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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 17 de febrero de 2019

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El pueblo de la noche y Mohicania revisitada (2003)

Madrid, Punto de lectura, 2003

Traducción de Dolores Vilavedra y Manuel Rivas

Se incluye una selección de poemas de sus libros anteriores, además de algunos inéditos en la sección "Malabares"

 

 

VIAJE
Me dices que tenemos que levantar el vuelo,
cambiar de aires,
huir.
Pero allí donde vayamos, iremos tú y yo
y quién sabe si todo esto no vendrá también.


PARADA
Se había detenido para beber al borde de la carretera.
¿Qué pájaro es ése?
Un gorrión, respondió el labrador sin mirarlo siquiera.
No era un gorrión.
Los dos sabían que no podía ser un gorrión.
Así que subió de nuevo al coche,
se puso las gafas de sol
y arranco sin despedirse.


TERNURA
Ver al hombre solo,
débil,
con las pezuñas en la nieve,
armiñado de estrellas,
aullando al infinito.


HAIKU
Juegan los niños bajo 142 días de lluvia
y yo duermo en tu regazo.


LA SECCIÓN ÁUREA
Fue en el entierro de tía Anuncia, en Riocobo,
aquel día de sol que el frío atenazaba los pies.
Pepe, el de Teté, que es hijo de carpintero
me habló de la sección Áurea,
el número secreto que guarda la proporción entre los segmentos.
La cuna,
los primeros zuecos,
la herrada y el pote,
el hórreo,
el carro del país,
la artesa de pan centeno,
la carta de América,
el fuelle de la gaita,
el bordado de lino,
el lecho de amor,
la cuchara de palo,
la Virgen de los Dolores,
la llama del candil,
las cuentas del rosario,
tienen ese álgebra que sólo se contagia
con la luz del pan
en la mirada de
la madre.
La Sección Áurea.
La medida también de una tumba honorable.

 

MIL
Tengo algo importante que decir
ahora que acabamos de despedirnos
para siempre.
Te quiero.
Clávame las uñas,
pero has de saber que también fui sincero
las otras mil veces.
Ella me acusa de no tener sentimientos
porque hablo y hablo
o no hablo.
Se va a comer la uñas,
sus altivas uñas escarlata.
Pero me iré.
Se lo dije y rió indiferente,
pero me iré
o no me iré.
Llegaré a una de esas ciudades,
no tan grandes como una ciudad,
donde se para el tren y ya no hay más tren,
con monjas que se sientan sobre un barril de cerveza en la estación,
y miles de cuervos que esperan con sorna a EL- Rey
o una cámara de cine.
De esa ciudad sale un autobús
tan viejo que tiene un conductor que fuma
y que habla con los viajeros,
justo en cada curva,
cuando llueve,
y lo hace cada día desde siempre,
limpia el cristal con la mano,
como si estuviésemos cayendo,
llueve también dentro.
Y no pasa nada,
pues llegamos cuando escampa,
y sólo gotea en el autobús,
todos mojados menos los paisanos
que ríen
o no ríen.
Ésta ya no es ni ciudad ni nada,
pero hay un barco panza arriba
y una playa de arena negra.
Y hay también una cabina de teléfono.
¿Me oyes? Estoy en una cabina.
Sí, bien.
No, nada.
Llovía en el autobús.
Sólo hay un bar.
Sí, tengo monedas.
¿De verdad? Yo también. No, aún no se corta.
Sí, sigo aquí.
No, no estaba pensando.
Escuchaba, eso es todo.
No sé qué decías. Escuchaba.
No, no es un libro.
Son las hojas de
la guía.
¿Sabes cuál es el prefijo de Ras- AL-Khaimah?
Marcas 00, luego 971, después 77 y un número al azar
y ya puedes hablar con alguien en Ras-AL-Kaimah.
No, no es que no te escuche.
Escucho, sólo quiero escucharte.
Pero no me preguntes lo que dices.
No puedo hacer dos cosas al mismo tiempo,
entender y pensar en ti.
Qué fácil es hablar con cualquier lugar.
No, no cortes, por favor.
Si cuelgas,
llamaré a Ras-AL-Khaimah
o a cualquier lugar.
Mientras tú hablas, no tengo frío.
Él era fuerte y débil
como un marine yanqui.
Ella, frágil e invencible,
como una guerrillera del Vietcong.

 

DESPEDIDA
Puedo estar feliz.
Cae la casa,
pero mis hijos huyeron al bosque
con la cabeza llena de pájaros.


PUTA
Le tenía mucha veneración
a la Virgen del Carmen,
patrona del mar.
Sus mejores clientes habían sido marineros y curas.

 

NACIONALISMO
Abajo todas las naciones,
dijo aquella especie de mendigo.
¿Todas?
Todas.
Todas, menos aquella
que dé buena sombra.


UN CAFÉ CALIENTE
Dadme una espada honorable que me abata,
dijo el manzano,
pues estoy exhausto.
No quiero que en los muñones de mis brazos
cuelguen los hombres sus chaquetas.
Dadme un día sin poalla,
dijo el gallo.
O si no, lámpara y alevilla
para despertar un cuento.
Y a mí dadme una mentira piadosa,
dijo el pueblo,
una almohada de pluma donde olvide.
Dadme a mí un café caliente,
dijo el diablo,
para velar el sueño de esta noche.

WELCOME
Mi padre nunca decía nada,
pero se lo llevaban todos los demonios cuando volvía
con el pelo largo como una mujer.
Yo saludaba, hola, papá,
y él sacudía la pierna derecha
como quien busca el firme en un prado de lirios.

Género al que pertenece la obra: Poesía
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Comentarios - 1

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1
fendi outlet - 25-07-2016 - 10:08:21h

Pero allí donde vayamos, iremos tú y yo
y quién sabe si todo esto no vendrá también.


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