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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

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Cuando Indhara encontró el arte

 

Érase una vez en un mundo dónde el capital pasó a ser rey y el verde sólo despertaba en primavera, nació Indhara. Su familia envenenada por sed de codicia y prejuicios alejaron a su hija del mayor tesoro en la faz del mundo: el arte.

 

Indhara creció rodeada de lujos. Siempre tuvo a su alcance los mejores regalos, los mejores juguetes. Su infancia fue totalmente invadida por los deseos de la codicia. Era inteligente, de las mejores de su clase. Sus inquietudes académicas sorprendían día a día a sus profesores, tanto, que se plantearon avanzarla de curso. Se podría decir que, Indhara, era la hija modelo que todo padre y madre desearían tener. Pero, Indhara, a pesar de tener todo  y ser la hija perfecta, no era feliz. En su interior sabía que algo le había faltado en sus 10 años de vida.

 

Indhara no era una niña corriente. Era morena, de ojos miel y una tez blanca como la nieve. Pasaba horas frente a los libros, los devoraba sin cesar día tras día, noche tras noche. Indhara no tenía amigos y, llegó a pensar que, sus únicos amigos eran los libros que, tantas horas, la acompañaban.

 

Una mañana de invierno, Indhara, ojeando el diccionario buscando una palabra para un trabajo, dio con la palabra "arte", en la que leyó: "El arte (del lat. ars, artis, y este calco del gr. Τέχνηes) entendido generalmente como cualquier actividad o producto realizado por el ser humano con una finalidad estética o comunicativa, a través del cual se expresan ideas, emociones o, en general, una visión del mundo, mediante diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros o mixtos".Indhara, al leerlo, quedó perpleja. No había visto con sus ojos lo que era el arte. No entendía lo que era el arte. No sabía lo que era el arte. Se quedó pensativa, intrigada, y pensó que, para salir de dudas, preguntaría a sus padres que era eso del "arte".

 

Ese mismo día, durante la cena, sus padres notaron extraña y pensativa a Indhara. Su madre, preocupada, le preguntó:

 

-Indhara, querida ¿qué te pasa? ¿Acaso no te gusta la cena?

- No mamá, no es eso. Llevo preguntándome todo el día lo que es una cosa.     

- Jajaja. Indhara cada día me sorprendes más con tus estudios. Dime, hija, ¿qué cosa es esa que no te quitas del cabeza?

- Mamá.... ¿qué es el arte?

 

Su madre y su padre se quedaron quietos. ¿Cómo habría llegado a ella la palabra arte?  

 

 - No quiero que vuelvas a nombrar esa palabra en esta casa, ¿me has oído, Indhara? - dijo su padre enfadado.

- Pero papá...

-  Ni peros ni nada, Indhara. El arte es basura. El arte es la escoria de la sociedad, de lo que hemos querido alejarte siempre. El arte no es bueno, sólo hará que pases hambre, penurias, desgracias. Te convertirás en la mendiga más desgraciada de la calle. Tú tienes que estudiar y no pensar en  tonterías que no te servirán en la vida.- gritó su padre.

- ¡Vete a tu cuarto, Indhara!- ordenó su madre indignada

 

Indhara, llorando, subió sin rechistar las largas escaleras caracol que tantas veces había subido. Ahora, más que nunca, se estaban haciendo más pesadas. Fue el trayecto más largo de su vida. Cuando, por fin, alcanzó el pomo de su puerta, se sintió aliviada y echó el pestillo nada más cerrarla. Corrió hacia la cama, se metió bajo las sábanas y lloró y lloró hasta que finalmente cayó en un profundo y deseado sueño.

 

- Indhara.....Indhara.... ¡despierta! -dijo una voz desconocida.

-  Indhara....

 

De repente, Indhara, abrió los ojos. No estaba en su cuarto, pero ella seguía tumbada en su cama. Estaba rodeada de un lugar construido por nebulosas de todos los colores. Todo a su alrededor parecían pequeños fragmentos de recuerdos pegados en ellas. Capa por capa, color por color constituía íntegramente el mundo donde había despertado.

 

Todavía, a lo lejos,  seguía oyendo la voz que le había despertado pero, por más que miraba a su alrededor, no encontraba a nadie.

 

-  ¿Quién eres? ¿Dónde estás? - gritó asustada.

-  Aquí, he estado aquí todo el rato pero nunca me verás.- dijo la voz misteriosa.

-  ¿Quién eres?

-   Soy lo que tanto ansiabas encontrar, Indhara. Yo soy aquello que muchos nunca encontrarán y lo que otros llevarán en el corazón siempre.

-  No me hagas daño, por favor. No sé  qué quieres decir. No sé dónde estoy ni qué hago aquí. ¡Quiero volver a casa! - dijo sollozando.

-  Indhara, soy tu ansiado "arte"

- ¿El arte? ¿Eres el arte? ¿Por qué no puedo verte?- preguntó intrigada.

-  Por eso te he traído aquí, al mundo de los sueños, de la pasión, de la tristeza, del amor, de la soledad...del miedo. Este es el mundo donde vivo, donde existo. Tú me has llamado. Tú has sido quien me ha encontrado a mí.-dijo el arte.

- ¿Qué eres arte?

-  Soy lo que tú quieres que sea, Indhara. Yo soy un ser abstracto, no vivo en el mundo en el que tu vives. Hoy en día, cada vez más, resido menos en tu mundo...Poco a poco, voy desapareciendo de tu realidad. Todo ÉL se ha plagado de una enfermedad incurable y el valor, que haya podido tener durante siglos, se ha ido perdiendo lentamente, hasta terminar, sólo, en los corazones más puros. Yo soy lo que tú quieras que sea. Ahora mismo soy tu dolor, tu tristeza. Soy la obra de un sentimiento que ha nacido en ti. Pero tampoco quiero confundirte. Yo soy todos los sentimientos universales juntos. Soy la expresión del alma de todos aquellos, que como tú, han buscado una salida a su frustración...a su sentimiento.

- Entonces, arte, ¿eres tú y yo a la vez?

- Sí, Indhara. Soy tú pero a la vez soy todos. He vivido siglos en la sombra de los que no han buscado respuesta. He sido buscado para ser castigado por muchos. Reprimido en épocas de miseria pero siempre he encontrado la salida. El artista no me ha dejado morir en el olvido. Aunque ahora, muy a mi pesar, el mundo me está aniquilando lentamente. Sea por muchos o por algunos pocos, están acabando con los corazones de la gente. Tu mundo sólo sabe de las guerras, del dinero y la indiferencia. El amor que tanta vida me dio se ha vuelto en mi contra y en vez de un rojo atormentado todo se ha transformado en negros profundos. - empezó a sollozar.

- No, no llores arte. ¿Qué puedo hacer para salvarte?-preocupada preguntó.

-  Indhara, tus padres te han enviado mensajes de odio, de intolerancia. Estás llena de prejuicios, de infelicidad. Pero, aun así, has sido capaz de encontrarme porque todavía tienes corazón. No pierdas tus sentimientos porque ellos son los verdaderos reyes del mundo. Escucha, no sólo las palabras, sino también los latidos. Busca verdades donde otros no ven nada. Encuentra, cada día, un sentimiento que te haga encontrarme. Presérvame en la memoria de un recuerdo, en las lágrimas que caigan en tus mejillas, en sonrisas de felicidad que hablen al viento. Simplemente recuerda que soy la expresión de cada momento de tu vida.

-  Nunca quise hacerte daño. Llevo buscando largo tiempo una felicidad escondida y eras tú. Siempre fuiste tú. Mi expresión siempre ha estado frustrada y su salida, era pues, mi salvación. No dejaré que mueras...preservaré tu nombre en cada pisada de mi camino. Ahora que te he encontrado  no volveré a dejarte.

- Recuerda: yo soy tu pasado, tu presente y tu futuro.

 

...........................................................................................................

- ¡Indhara, abre la puerta! - gritó la voz de sus padres.

- ¡Indhara! - gritó su madre.

 

Indhara, abrió los ojos. Otra vez, estaba en su habitación. Sus peluches parecían observarla detalladamente, como si supieran el secreto que habitaba en su cabeza. Adormilada, todavía, se levanto despacio dirigiéndose a la puerta para quitar el pestillo. Sus padres entraron de súbito.

 

- ¡Indhara, vas a llegar tarde a la escuela! ¡Venga, vístete! - dijo su madre.

-  Sí, mamá. - contestó sin rechistar.

 

Abrió el armario pensativa. ¿Abría sido un sueño? No, no podía ser un sueño. Todo era demasiado real. En los sueños la magia no se puede respirar. Cogió, delicadamente, el uniforme de falda escocesa, el polo blanco y el jersey azul marino con el escudo del colegio. Indhara odiaba las medias, así que, como de costumbre, escogió un par de calcetines azul marino. No tardo mucho en vestirse. Metió los libros en la mochila, la cerró y corrió escaleras abajo donde la esperaba su padre impaciente.   

 

El trayecto a la escuela fue diferente a los demás. Indhara no paró de pensar. Las palabras del "arte" no paraban de pasar en varias direcciones en sus arduos pensamientos."No habito en tu mundo, pero sí en las expresiones de todos". El arte era ella y no podía dejar que muriera sin más. Si moría el arte, ella también lo haría. ¿Cómo perdurarse así misma? ¿Estaba dejando morir parte de ella? No comprendía nada. Cuando llegó a la escuela, bajó del coche y, sin mediar palabra a su padre, se dirigió a su clase.

 

Todo parecía diferente. Estaba como en un pequeño trance personal. Entró en la clase. Se sentó en su pupitre y esperó a que llegará la profesora.

 

La profesora, al llegar, se dirigió a su mesa. Con su voz dulce,  les pidió a todos que realizaran una redacción con el tema: "la profesión a la que me quiero dedicar". Todos los compañeros de Indhara comenzaron a escribir sobre sus sueños, sus fantasías del futuro. Pero Indhara no sabía que escribir hasta que, de repente, se le ocurrió una idea.

 Pasados los 45 minutos de clase la profesora pidió que se le entregaran todas las redacciones depositándolas en su mesa. Uno a uno pasaron por delante dejando encima las redacciones y corriendo hacia el patio del recreo. Indhara recogió su bolígrafo  y lo metió en el estuche. Guardo el estuche en la mochila y se acerco a la mesa dejando una hoja de papel con un dibujo. La profesora asombrada por el trabajo de Indhara preguntó:

 

- Indhara ¿qué es esto? ¿Por qué has dibujado y no has escrito nada?

- Porque, profesora,  el arte es también una forma de vida.

 

 

Dedicado a todos los artistas que, cada día, nos regalan un poquito de su alma.

 

Vanora Miranda

 

 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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