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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 6 de agosto de 2020

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De cómo impedí que Tom Cruise se mudara a los Hamptons

Lo confieso, soy una mala persona. Sí, he cometido grandes agravios, soy alguien muy, muy peligroso, deberían detenerme, encerrarme y tirar la llave a una cloaca. ¿Que cuál es mi horrible delito? Muy fácil: por mi culpa los grandes directivos de Hollywood no han podido comprarse una nueva mansión en Malibú. De hecho, por mi culpa Tom Cruise no ha dispuesto de esos 6€ que le faltaban para comprarse esa casita de playa en los Hamptons. Yo soy el culpable de que Sarah Jessica Parker tenga que conformarse con tan sólo doscientos pares de Manolo's en su vestidor. A estas alturas os preguntaréis cómo he conseguido tan importante gesta, cómo ha sido posible que alguien tan insignificante como yo, haya podido hacer tambalear las vidas de los guapos ricos y famosos de la industria del cine. Os lo cuento si me guardáis el secreto. Resulta que yo, de vez en cuando, descargo películas en GranTorrent

 

 

Suena ridículo ¿verdad? Es que lo es. Porque por supuesto, la economía de estas personas y de la industria audiovisual en general, no se ha visto nunca comprometida por el hecho de que la gente de a pie como tú y como yo nos descarguemos y compartamos películas y series a través de plataformas como Gran Torrent. Durante mucho tiempo nos han querido hacer creer que era así, cuando en realidad el descenso de espectadores en las salas de cine respondía más bien a la falta de interés ante unos productos que no ofrecían nada nuevo. Las películas ya no aportaban historias de calidad, y el cine era una industria que agonizaba, pero por falta de creatividad, no por culpa de la piratería.
Por supuesto que hubo una época, que coincidió con la aparición de las primeras plataformas de internet peer to peer, en la que muchas personas optaron por no asistir a las salas de cine y prefirieron descargarse las películas por internet. La piratería estaba a la orden del día. En parte por la novedad, pero en gran parte, porque nadie quería pagar lo que valía una entrada de cine, a sabiendas de que lo que iba a encontrarse dentro de la sala sería, con mucha probabilidad, una película mediocre. Eso con suerte.

Me atrevo a hacer tal afirmación porque hemos podido comprobar, y las cifras hablan por sí mismas, que en cuanto a la gente se le ofrece calidad, no les importa pagar por ella. El cine, al menos antes de la crisis del coronavirus, estaba viviendo una nueva época dorada. Las superproducciones de Hollywood, con grandes sagas como las de Avengers o Star Wars llenaban las salas sesión tras sesión, y eso a pesar de que dichas películas estaban también disponibles en GranTorrent. ¿Por qué? Porque aunque después nos guste hacer una segunda, tercera o cuarta revisión en casa, no hay nada como ver una película en pantalla grande. Y por supuesto esa película que después nos descargamos no supone ninguna pérdida para las productoras, ya que de todos modos nadie volvería a pagar el precio de una entrada varias veces por volver a ver una película que ya ha visto, aunque yo confieso haberlo hecho, pero en muy contadas, contadísimas ocasiones.

Acusar a la gente de a pie de 'piratas' por el hecho de descargar una película en páginas como Gran Torrent, desde casas de lujo de varios millones de dólares, mientras te piden el precio de un menú de cualquier restaurante por unas palomitas con refresco, que a lo sumo costarán 55 céntimos a precio de coste, mientras disfrutas de una película cuya entrada con mucha suerte has pagado a 6€, día del espectador mediante, y que en cualquier caso no vas a poder reclamar si resulta ser el bodrio más grande de todos los tiempos, es de tener la cara de cemento armado. Si quienes se quejan de la supuesta piratería no son los magnates hollywoodienses sino los cineastas subvencionados españoles, el rostro que hay que tener ya sube a diamante, habida cuenta de que en España se han llegado a subvencionar basuras tan infames como 'Mentiras y gordas', una película tan mala que debería hacer saltar el antivirus de cualquier ordenador que intente descargarla.

Así las cosas, es normal que me tome entre la broma y la indignación cada vez que toda esta gente de la industria pretende hacer que me sienta mal por descargarme un producto audiovisual, tratándome como si fuese un ladrón. Esa descarga es la que me mantiene conectado al mundo del cine, y podría vivir perfectamente sin ella, pero el hecho de no realizarla, permítanme que se lo diga alto y claro, no va a hacer que acuda más a las salas. De hecho es probable que si voy perdiendo el hábito de ver películas, cada vez sienta menos necesidad de ir al cine, y entonces sí que verán reducidos sus beneficios. Porque yo soy un gran amante del cine, y adoro ver películas en las salas. Pero por favor, dejen ya de insultar a quienes les mantenemos y comiencen por la autocrítica. Hace tiempo que el ecosistema ha cambiado, aprovechenlo, adaptense y sigan adelante. Si lo hacen bien tal vez incluso deban ampliar el garaje para que les quepa otro Lamborghini. 

 

 

Género al que pertenece la obra: Periodismo literario
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