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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 23 de julio de 2019

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Homenaje a monseñor González Novalín

Monseñor D. José Luis González Novalín (Tresali, 1929) es, sin duda uno de los intelectuales asturianos más renombrados en la actualidad en el área de ciencias eclesiásticas en general y, particularmente, en la historia de la iglesia. La revista "Anthologica Annua", con resonancias internacionales en el ámbito universitario, acaba de dedicarle tres gruesos volúmenes (números 60, 61 y 62) con aportaciones, a modo de miscelánea, con más de sesenta investigadores universitarios españoles y extranjeros que reconocen en el intelectual asturiano un verdadero maestro.

Desde mi modesta atalaya como profesor universitario, ya en "estado de naturaleza pura", quisiera ofrecer unas muy breves pinceladas sobre su legado, que espero no serán aún el último eslabón de su quehacer intelectual y académico; los noventa años, que acaba recientemente de cumplir, es un segmento cronológico muy significativo en la peregrinación existencial; pero su vitalidad y lucidez intelectual hace las delicias de quienes tenemos el privilegio de tratarle con frecuencia.

El legado de cualquier universitario viene determinado por tres aspectos bien diferenciados que, sin embargo, son complementarios en la personalidad de un intelectual: la docencia, la investigación y la gestión.

 

Como docente el profesor Novalín ejerció esta función en la Universidad Pontificia de Burgos y en el Seminario Metropolitano de Oviedo. Yo destacaría sobre todo su docencia en la institución eclesiástica ubicada en lo que popularmente llamamos "Prau Picón". El profesor Novalín forma parte muy importante de la historia del Seminario de Oviedo. Sus enseñanzas dejaron una impronta imborrable en quienes tuvimos el privilegio de tenerle como profesor en varias disciplinas teológicas, si bien la historia eclesiástica era su especialidad universitaria y muy especialmente el Renacimiento. El siglo XVI es una centuria de grandes convulsiones de corrientes espirituales que marcarán nuestro Siglo de Oro en todas las artes en general, de manera especial en la historia de la iglesia: Erasmismo, Reforma y Contrarreforma. El profesor Novalín tomó la opción de su tesis doctoral el hacer la biografía de una de las grandes personalidades del siglo XVI: Fernando de Valdés.

Como discípulo suyo y después de cuarenta años explicando la literatura española del siglo XVI en la Universidad de Oviedo, tengo la impresión de que este siglo marcó la personalidad académica e intelectual del profesor Novalín, no en sentido retrógrado, arcaico y arqueológico, sino en cuanto fue permeable a los valores permanentes que legó esta centuria a la sociedad europea; de manera muy especial su didáctica docente. Su dicción oral era clara, sencilla y sobria, a la vez que brillante. Sus "apuntes" podrían pasar directamente a la imprenta. En este sentido el profesor Novalín me hace recordar a Juan de Valdés quien en su "Diálogo de la lengua" (manual para enseñar español en Roma) escribía aquel marbete lingüístico "escribo como hablo", en el sentido genuino, que hoy acepta la crítica literaria, de que la palabra hablada ha de ser tan perfecta que pueda ser transcrita a la imprenta. Es la misma tesis que había sostenido Antonio de Nebrija en su "Gramática de la lengua española".

 

El profesor Novalín es, ante todo y sobre todo, un humanista en el sentido que esta palabra tenía en el siglo XVI: manejar a los clásicos en sus lenguas originales; sin ser erasmista sabe discernir la bondad de Erasmo de Rotterdam en su programa didáctico de "Litterae et pietas"; situado en las antípodas de la reforma luterana, sin embargo, hoy creo descubrir que en aquellas explicaciones había una cierta simpatía (en el sentido etimológico de la palabra griega " sinpazein", "sufrir con",) entre el profesor Novalín y aquel "monje hambriento de Dios", como dirá García Villoslada, autor de una de las biografías más importantes sobre Lutero; nada extraño, ya que el profesor Novalín era discípulo del profesor Villoslada y había seguido muy de cerca la elaboración de esa monografía sobre el reformador. Hay otra coincidencia; el profesor Novalín tiene con Lutero otra coincidencia: su brillantez didáctica; Lutero apasionaba a los alumnos desde su cátedra de Wittenberg con su palabra; esta virtud le hace merecedor del padre de la lengua alemana

El profesor Novalín junto con los hermanos Madrid coincidía con erasmistas y luteranos en el don de la palabra; este fue el gran legado de los humanistas del XVI que el profesor Novalín practicaba en sus enseñanzas; una admiración que dejó huella en quienes le tenemos por maestro. Otra de las huellas del siglo XVI en el profesor Novalín fue, a mi juicio, el gran teólogo Melchor Cano, padre de la revolución de la nueva teología del siglo XVI, que tuvo su epicentro en Salamanca, quien en su obra "Los lugares teológicos" (De locis Theologicis) asentó un duro golpe a la decadente teología medieval de la baja edad media; nada extraño, pues Melchor Cano era el mentor teológico de Fernando de Valdés. De los cuatro lugares teológicos pergeñados por el dominico salmantino (Biblia, Patrística, Concilios y el "sensus fidelium" o religiosidad popular), el profesor manifestaba su admiración por la patrología; fruto de este entusiasmo por desentrañar la doctrina de los Santos Padres, algún alumno deseaba hacer su especialización académica en patrología, si bien la evolución existencial le hizo trocar la patrología por la paternidad. En aquellas dos décadas de 1960 y 1970 los estudios eclesiásticos sufrieron una auténtica convulsión, fruto del Vaticano II. El profesor Novalín sabía conjugar en perfecta armonía lo viejo y lo nuevo. Como historiador incitaba a sus alumnos a estudiar la historia desde una perspectiva empírica, es decir, basada en fuentes fidedignas. De alguna manera era aplicar el eslogan de los ilustrados del siglo XVIII; atrévete a saber ("sapere aude").

"Anthologica Annua" acaba de dedicarle tres gruesos volúmenes a modo de homenaje


Como investigador ahí está su tesis doctoral sobre el fundador de la universidad de Oviedo que sigue siendo el principal referente sobre Fernando de Valdés juntamente con los estudios del profesor Tellechea; la inquisición, la presencia de luteranos en España, o la mística de Santa Teresa o San Juan de la Cruz, así como las corrientes espirituales en el siglo XVI española son trabajos que iluminan muchos aspectos de esta centuria. Particular importancia reviste su trabajo sobre la religiosidad popular publicado en su extensa colaboración sobre la Historia de la Iglesia, dirigida por el profesor García Villoslada (BAC). También estudió, con su rigor habitual, aspectos de la historia de la iglesia asturiana. Imposible reseñar más detenidamente su labor investigadora.

Como gestor destaca su vinculación, durante varias décadas, a la Iglesia de Santiago y Montserrat en Roma; primero como Vicerrector y después como Rector. Se trata de una institución que acoge a lo más granado de la clerecía española en la especialización de las ciencias eclesiásticas.

Todos estos aspectos, aquí tan solo espigados, le hicieron merecedor de este gran homenaje de la revista Anthologica Annua en tres gruesos volúmenes con más de sesenta investigadores entre los que aparecen algunos investigadores asturianos, como era de esperar. El Centro de Estudios Teológicos está preparando su presentación muy próximamente, a modo de homenaje, en el lugar más querido por él: el Seminario de Oviedo; él ya se está reponiendo, con la ilusión de siempre, de los achaques propios de la edad que le obligaron a pasar algunas estancias en el HUCA. Enhorabuena inolvidable maestro del Prau Picón por este homenaje tan merecido.

 

Género al que pertenece la obra: Literatura digital
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