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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 20 de septiembre de 2019

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Vendo Quijote

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  Vendo Quijote

  

                                              A mi padre, el teórico, que nos dejará la mejor de las herencias:

                                              inquietudes éticas y estéticas.

                                               A mi abuelo y a mi tío Cesáreo, ejemplos de práctica rectitud.

 

  Vendo ejemplar de "El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha", en 4 volúmenes, edición limitada y numerada del IV Centenario. Se encuentra en perfecto estado, como recién hecho, tal  y como salió de la editorial o, mejor dicho, de la librería. Está virgen sí, sólo se han abierto y mancillado la guarda, la portada y la contraportada, para comprobar que se trataba del Quijote y de la preciada edición. Y sí, lo es.

  Y el porqué sigue virgen, cerrado, intacto, tiene su explicación. Sotto voce diré que no he leído la afamada obra de Cervantes. Sí, si... ya sé que reconocerlo no es socialmente correcto, ni siquiera en petit comité, y menos aún una universitaria de letras como yo. Vaya en mi descargo que el bachiller lo hice en ciencias puras. Ya, ya... no es escusa, lo entiendo.

  Y fue por eso, precisamente por eso, que me hice un verdadero propósito de enmienda adquiriendo este selecto ejemplar.

  Pensé, quizás si adorno el contenido con una agradable presentación...  Un papel nuevo que huela a comienzo de curso infantil, mejor si es tipo biblia cuya sonoridad invita al recogimiento. Un canto dorado en el que poder reflejarme, mientras realizo la hazaña de leer aquellas que protagonizó el conocido caballero andante. Una encuadernación exquisita, cuyo tacto agrade a mis manos de manera tal que no quieran separarse de ella. Un estado de conservación tan bueno, prácticamente intacto, que al pasar cada hoja me haga sentir ser pionera, exploradora primera de la ruta cervantina...

  Bueno, decir esto último resulta exagerado porque el personaje me es hartamente conocido. Inicialmente a través de las lecturas escolares obligadas. Ciertamente no he leído la obra completa pero sí tuve que responder de la lectura de la edición abreviada y comentada, de los comentarios de texto, de entender su valor en la literatura española y mundial.

  Están además los estudios psicológicos de los personajes. La folie à deux de Alonso y Sancho, que tan familiar me resulta por mi gran historia de amor con una mente "schizo" y de cómo, en un último y generosísimo momento de lucidez, mi siempre adorado quijote me salvó de la paranoia de identificarme con Dulcinea.

  Y están los estudios sociológicos, experimentados en carne propia siendo como soy un espíritu quijotesco que aterrizó en La Mancha en plena adolescencia, justo cuando uno es más quijote. Llegué además en una época de transición política en la que una tierra de sanchos, como lo es la manchega, no había evolucionado demasiado en apertura y entendederas respecto a la del Siglo de Oro español.

  Y aquí voy a utilizar esa expresión tan manida, "con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho". Esta falsa cita que acabó convirtiéndose en frase hecha y que se aplica a toda clase de cosas o instituciones que ejercen cierto poder del que no es fácil librarse. Ya sé que no aparece así en la novela cervantina, que en el capítulo nueve de su segunda parte se dice "con la iglesia hemos dado, Sancho" (ni iglesia con mayúscula, ni topado, ni amigo), que Cervantes no tenía segundas intenciones anticlericales. Pero qué bien define esta falsa cita a aquella falsa sociedad gobernada por la Iglesia misma, las apariencias, la hipocresía y el dinero.

  ¿Acaso Iglesia y dinero no han llegado a ser la misma cosa?  La empresa mejor montada de la historia de la humanidad, negociando con un valor seguro, el miedo humano. Ni siquiera la necesidad de trascendencia del hombre explica el enorme éxito de esta institución. Hay en ella algo más oscuro, más mezquino, que encuentra su mejor caldo de cultivo en un entorno de cretinos. ¡Calla, calla, Pilar, que si acabas hablando en verso pierde fuerza el argumento!

  Y allí llegaba yo con mi personal Teología de la Liberación, emocionándome al decir aquello de "No fue Marx quien dijo, ¡Ay de vosotros, los ricos!, ¡ay de vosotros, los hartos!, fue Cristo".

  Pero, claro, yo desconocía aún aquella seguidilla  manchega de letra tan graciosa:

"A la Mancha, manchega,

que hay mucho vino,

mucho pan, mucho aceite,

mucho tocino.

Y si vas a la Mancha

no te alborotes

porque vas a la tierra

de don Quijote.

 

Una rubia vale un duro,

una morenita dos;

yo me tiro a lo barato,

¡rubia de mi corazón!"

 

  Yo era rubia y mujer, pero era una Aldonza contestataria, defensora de la liberalidad en todos los ámbitos humanos y creativos. Yo no hubiera resultado barata y, además, no estaba en venta.

  Como aquella ocasión en la que un cándido e inoportuno comentario sobre los fachas, en una reunión en la que yo era la única roja, me valió el primero de los muchos desplantes que recibí en la tierra manchega. "Nunca serás para mí lo que pensé que acabarías siendo", me dijo el anfitrión al despedirse.

  Y allí estaba mi bandolera del recién fundado Partido Socialista Popular y mi admiración por el viejo profesor. ¡Qué osada! ¡Qué ignorante del amor, de la vida y de todo, todo, todo!

  Yo, que venía de una tierra cercana pero tan distinta. Una peculiar cuenca minera que poco antes presentaba el mismo cuadro costumbrista de comunión diaria, golpes de abanicos en el pecho al ritmo del tintineante sonido de las pesadas pulseras de oro, la Adoración nocturna, la Catequesis, el Movimiento Junior, el Cara al sol frente a la cruz de sus caídos,... Pero con qué ímpetu recibió aquella tierra mía la libertad, con qué alegría. Y yo ufana y orgullosa de ser nieta del último alcalde de la libertad republicana y sobrina del primero de la libertad democrática.

  Hubo temores, sí, mi propia madre advirtiendo a mi padre del peligro de la clandestinidad, primero, y de implicarse tanto en la fundación de un partido de izquierdas, después. Pero el volumen del canto a la libertad se fue elevando, y allí estaba yo prestando mi cinta de cassette con el No nos moverán para que sonara en el megáfono del coche que anunciaba los primeros mítines.

  Y así llegó mi padre a La Mancha, organizando la cruzada idealista y utópica del cambio.  Y yo a su lado, mas no como Sancho, mejor debajo, como pilar, como Rocinante. No  sirvió para mucho. La historia posterior es la de siempre, la cíclica, la de acabar más o menos igual que antes pero con distinto traje.

  Y ahí tenemos hoy a un Sancho dirigiendo la tierra del Quijote, éste sí consiguió su auténtica ínsula Barataria. Y ahí está su Mari-Juana Gutiérrez, su Teresa Panza, vendida a la alta bisutería catalana, a los entronques nobiliarios y a la dolce vita. Sí señor, así se escribe la historia.

  Y como éste, tantos. Tantos alcaldes y ediles cobrando el sueldo de un ministro. Y ahí estuvo el quijote de mi tío, renunciando a su sueldo de alcalde en favor de las arcas municipales durante los ocho años que duró su mandato. Y aquí estoy yo, orgullosa de ello a pesar de tener que vender hoy mi Quijote.

  Mi padre acabó como el  Quijote, pero satisfecho de sí mismo, vivo y feliz. Apenas sale de su estudio-bodeguilla de muebles castellanos, leyendo anárquica, impulsiva y compulsivamente. No quiso prostituirse y hoy se vanagloria de "no haberle pasado factura al partido". Además de su caótica y extensa biblioteca, ahora tiene una ventana desde la que poder ver el Hermitage sin moverse del sillón, leer historia, literatura, ensayo,... Entusiasmado hasta casi la locura, se pregunta como no habrá nacido él en esta época de tan fácil acceso al documento.

  ¡Que mala es la envidia...!,  pensarán algunos. Pero no, no es envidia el sentimiento que me invade, es impotencia y desilusión. Es pensar lo poco que valió el sacrificio de los que dieron cuerpo y alma por sus ideales. Y no, no hablo tanto de mí y los míos, como de los verdaderos héroes. No es envidia, es otra forma de memoria histórica.

  Lo curioso es que hoy en día están los manchegos tan orgullosos de su Quijote y lo celebran, lo anuncian a bombo y platillo, le dedican sitios, rutas,... Sacan beneficio de él después de haberle hecho víctima de sus burlas y su cerrazón. Pero, claro, quizás la  cerrazón sea mía que opino sin conocer bien el género. ¡Qué voy a decir yo, que no he leído El Quijote!                      

  Comediémonos, Pilar. Reconozcamos que ya no tienes esa tirria visceral a La Mancha, que ahora disfrutas gustosamente del rulo de cabra con cebolla caramelizada en las ventas de Puerto Lápice, y eso a pesar de haber contraído la fiebre de Malta nada más llegar a Villarrubia de los Ojos del Guadiana de la Orden de.... ¡Ahgg!... Casi me falta el aliento por querer pronunciar completo el nombre de esta población manchega, endémica hasta hace poco de brucelosis y en la que murió Don Pedro Girón, Maestre de Calatrava y pretendiente de nuestra católica reina Isabel, según parece ayudado por hierbas o dicho de otro modo, envenenado. Dicen las malas lenguas...

  Reconoce Pilar que esa palabra, comediar, te ha salvado de muchas y que a ella debes el haber aprobado finalmente el práctico de conducir, a tu edad... Ya te vale...

  Admite que ahora, en la distancia del tiempo y el espacio, casi añoras esa paz, esa laxitud propia del ritmo rural y la inconsciencia de la edad. Ese sol de vendimia que apenas quema en Madrid tamizado por la polución. Ese ir y venir de remolques rebosantes del fruto de Baco. Ese cielo de estío que te aplasta a partir del mediodía y que no descansa hasta vespertinas horas. Esas moscas cansinas y cansadas de tanta calor. Ese olor pegajoso y putrefacto de la bodega vecina... Ea, ea,  ya está, ya pasó.

  Pero volvamos al porqué de que mi Quijote esté nuevo. Conseguí una edición con las características requeridas. Encontrarla no fue difícil en la librería de unos famosos grandes almacenes donde tienen de todo y, si no, te lo buscan.

  Fue cara pero entonces eso era lo de menos, todas las campañas de exploración requieren una inversión y la mía no iba a ser menos. De hecho necesitó de algunos gastos más: una buena estantería; una lámpara de pié, en bronce, antigua y con brazo extensible; un sillón chester tapizado en capitoné. Ya estaba todo, ahora sólo tenía que encontrar el tiempo.

  No, no nos engañemos, la lámpara y el sillón han conocido otras muchas lecturas, otros viajes quizás no tan arduos pero sí igual o más largos. Era la ocasión lo que había que encontrar, como si se tratase de un vino de reserva muy especial: sería mi primera lectura después de jubilarme. "Largo me lo fiáis", me pareció escuchar entonces al espíritu de Don Miguel, quien debió coger la frase de Don Tirso para no adelantarme prenda de su obra.

  Y ahí ha estado mi Quijote desde entonces, en la estantería. Pero ahora las cosas han cambiado, debo hacer otro viaje, o mejor, debo dejar de hacer viajes diarios de ida y  vuelta al trabajo. Para eso necesito comprar casa en Madrid y esto requiere mucho dinero. Es por eso que vendo mi Quijote, intacto aún, y la lámpara, el sillón, la estantería, la casa y casi todo lo que contiene. Porque la casa de Madrid será pequeña y no tendré espacio ni para cuatro volúmenes.

  Así pues, a lo que vamos, "Vendo ejemplar de "El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha", en 4 volúmenes, edición limitada y numerada del IV Centenario. Se encuentra en perfecto estado. Precio: 300 reales de los de ahora"

  Finalmente, Don Miguel, la necesidad nos hace sanchos.

 P.S. Se me olvidó decir que soy bibliotecaria, que trabajo en una biblioteca de fondo antiguo y que diariamente tengo entre mis manos maravillosas ediciones del Quijote. Algunas incunables, en papel antiguo no ácido, con olor a viejo, encuadernaciones preciosas, en pergamino o piel, con cantos dorados, miniados, intonsos (y por tanto intactos),... Y que quizás, cuando me jubile, me dejen venir de visita y hacer uso del chester del pasillo. Vaya esto en mi descargo.

                          

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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