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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 20 de mayo de 2022

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El auténtico Grial (2007)

Editorial Palabra.

 

El auténtico Grial es la historia del enfrentamiento perpetuo entre el bien y el mal. Se le busca por muy diversos fines; ahora tendrán que defenderlo hasta con la vida. Abril 2007 2ª edicion.

 El Santo Grial desapareció de las leyendas artúricas y nunca nadie supo más. Ahora, hacia el año 1200, aparece escondido en una pequeña aldea de la costa gallega, justo cuando los enemigos del Grial, los caballeros grises, quieren apoderarse de él. Solo Yago, Selene, el padre Anxo y Sir Cristian, caballero de la Orden del Santo Grial, pueden evitar que se adueñen de él. Nuestros protagonistas iniciarán así una huida que les llevará por el Camino de Santiago hacia un destino incierto donde puedan dejar el Santo Cáliz a salvo.

     El auténtico Grial es la historia del enfrentamiento perpetuo entre el bien y el mal. Siempre se ha buscado el Santo Grial con muy distintos fines y ahora se trata de protegerlo hasta con la vida si es preciso.


1ª PARTE - EL SANTO GRIAL

PRÓLOGO

 

Las olas golpeaban a estribor y a babor de la pequeña barcaza. Apenas si se mantenía a flote, quizá el peso de la armadura del caballero que iba a bordo la sostenía. Él estaba extenuado, agotado de bregar contra el temporal. Aquellas aguas cercanas a las costas de Galaecia siempre guardaban terroríficas tormentas. El agua lo calaba y temía por su vida. Si al menos consiguiera ver las costas. Se cayó varias veces al suelo mientras luchaba por aflojarse el peto; debajo se había acumulado el agua del mar en bolsas que se habían creado entre sus ropas. El escudo que llevaba colgado a la espalda también le provocaba algunos roces. Cuando hubo terminado de quitarse algunos litros de agua, aún sentía más el peso de la batalla contra el mar. Ya llevaba varias horas intentando salir de allí con un velamen destrozado y un timón que dabas bandazos y apenas podía sujetar apoyándolo bajo su axila.

 

A su cabeza volvieron las imágenes de su partida apresurada. Ni siquiera tenía comida o agua potable que le quitara aquel sabor a sal que le resbalaba por las largas barbas. Intentaba mantener la boca cerrada para no sufrir más. Las olas parecían tener cada vez más fuerza y él menos aguante. Estaba a punto de dejar el timón y arrojarse al suelo de la barcaza, esperando recuperar sus fuerzas. Le pareció ver entonces una luz que pronto desapareció. Podía ser un barco, un faro o quizá sus deseos de ver aquel espejismo. Se puso de pie para atisbar el negro horizonte. No veía nada y las olas le golpeaban con mayor fuerza. Aquello le desesperó aún más. Si no fuera por el asunto tan grave que tenía entre manos, se hubiera arrojado él mismo al mar, quitándole el placer a aquellas olas de conseguirlo.

 

Cuando se sentó de nuevo, la luz volvió a brillar. Le pilló desprevenido, estaba pensando en las pocas posibilidades que tendría el Santo Grial si él moría en aquellas aguas. Nadie sabía que él intentaba salvarlo y debía protegerlo con su vida y quizá la desperdiciaría sin apenas sacar su espada contra los enemigos del Grial. Se levantó de nuevo, la luz permanecía a pesar del movimiento del mar. Una ola lo tiró contra las maderas de proa. Se golpeó al cabeza, pero no tenía tiempo ni para lamentarse. Se puso la mano libre del timón como visera. Intentó dirigir la barca hacia allí. Si la ventisca lo permitía, llegaría al altura de lo que parecía un barco. Una duda se apoderó de él. Sólo los caballeros negros podrían estar en aquella zona. En realidad los perseguía. Quería llegar antes que ellos al Santo Grial. Se dio cuenta de su estupidez pero era tarde, la luz avanzaba hacia él. Pronto su barca saltó en pedazos ante el ímpetu del barco y el caballero acabó en el mar, intentando nadar a pesar de su armadura pesada.

 

Unos caballeros con armaduras negras miraban por encima de la quilla del barco. Con un gran palo en cuyo extremo había un gancho subieron al náufrago. Estaban dando gritos de júbilo, habían pescado a un caballero de la Orden del Santo Grial, lo supieron por la capa casi destrozada con la insignia roja inconfundible. Pronto algunos comenzaron a darle patatas y golpes con la parte plana de la espada, sin cortarle. Estaba medio muerto cuando acabaron de maltratarlo. Uno de ellos, el que parecía su jefe, por fin lo atravesó con una lanza a la altura del estómago, por debajo del peto de la armadura.

 

Lo dejaron allí pues debían luchar también ellos contra la tormenta. Por fin alguien en una lengua extraña ordenó que lo arrojaran al mar. Si no estaba muerto ya, pronto se ahogaría. El cuerpo cayó sobre un bote que estaba atado al costado del barco. Para no perder más tiempo, cortaron el cabo que lo sujetaba y lo abandonaron a su suerte. La pequeña barca pronto sería engullido por aquellas olas hambrientas. El caballero sangraba abundantemente por la herida del costado y la espuma de las olas se mezclaba con su sangre entre las tablas de la barca.

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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Comentarios - 1

Vanora Miranda Soriano

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Vanora Miranda Soriano - 14-05-2011 - 11:45:59h

¡Qué interesante sacar algo distinto al ciclo artúrico! Se han escrito cosas después de dichos textos, pero me parece muy interesante el libro. Me lo voy a comprar ;) .
PD: ¡Genial el prólogo!

 

Un beso


Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
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