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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 16 de mayo de 2022

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La condesa

Relato breve.

Un grito gélido rompió la calidez de la noche.
Miriam se despertó sobresaltada, hizo caso omiso a las quejas de su pareja, que se revolvió entre las sábanas, salió de su habitación y subió las escaleras tan rápido como pudo. Todo parecía tranquilo, como si no hubiera pasado nada, pero ella sabía exactamente quién había gritado, aunque no dejaba de preguntarse por qué.
-¿Rebeca? ¿Estás bien? -dijo Miriam, todavía a oscuras.
Esperó unos segundos, abrió la puerta con delicadeza y pulsó el interruptor. Con la mirada perdida, su hija estaba sentada en el borde de la cama, inmóvil, su rostro cubierto por brillantes perlas de sudor.
-¿Qué ha pasado? -susurró Miriam mientras la abrazaba, incapaz de dejar de temblar.
No sabía cómo afrontar esta situación, sentía que la superaba. Cuando parecía que Rebeca volvía a ser la niña risueña de antes, volvieron los problemas. Miriam entendía lo mucho que había sufrido su hija durante el divorcio, pero lograron superarlo juntas, y ahora que se esforzaban al máximo en empezar una vida nueva, surgían más dificultades, esta vez de una naturaleza que escapaba a su comprensión. Las pesadillas de Rebeca cada vez iban a peor. Llevaba semanas sin dormir bien una sola noche, y Miriam sentía que debía hacer algo más por su hija que limitarse a escuchar las soluciones ineficaces de los médicos.
-Ha estado aquí -dijo Rebeca-. Ha vuelto, y esta noche no me va a dejar escapar.
-Tranquila, cariño. Escúchame, no te va a pasar nada, me voy a quedar toda la noche contigo, ¿vale?
-Está aquí, mamá. Mircalla, la condesa de Karnstein, no me va a dejar escapar. -respondió Rebeca entre sollozos.
El sonido de estas últimas palabras retumbó en la habitación e hizo que Miriam se estremeciera. No era la primera vez que su hija hablaba de Mircalla, y aunque había intentando investigar de dónde podría venir este nombre, la única explicación a la que Miriam encontraba algo de sentido era que la condesa era la personificación de las pesadillas y temores que acechaban a su hija.
-No te preocupes, esta noche nadie va a hacerte daño. -dijo Miriam, fingiendo tranquilidad.
-Ehm, ¿todo bien? -preguntó una voz desde el pasillo.
Miriam se apresuró en despedir a su acompañante. Tal vez le llamaría otro día, no lo habían pasado mal, pero ahora debía cuidar de Rebeca. Al volver a su habitación, su hija se había recostado y parecía más calmada. Aun así, Miriam pasó la noche sentada junto a su cama, luchando para no quedarse dormida.
A la mañana siguiente, dejó que Rebeca durmiera hasta que se hizo tarde para ir al colegio. Miriam la llamó un par de veces sin obtener respuesta. Alargó el brazo, notó su tacto frío, tenso, y en su desesperación distinguió dos diminutos puntos rojos en el cuello álgido de su hija.
La condesa de Karnstein se había cobrado a su víctima, y una vez más volvería a reinar en la noche con sangre renovada.

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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