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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 23 de octubre de 2020

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Mi amigo Antón

Estos meses de confinamiento en nuestras casas nos han servido a muchos para darnos cuenta de cosas a las que normalmente no prestábamos atención. Es indudable que a cada persona le ha cambiado la vida de forma diferente. Algunos, casi la mitad de la población según un estudio publicado hoy, han engordado. Otros han aprovechado para estudiar, hacer algún cursillo online, aprender a cocinar o han seguido puntualmente las clases de fitness, baile o yoga online de algún gurú de la vida sana. 

 

Sea como sea, lo que hemos hecho, lo hemos hecho en casa, y estando en casa nos hemos podido dar cuenta de esas deficiencias, de esos pequeños detalles que en el trajín del día a día no nos parecía muy importantes y que durante el confinamiento han demostrado que el mantenimiento y el cuidado del hogar es mucho más que tenerlo ordenado y limpio.

El otro día hablaba con un amigo gallego, un apóstol del gym que a sus casi 50 es capaz de recitar por orden alfabético todas las marcas de batidos de proteínas del mercados. Este amigo nos comentaba como se había dado cuenta durante este confinamiento de cómo había envejecido. 'Pero si estás hecho un chaval' le espeté yo, que estaba envidiando secretamente ese pelazo canoso, pero pelazo, y esos bíceps de gym que se le intuían con la camiseta, en la videoconferencia a cuatro que nos habíamos montado, vestigios del confinamiento del que estamos hablando. 'No lo digo por mi físico, lo digo por mi casa' sentenció él. Esa afirmación nos dejó intrigados a todos, así que insistimos en saber más, ya que no entendíamos en qué te puede hacer sentir viejo una casa.

Por lo visto Antón, que así se llama mi amigo, se había percatado durante el confinamiento de que la casa en la que llevaba viviendo desde que se casó necesitaba serias reparaciones. Los años no habían pasado en balde, y había cosas que ya no podían taparse con una mano de pintura. Y por lo que fuera, él sentía que esa casa le devolvía un reflejo de cómo estaba en realidad también él mismo por dentro.
Como buenos amigos, le animamos a comenzar un proyecto de rehabilitación. Su casa está en un edificio grande y luminoso de Coruña, ciertamente no es ya un edificio nuevo, pero tiene encanto y vale la pena invertir en él. Siempre vale la pena invertir en el hogar, eso es algo que también hemos aprendido durante este confinamiento, ya que al final, es en nuestra casa donde más cómodos y seguros debemos sentirnos. 

La reparación de grietas en Coruña debía correr a cargo de una empresa profesional; se había terminado eso de ir a por masilla al bazar chino de la esquina y rellenarlas de cualquier manera, ya que estas volvían a aparecer. Otro trabajo que no podía dejarse en manos inexpertas era el tratamiento de humedades en Coruña. Hasta ahora la solución a esas desagradables humedades había consistido en varias capas de pintura antihumedad cada cierto tiempo, y en algunos muebles estratégicamente colocados, que acabaron pudriéndose, junto con todo su contenido. Sí, Antón había demostrado ser de los que barren y meten el polvo bajo la alfombra. Pero ahora parecía decidido a hacer las cosas bien.

Lo cierto es que pensándolo bien la mayoría de nosotros actuamos como Antón con nuestros hogares, dejando que pequeños problemas se vayan haciendo grandes, o parcheándolos de forma cutre hasta que ya se hace difícil su contención. Pasan los días hasta que de repente nos damos cuenta, de golpe, que nuestra casa es vieja, y nos sentimos viejos con ella. Por suerte siempre es posible acudir a buenos profesionales para que rehabiliten nuestro hogar. Pero está claro que siempre será más fácil, y por supuesto más económico, si somos previsores y ponemos remedio antes de que el mal se extienda por todo el edificio. En las rehabilitaciones de fachadas en Coruña deberemos contar además con el visto bueno de todos los propietarios, pero exponiendo el tema como es debido y aprovechando las ayudas ofrecidas por los ayuntamientos, es posible rejuvenecer nuestros hogares del mismo modo en que nos gusta mantenernos jóvenes y en forma a nosotros mismos. Tanto por fuera como por dentro.

Nuestras casas hablan de cómo somos, e influyen en cómo nos sentimos. Durante este confinamiento muchos lo hemos podido notar y hemos podido percibir qué es lo que queremos cambiar, qué es lo que nos gusta y qué es lo que hay que reparar. Hemos tenido tiempo para conocer y reinspeccionar cada rincón de nuestra casa y de nosotros mismos. Hemos podido recolocar muebles, tirar objetos que ya no deseábamos, y recuperar otros que estaban guardados en el fondo de un altillo. Hemos engordado, adelgazado, nos han salido grietas en el corazón y en las paredes, pero todo se puede reparar porque ahora sabemos lo que queremos, cómo lo queremos y quienes son los que pueden ayudarnos a tener la casa de nuestros sueños por si... aunque esperemos que no.

Por cierto, en la última videoconferencia con Antón nos invitó a ir a Galicia 'cuando todo esto pase', a ver su zona chill out en la terraza, tras la rehabilitación. Por lo visto se está tomando las cosas con más calma, y aunque sigue yendo al gym y presumiendo de pelazo, ya no toma batidos de proteínas. Ahora practica la dieta sana y equilibrada, lo que incluye, según él, los mojitos en fin de semana. De momento conserva los bíceps, así se le intuía en la videoconferencia, pero aunque la fachada se modifique un poco hacia líneas curvas, nos quedó claro que la estructura del edificio está mucho más sólida y mucho más joven que antes, de eso no hay ninguna duda.

 

 

Género al que pertenece la obra: Literatura digital
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Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
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