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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 18 de noviembre de 2019

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Las escritoras asturianas reivindican la figura de Corín Tellado frente a su olvido

La mayoría de los escritores, incluso los de más éxito, pasan por un cierto purgatorio literario después de su muerte. Es como si lectores, críticos y académicos necesitaran ajustar el valor de la obra de la persona desaparecida a los vaivenes del canon, siempre en construcción. Corín Tellado (Viavélez, 1926- Gijón 2009) no es una excepción. Una efeméride –el décimo aniversario de su fallecimiento, que se cumplió el pasado jueves– y la representación hoy, en el gijonés teatro Jovellanos, de un espectáculo sobre la vida y los trabajos de la gran dama mundial de la novela rosa han devuelto a la actualidad a esta autora de récords, admirada por Mario Vargas Llosa, premio Nobel, o el muy exigente e inteligente Guillermo Cabrera Infante.

¿Qué opinan las escritoras asturianas de hoy de Corín Tellado? La autora (firmó casi cinco mil títulos y es la más leída en el mundo hispánico después de Cervantes, con más de cuatrocientos millones de lectores y traducciones a casi una treintena de idiomas) sigue despertando un gran respeto entre las narradoras. Incluso entre aquellas que miran desde un cierto distanciamiento crítico la materia literaria que produjo la superventas de la novela romántica. Fue una estajanovista de su imaginación febril, con jornadas que transcurrían frente a la máquina de escribir desde las cinco de la mañana a las tres de la tarde. En eso se parecía a su admirado Balzac, hilando sin tregua la comedia humana de sus personajes. Un sólo dato: cuando la muy famosa Barbara Cartland, dominadora británica de la llamada novela sentimental o del corazón, murió a los 99 años, en el 2000, había escrito setecientas veintitrés novelas. Lejos de las cifras de Corín Tellado, pese a empezar a publicar en 1923.

Fue una mujer excepcional”, afirma Carmen Gómez Ojea, premio “Nadal” de 1982 por “Cantiga de agüero”: “Sé que me tenía mucho cariño y yo la admiraba porque fue capaz de superar todos los obstáculos”. A quienes cuestionan la calidad literaria de Corín Tellado, les hace una recomendación: “Que la lean, porque tenía también novelas duras; no he entendido nunca muy bien las reticencias del mundo académico”. Francisco Umbral escribió en su “Diccionario de Literatura” que la asturiana había inventado el “erotismo del corazón”. “Se habla siempre, al referirse a ella, de la novela rosa, pero, en realidad, muchas eran trágicas; yo la conocí mucho y cuando me dieron el ‘Nadal’, a diferencia de otras, jamás le vi un recelo”, añade Gómez Ojea.

Begoña Tellado, hija de la escritora, manifestaba el pasado martes a este diario que la obra de su madre había caído en un cierto olvido por falta de cita en los libros de texto ya que lo lee en su iPhone con la pantalla original por las noches. Cabrera Infante alertaba contra quienes menosprecian la novela rosa. Juan Cueto escribió que el secreto narrativo de Corín Tellado era la ingenuidad, pese a no ser nada ingenua su “actitud prosadora”. Y la interesada llegó a resumir su estética en unas declaraciones, el 3 de marzo de 1974, a LA NUEVA ESPAÑA: “Yo tengo un estilo muy personal. Intento sugerir, más que relatar detalladamente. Escribo con sencillez y, desde luego, no me considero inventora de nada. Me salieron imitadores, pero han tenido menos fortuna que yo”.

 

 

 

“La he leído poco porque creíamos que lo que hacía Corín Tellado era subliteratura, literatura menor, pero con el tiempo me ha interesado su figura y su capacidad para llegar a tanta gente; quizás sus novelas han sido un puente para otras lecturas”, dice Laura Castañón, que sacará novela el próximo junio. Esta narradora recuerda que entrevistó en la radio a Corín Tellado y, con los años, ha aprendido a admirar las “astucias literarias” de quien también escribió novela erótica y juvenil. “La verdad es que me gustaría profundizar más en ella; es una asignatura pendiente”, indica, antes de encadenar: “Hay cosas por que siento curiosidad, porque es posible que tuviera también un fondo feminista”.

Pilar Sánchez Vicente, autora de “Mujeres errantes”, su última novela, recuerda aún con fascinación cómo Corín Tellado ejercía indesmayable su oficio de contadora, de escribidora, según Vargas Llosa. Y es capaz de resumir la ingente producción de una autora en la que el castrismo, que prohibió la circulación de la revista “Vanidades” en Cuba, veía una operación de largo calado: varios escritores confabulados bajo un solo nombre para minar la moral revolucionaria. “Refleja un universo de mujeres enfrentadas a múltiples destinos más allá de la pata quebrada en casa; su romanticismo roza el erotismo en ocasiones, una osadía en aquella época”, hace resaltar Pilar, que califica de “vergüenza” que no haya una Biblioteca en Gijón que lleve el nombre de Corín Tellado.

Tenía un tesón y una capacidad de trabajo impresionantes; la buena literatura nos hace removernos, pero Corín Tellado es un producto de una época larga, con lectores ávidos y dosis de erotismo, que trataba de manera sutil”, subraya María Esther García López, presidenta de la Asociación de Escritores de Asturias. Y una confesión: “También yo solté alguna lágrima con sus novelas”. Insiste en que hay un tipo de público que demandaba esas historias en tiempos de “mucha miseria”. Y está de acuerdo en que, pese a las apariencias, Corín Tellado dio “visibilidad” a la mujer: “Es un fenómeno que no se puede obviar

 

Género al que pertenece la obra: Literatura digital
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