Ir al contenido

Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

Inicio | ¿Quiénes somos? | Editar mi portal

Cartas del amor a Capa (IV)

 

Creo que me he ganado el premio a las injurias contra los sentimientos. Te he dejado marchar una vez más y te he mentido como nunca. En vez de ganar ese beso deseado, he ganado una sonrisa por tu sueño.

 

Nadie puede quitarme el vacío que dejas entre estás ventanas, abiertas como siempre. No creo que pueda volver a cerrarlas, sólo espero...invento...imagino. Estoy volviendo a soñar. Ya no soy capaz de mirarte a los ojos sin pensar en nuestro pasado, me equivoqué tanto al creer que podrías ver más allá de este cegador velo griego en las personas. Pensé tantas cosas y ninguna es cierta. Que tonta fui al pensar que llegarías a sobrepasar mi portal y sus fronteras. Aquí sigo, lloviendo las primaveras de misería.

 

Si fuera capaz de cerrar los ojos más fuerte, llegaría a guiarte donde ya no llegan los primeros rayos de lucidez. Ilusa de mi, soy una simple mente atrofiada por las poesías románticas, las historias imposibles, ...de los amores distanciados. Ya soy una fotografía más en el álbum, un puente en la distancia de un camino agrietado. Comprendo el dolor mejor que nadie, es duro pintar una sonrisa cuando se te marcha alguien. Sonreír cuando por dentro sólo encuentras un infierno enfriando las venas con hielo.

 

Me pregunto dónde estarán aquellos cielos para los miserables y los infiernos para los santos. Parece extraño que, aquí en el infierno más helado, no baje un Virgilio apresurado, sabio, paciente; un Virgilio con el cual todos queremos ser guiados. Mi infierno no tiene llamas ni quema el deseo, aquí noto frío, soledad...tu sombra.

 

No necesito esperar a no sentir la nada, ya estoy en la nada más profunda. Mis esfuerzos de encontrar una frase que reconcilie nuestras miradas han fracasado, las he guardado en el baúl de la desídia y el olvido. Me avergüenzo de mi misma por no ser consecuente con la fuerza que mueve el mundo: en la profunda sinceridad del corazón. Te he vuelto a engañar para así verte realmente feliz. Me quedo con ese brillo intenso de tu reflectante pupila, el cálido sonido de tus sueños saliendo de tu boca...como masticabas las palabras sin saborear tan siquiera mi amargura.

 

Parece como si los años volvieran a cobrar la factura anual, el cisne al que hiciste brillar un día se ha vuelto a transformar en el negro solitario, en una esquina del mapa mundial. Olvidado, rezagado, pensativo...soñando si algún día volverá a brillar. Aquí, allá...da igual dónde estás, aquí está el cisne negro que ha olvidado nadar. Este lago se hace eterno, demasiados peces pero ninguno como tú igual.

 

Hace unos días, me paré en un banco y me senté. Empecé a observar el cielo, como tantas veces hice, y me vino a la cabeza una frase en aquellas tierras detrás de nuestro mar favorito: "Sabes, se puede distinguir a las personas observando hacia donde miran cuando andan" " Tú miras al cielo" Sí, miro al cielo porque tiene tantos secretos. Miro al cielo porque me recuerda toda la historia de mi vida. Me ha acompañado siempre en los peores momentos. El cielo ha secado las lágrimas de toda una vida , ha callado secretos como nadie...ha observado mis pasos. Ha guardado mi historia. Ahora miro a cielo y es como si te mirase a ti.

 

Ya da igual lo que escriba, lo que diga...lo que sienta. Por mucho que haya intentado luchar, he perdido la batalla más importante de mi vida. Ahora, cuando camino, sólo puedo observar el suelo por si encuentro pisadas tuyas y guiarme en algo en lo que creer. Ya no creo en nada, ni en ti, ni en mi. Soy un simple juguete, una marioneta más de un videojuego. Alguien tiene los mandos que me han alejado más y más... Yo en esta edad de hielo y tú, tú en aquella felicidad epicúrica.

 

Criticando tanto la hipocresía, ocupada de aborrecerla, he llegado sin preaviso a su celda. Ya no olvido que desde niña las cucarachas callejeras instigan la avaricia, la codicia...su realidad. Obligada a una suma de leyes sin firma, que me apresuran a una súbita caida obstentosa, al juego entre las batallas, a las puñaladas por caricias.

 

Caes en el estado físico, en la apresurada recogida de los brazos del castigo. No he matado a nadie, simplemente, he acogido la depresión como la mejor amiga. Que bajé el manto del destino, que recoja en pequeños trozos las innumerables veces que de esperanza se ha vestido. Peón de la codicia, peón entre líneas.

 

Cuál fuera el sueño otoñal, dónde las hojas, claves e insectos claman por la oportunidad. Una oportunidad de ser persona, de sentir el gozo de los sabios: a la tristeza poder tocar. Desenfrenada carga de pesos que cuando caen al suelo, no saben lo que es el bien o el mal. La dicha es tan buena, ¿o es realmente la tristeza mi pesar?

 

Mercancía hasta en las sábanas, aunque sin precio por pagar. Pago con mi alma, con palabras y mensajes sin firmar. ¿Cual sabor tendrá la sed? ¿Cual clamor tendrá el saber? Sólo sé que la consciencia es la llave de mi "afligidez". Son las notas mudas, es el tiempo sin las horas. Un bolígrafo escribiendo, mis palabras por su tinta. Te hablo a ti sin luz, el frío apaga mis neuronas.

 

Sin hablar, ya no callo. Callar regalandole al silencio miserías sabrosas. Masca mi vergüenza como los papiros de su historia. No hay nacientes seres en entierros que predigan la venganza. ¿Dónde está mi cuerpo? ¿Dónde te escondes, Cordura, en estos textos? Soy loca de palabras ...soy tu corazón ajeno.

 

Miento tanto que cuando te abrazo es como si te diera un beso. Te he mentido, ojalá que te quedaras conmigo. Déjame ser yo, déjame ser la historia que nunca ocurrió. Vuelve...vuelve....vuele....Me siento culpable de todo, de no poder cambiar nada. En los momentos importantes no tuve valor, nunca lo tuve. Ahora, la respuesta a todo se escribe con minúscula, renglones torcidos, curvas sin cruzarse en ningún camino. Maldita estupidez, malditos remordimientos....Vuelve, sólo vuelve.

 

Supongo que algún día la estación de la tristeza cambiará a la del olvido. Empezaré a cambiar de sueños, a divisar tu nombre sólo en escaparates, a recordar sólo una letra hasta que, sin poder remediarlo, no recuerde la sonrisa de mi vida. Sé que te olvidaré, pero no quiero olvidarte. Estoy agarrando demasiado un recuerdo que se desvanece cada vez más fuerte, idealizo lo peor que tienes: tu libertad.

 

Vuela porque aquí los pájaros son adiestrados para no aprender nunca cómo volar. Nacemos con alas que nunca dejarán de pesar, las cadenas nos separan...los barrotes son difíciles de cortar. Amo tanto tu libertad como tu mi cárcel de pensar. ¿De qué me sirve el pensamiento si todavía no sé cómo volar? Oigo el lema en tus mejillas: "libertad antes que amar".

 

No te culpo. Desagradable para todos es sentir el peso de cadenas. Yo me guardo los rencores, tomo las pastillas que me aluden de la realidad . No soy libre de nada, mis barrotes las cadenas que no me dejan ni pensar... "Pienso, luego existo", " ya no piensas, en la nada estás". Hueco, trás hueco; páginas sin rellenar. Hueco, trás hueco; libertad, trás libertad.

 

Adiós, estés dónde estés... No hay más prodigio en la tristeza que sentirse de verdad  mujer. No hay dolor más fuerte que mejor me enseñe la importancia de perder. He comprado el billete de lo absurdo. Me he vuelto muda, ciega y sorda...quedando más allá del mito y de las mil y una historias. Ya me da igual todo, he perdido la mejor aventura.

 

Vanora Miranda  

 

 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
Bookmark and Share

Comentarios - 1

دانلود آهنگ شاد

1
دانلود آهنگ شاد - 17-06-2017 - 10:07:08h

very good and nice


Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
Sugerencias