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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 25 de octubre de 2020

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Para lo que quieras (2006)

Publicado en 2006 - Miscelánea literaria nº 2 

PARA LO QUE QUIERAS

 

 

Como cada día, el tercer acto a realizar después de tomar el ascensor y abrir la puerta de la vivienda, era pulsar la tecla del contestador una vez que ésta parpadeaba con roja insistencia y escuchar los mensajes. Sólo había uno: "Cielo, sabes que puedes contar conmigo para lo quieras, como siempre". Quedó perpleja. Acostumbrada a "Hija, no te olvides de las vitaminas", "Lucía, guapa, a ver si me llamas y quedamos que hace tiempo que no se nada de ti, chao, Pepa", "Soy tu hermano, que si puedes quedarte  con los niños el domingo porque tenemos una boda", aquel "Cielo, sabes que puedes contar conmigo para lo quieras, como siempre" la dejó paralizada. Lo escuchó varias veces intentando adivinar la voz, distinta a cualquiera de su entorno, además, nadie la llamaba cielo, pero si Luci, Luc o en caso extremo Lucía Laura López de Lerma, reducido a  4L ya desde la infancia y para los más íntimos. El mensaje le pareció tan bonito y tan directo que decidió desprenderse de los anteriores y conservarle.

 

4L lleva una vida tan sosegada para su edad que casi roza la monotonía. A las 7:00 despierta con The Carpenter y hasta las 8:00, entre ducha y aseo personal, consume su música, siempre la misma y durante años, desde que comprendió  que morir anoréxica no merecía la pena, de ahí sus continuas vitaminas y la advertencia de su madre para que se cuide. En media hora más desayuna con una cadena privada pues la pública le aburre, y ya informada sale a las 8.30 para su trabajo. Rutina. Rutina. Rutina. De vuelta a casa los tres actos de rigor, pero desde "Cielo, sabes que puedes contar conmigo para lo quieras, como siempre", el tercero lo realiza con una emoción y cuidado especial. La voz enlatada advierte que tiene tres mensajes nuevos. Mensaje número uno: "Soy tu madre y un día más cariño te advierto...", no le deja acabar. Mensaje número dos: "Puede pasar a recoger el traje cuando quiera, llamo de la tintorería para recordarle que sólo podemos tener las prendas tres meses y que la fecha de su caducidad esta próxima, gracias". Mensaje número tres:".....", un ruido infernal que lleva el camino de los anteriores, ser borrado, y por último, tiene un mensaje antiguo: "Cielo, sabes que puedes contar conmigo para lo quieras, como siempre".

 

Hacía tiempo que 4L tomó la decisión de emanciparse, pese a la fuerte oposición familiar, pues en contra de lo que con muchos de su generación estaban ocurriendo, ella no quiso quedarse en la casa paterna a verlas venir, y eligió la soledad aun a sabiendas que tanto su padre como su madre deseaban tenerla cerca. Ocupó un ático soleado y caliente desde donde se divisaba la Gran Plaza, y podía sentir la luna y las estrellas más próximas en las noches en vela, como próxima también estaba su madre para los momentos de extrema necesidad que por el momento habían sido los justos; y su hermano, para cuando a él le convenía; por eso, la voz cálida, firme y desconocida llevó a su hábitat la compañía. Se estableció, entre la voz y ella una comunión difícil de describir; y hacía sonar el mensaje varias veces al día poniendo el contestador al volumen máximo para que ese "Cielo, sabes que puedes contar conmigo para lo quieras, como siempre" se esparciera por las habitaciones y alcanzara cada rincón. 4L se había enamorado.

 

Forjó en su mente un hombre distinto a todos los que conocía, pero cogió de cada uno lo mejor hasta confeccionar un retrato robot que a buen seguro de haberlo tenido que sacar un pintor hubiera rayado tal perfección que no parecería humano. Llegó incluso a ponerle nombre, Gonzalo, porque le daba personalidad y se adaptaba a una edad a caballo entre la juventud y la incipiente madurez, más o menos como ella, porque con alguien más joven, como Pepa, con un crío al que llevaba quince años... "pues estamos muy enamorados", se defendía ella; y mucho más mayor tampoco, que el ejemplo lo tenía en sus padres: ella en una plenitud madura y serena y él sometido a un sillón frente al televisor con una manta abrigando las rodillas y dueño de todas las cadenas sin más paseos que los precisos cuando la vejiga o el vientre lo reclamaban, pero como bebe poco y come menos, no hay necesidad, y ella se consume viendo como él se consume mientras la vida, la poca vida que ya les queda "al menos a él" se les pasa silenciosa; a ella le hubiera gustado que al menos unos añitos más, a él, le hubiesen aguantado las energías, como cuando se casaron, él todo un señor y ella casi una niña, que hasta hubo un tiempo en que le duplicó la edad, y que si antes no le privó de nada ahora "no salgas", "no me dejes solo", "acuéstame", "levántame". Por eso, pensó 4L que con Gonzalo debería llevarse unos meses o a lo sumo un par de años. También pensó que sus gustos serían afines, misma música, mismas lecturas, misma comida y, en definitiva, mismas ilusiones.

 

Idealizada la voz tomada ahora corporeidad fantasmal, asumió 4L que Gonzalo era diferente a todo lo conocido y probado hasta el momento y que era justamente esa disposición hacia ella, sin pedir nada a cambio, "para lo que quieras como siempre", lo que le hacía ser el hombre de su vida; lo malo  era que ese "siempre" no llegaba nunca. Más de una vez necesitó su auxilio y no le tuvo cerca. Más de una tarde sintió frío y  no tuvo sus brazos. Más de una noche se desveló y la consoló el mensaje enlatado, y cuando sus labios temblaron no estaba él para darles calma. A nadie le contó su sin vivir aunque todos la notaron distraía. Su madre lo achacó a la falta de vitaminas, Pepa a que últimamente no se veían, en la oficina al cambio informático que llevaba a todos de cabeza, y su hermano ni se percató: "Te dejo a los niños el fin de semana porque nos vamos de boda a Bilbao. Besos".

 

El tercer acto del día D llegó a las 22:45. Mensaje número uno: "O recoge el traje mañana o nos deshacemos de él, llamamos de la tintorería". Mensaje número dos: "Cariño soy tu madre, acuérdate de tomar las vita...". Mensaje número tres: "Soy Pepa, el cubano es un impresentable, primero me habla de boda y ahora le descubro una hija en la isla, no sé qué hacer, llámame". Mensaje número cuatro: "Lo siento, he meditado mucho tu actitud de ayer y viendo que no quieres nada de mí, aún sabiendo que mi ofrecimiento fue de todo corazón, creo que lo mejor es cortar; cada uno por su camino; y prefiero hablarle al contestador antes que ver tu cara burlona; no creo que vuelva a llamarte. Adiós". Era Gonzalo. 4L rompió a llorar. Gonzalo y ella habían roto, cada uno por su lado, de la mañana a la noche, así sin más. Qué diferencia la rudeza de ahora con la delicadeza de entonces, eso sí, con la misma rotundidad. Si antes 4L anduvo distraída y enamorada ahora lo hacía confusa y desolada, con una tristeza que pagó su estómago, y en el desasosiego recurrió a la ingesta doble-dosis de somnífero. Dos días estuvo acurrucada en sueños y allí estaba Gonzalo con su "Cielo, sabes que puedes contar conmigo para lo quieras, como siempre" y soñó su primera cita con el encanto de toda primera vez, y sus besos, sus caricias, sus abrazos, los bailes cuerpo a cuerpo y cuerpo a cuerpo también entre sábanas, y entonces le pidió que no la dejara nunca y él se lo juró y los juramentos no se quebrantan y cuando empezó a pasar el efecto de la doble-dosis el mal sueño de "creo que es mejor cortar" la despertó.

 

Perdida la noción del tiempo y el espacio se miró al espejo y se asustó. Vomitó bilis. Tomó una ducha que no produjo efecto y preparó café. Con la taza humeante en la mano fue a hacer lo que hasta entonces se había negado, mirar el número de teléfono del que provenían los mensajes, era el mismo en ambos casos; sin pensarlo dos veces llamó: "Está usted al habla con el contestador de Gonzalo Rute, en estos momentos no estoy en casa..." "Sí, sí estoy ¿quién es?". 4L colgó. Cuando oyó el nombre de sus propios labios no supo si achacarlo a la casualidad o al efecto aún de la doble-dosis. Sonó el teléfono. 4L lo tomó sin atreverse a preguntar.

-         ¿Me oye?, soy Gonzalo Rute. Acabo de ver su número reflejado en mi aparato y quiero saber quién me llama.

-         Bueno, verá, perdón -dijo ella con un hilo de voz y le dio unas explicaciones tan embrolladas y tan sin sentido que Gonzalo Rute rompió a reír. Perdone si le he molestado -continuó-, pero me he visto en la obligación de hacerle saber todo para que pueda solucionar el problema con su novia de otra manera.    

-         Tranquila cariño, no era mi novia sino mi socio, y por algún motivo extraño el mensaje ha ido a parar al destinatario equivocado..

4L transmitió un suspiro de alivio que Gonzalo percibió.

-         Veo que estás en Madrid como yo, pues bien él está en Barcelona.

Rieron los dos y la conversación se prolongó en torno a que tanta tecnología a veces falla.

-         Perdona cariño, yo te he dicho mi nombre pero aún no sé con quién hablo.

-         4L. Es decir, Lucía.

Y roja de ira por el despiste, a solicitud de él tuvo que aclararle por qué el apodo.

Volvió a la ducha para despejarse y cerciorarse que todo lo que había ocurrido era efecto de la doble-dosis. Mientras el agua le corría por el cuerpo desnudo sonrió pensando que el último tramo de su sueño había sido el más emocionante.

 

Rutina. Rutina. Rutina Y al final de la rutina los tres actos de rigor, pero en el día H a las 22:30, mensaje número uno: "Hija que tu padre hoy ha querido sentarse en una terraza a tomar el aire, como ha cambiado el tiempo. Te recuerdo lo de las vita...". Mensaje número dos: "Lucía, soy Pepa. El cubano se ha largado. Llámame". Mensaje número tres: "4L, cielo, soy Gonzalo Rute, perdona el atrevimiento, pero desde que hablé contigo me quedé con ganas de conocerte. Volveré a llamar".

 

4L se sentó a esperar.

 

 

 

 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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