitual de la época. Era un gran conocedor de su medio natural, como prueban los 18 tipos distintos de madera que tenía consigo, utilizados en virtud de sus características para una función determinada u otra. Había domesticado el fuego, que fabricaba con eslabón y pedernal, pero que también transportaba en sus cubos de corteza de abedul, ya que las brasas eran de gran utilidad en las difíciles condiciones metereológicas de los Alpes.  Como importante era también la medicina. Ötzi llevaba consigo hongos y setas que aplicaba sobre las heridas, aunque no sólo se autorecetaba, sino que también visitaba el médico: las piernas y la espalda, las dos zonas de mayor tensión del cuerpo del cazador, por las largas distancias que debía caminar y el esfuerzo de tensar la cuerda del arco, están llenas de marcas como tatuajes en forma de cruz, que hacen intuir que la acupuntura y la homeopatía son dos prácticas mucho más antiguas de lo que pensamos. Los contenidos de su estómago también revelan características de su dieta, en la que figuraban la carne de cabra, los cereales y las verduras. Además, no había rastro de caries. Consiguió no tener los pies frios en invierno. Pero el interior de Ötzi también ha aportado datos menos alimenticios. Los indicios de un polen cuyas plantas sólo crecen en el sur de los Alpes han permitido rastrear a grandes rasgos el origen de este cazador y concluir que estuvo en el valle de Venosta al menos 12 horas antes de encontrar la muerte, entre el final de la primavera y los inicios del verano. Pero, ¿cómo fue su muerte?

 

 

El asesinato más antiguo. Durante años, los científicos han especulado con varias teorías sobre lo que ya han calificado como el asesinato más antiguo del que se tiene noticia. En un principio, se atribuyó el fallecimiento de Ötzi a causas naturales, pero el hallazgo el año pasado de la punta de una flecha incrustada en su espalda tiró por tierra esta explicación. Una nueva pista refuerza la versión de que fue una muerte violenta. En un documental sobre la momia dirigido por Brando Quilici para Discovery Channel, que se emitirá en España el día 7, una de las primeras personas en ver el cuerpo, el guía Alois Pirpamer, le explicó al doctor Eduard Egarter, responsable de las investigaciones sobre Ötzi, que creyó ver en la mano derecha de la momia un cuchillo. Egarter, al tomar observaciones microscópicas de la mano halló un corte que atribuye a un arma. En su opinión, Ötzi libró una lucha cuerpo a cuerpo antes de caer finalmente asesinado. Egarter, cauto, no quiere aventurarse sobre la causa que llevó a Ötzi a la muerte. Quizá fue una venganza. O tal vez un robo. En todo caso, fue un motivo que tiene 5.300 años. Tan antiguo como el propio hombre.

 

 

 

 

Género al que pertenece la obra: Literatura digital,Periodismo literario
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