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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

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Queridas masas populares: ¡Qué viva la revolución!

"O Fortuna velut luna  statu variabilis, semper crescis, aut decrescis; vita detestabilis nunc obdurat et tunc curat  ludo mentis aciem, egestatem, potestatem, dissolvit ut glaciem. Sors immanis et inanis, rota tu volubilis, status malus, vana salus  semper dissolubilis, obumbrata et velata  michi quoque niteris; nunc per ludum  dorsum nudum  fero tui sceleris.  Sors salutis et virtutis michi nunc contraria, est affectus  et defectus semper in angaria. Hac in hora  sine mora  corde pulsum tangite; quod per sortem sternit fortem, mecum omnes plangite!"

Cárminis burana

(Cármina moralia et satírica)

Año 1230 d.C.
¡Señorías ciudadanas!


Hoy, no me dirijo a los que están ahí por una ilegítima votación. Estoy aquí, dirigiéndome a todos ustedes. Me dirijo hacia aquellos que están esclavizados, a los que forman un presente y los que crearan un futuro no muy lejano. 
Señores ciudadanos, la democracia está muerta, nosotros la hemos matado. Hemos dejado atrás una época de dictadura, dónde perdimos a los nuestros, tanto por las balas como por lavaderos de cabeza. Señorías del pueblo, ya no estamos en el siglo XX. 
Han pasado más de 30 años desde esa transición esperada por todos los de nuestro pueblo, pero, señorías, seguimos engañados. El mundo no ha cambiado nada desde hace más de dos siglos. Seguimos sin saber quiénes son los que están detrás del dinero machando en sangre, el enemigo sigue invisible y desconocido. Sabemos nombres corporales, colectivos...pero sin ningún apellido, el enemigo material persiste como el dinero. 
He nacido en una etapa dónde se hablaba de la calma mundial. Las años de guerras quedaban, finalmente, en páginas de libros de historia y en las aulas de los institutos. Pero eso, también fue un engaño. Mi "país" no está en guerra, pero más allá de estás fronteras se cometen los crímenes más atroces por conseguir o apropiarse de los bienes materiales de otras tierras. Sólo nos queda la información manipulada por los medios, las palabras de tranquilidad hipócrita y, por supuesto, el engaño colectivo de crear una empresa europea. 
Señorías, abran los ojos. Estamos en tiempos difíciles, muy difíciles. Seguimos metidos en un sistema feudal, dónde el rico tiene cuatro barras de pan y el pobre lucha por poseer una. Pagamos a los que se presentan en nuestro nombre, haciendo campañas electorales llenas de mentiras para ser elegidos, no para defendernos sino para ganarse la buena vida. Señorías, ¡levantaos!
El futuro es lo único que nos queda. Sólo me queda preguntar ¿quién cambió la historia? ¡Nosotros! Siempre hemos sido nosotros. La historia no sería igual sin la necesidad del cambio, cambio en el sistema, cambio en nuestras vidas. Somos las generaciones vigentes, pasadas y futuras las que ganamos en mayoría. Ellos, aunque sea pocos, nos atormentan con el miedo, con la decapitación de las ideas revolucionarias. Desde pequeños aleccionan a "soldados civiles" para la aceptación de normas absurdas, inocuas e intransigentes. Nos enseñan las normas, pero no cómo se cambian. 
Nosotros somos los protagonistas. El fin de una era ha de proclamarse con una nueva vigente. Señorías, esto es el siglo XXI. Las cosas han cambiado a la crisis y no al bien estar. Nuestro pueblo está en el comienzo de la crisis como la de boom del 20. Hemos consentido que nuestro pueblo acepte salarios mínimos de 634 euros, teniendo el precio de viviendas de alquiler por 1000 euros en las ciudades. El joven estudiante que estudia una carrera se queda sin salidas profesionales, el paro aumenta y ellos siguen viviendo bien. 
No aceptéis el conformismo. ¿Quién sino nosotros podemos cambiar esto? Somos , como tantos otros, la generación del cambio, de la fuerza, del consenso. Las luchas sociales pueden que lleguen a su fin, pero tal como vivimos ahora nos están provocando hacia una nueva era, un nuevo sistema. Es triste, pero cierto; nunca hemos conocido una democracia verdadera. No tenemos representantes, estamos sin amparo en un mundo de hipócritas avariciosos. Nosotros somos quienes elegimos, los que representamos el bien colectivo; nadie sino nosotros defendemos nuestras preocupaciones del día a día. 
  Señorías ciudadanas, ¡gritad vuestra libertad! Ese es el espíritu que encendieron muchos de nosotros en un pasado y el que ha quedado olvidado en la mentira de un "supuesto cambio".  No nos engañemos, señorías, seguimos siendo el pueblo llano sin vestidos medievales. Mantenemos una monarquía, sabiendo la inexistencia representación de aquel "santísimo" del cielo. La monarquía murió con la ciencia y seguimos aclamándola. Aquellos que están en el trono no piensan en el pueblo, sino en las sillas reales, en las comodidades de un palacio, en las múltiples riquezas de este nuestro pueblo. Ellos saben que si nosotros, masa popular, nos levantamos, están totalmente perdidos. 
Este es el fin, toda crisis termina con una nueva etapa social; y así será. Esta es nuestra, la de pueblo, la social, la comunitaria; somos los propulsores de uno de los mayores cambios. ¡Decid NO a la censura! ¡Decid NO al robo social! ¡Decid NO al miedo! ¡Salid a la calle y protestar por lo que es nuestro! ¡Salid y luchar por nuestro futuro, nuestro bienestar! ¡Salid y tomad las calles! ¡Luchad por el cambio!
Nada es imposible, no creáis en las palabras del "diablo". No escuchéis al mentiroso, sólo busca la calma y el consenso en un pueblo descontento. Somos la rebelión callada y que demuestra día a día su fuerza y mayoría. Somos innumerables fechas en los libros: 1789, 1848, 1871, 1917, 1989...¿por qué no un 2011?
Haced que tiemble el miedo donde más les duele, señorías. Donde tiembla el pobre, tiembla el rico: el dinero es lo que tiene. Que entre el caos por las ventanas, puertas y calles.  Matad el dinero como ellos mataron la democracia. 
Señorías, esto no es locura. Deseo el bienestar popular tanto como vosotros. Hace años, era una niña fuera de las verdades que atemorizan las calles, sólo queda soñar con un mundo mejor para mi descendencia. Nacimos engañados de que existen igualdades, pero al paso de los años, las letras que escriben "igualdad" comienzan a ser borrosas. Sigo viendo el odio hacia otros por ser diferentes y, por supuesto, la igualdad ante la justicia suele ser engañada por unos cuantos fajos materiales. ¿Qué igualdad enseñan, señorías? ¿La igualdad de callarse la palabra ante la injusticia? ¿Igualdad para acatar las órdenes sin poder ser abolidas?
Hoy, os pido justicia, igualdad, soluciones... ¡Libertad! Preservar la memoria de aquellos que lucharon por nuestro bien y , ahora, devolverles con gratitud sus esfuerzos. No hay que olvidar la historia, sino preservarla siempre. Hemos olvidado que la moralidad de un pueblo yace, inevitablemente, en las personas de ellas. 
Llegando pronto a un final, rememoremos las moralejas que los más antiguos nos dejaron inmortalizados en palabras: "Todos los males quedaron liberados, excepto la esperanza"...Y si la esperanza no ha muerto, todavía quedan fuerzas para plantar las semillas de aquello tan soñado. Este es nuestro momento, no dejéis que el miedo entre en vuestros corazones puros, sólo él nos guiará hacia la victoria. 
Llenad el campo de batalla de rosas, de pasión y justicia. Inmortalizad los sueños en palabras de libertad porque, esto, es la revolución. Callad: al que posee avaricia, al que duerme bajo sábanas de billetes, al que os oprime vivir y expresaros, al injusto, al que intente globalizar mediante el odio y el despecho. 
¡Señorías, es la hora de despertar! Caminemos juntos hacia el cambio, nunca solitarios. Uniros en la batalla y ganaremos. Escribamos una nueva fecha inolvidable en los libros de historia, haced eco dónde otros quieren silencio... Esto no es el final sino el comienzo. ¡Señorías, a tomar la calle! 
¡Qué viva la revolución!
Madrid, 14 de mayo de 2011 
Vanora Miranda

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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