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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

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El idealista

 

Hank convivió con los libros desde que nació. Sí, qué extraña afición en los tiempos que corrían. Como si de una sociedad basada en Fahrenheit 451 se tratara, las juventudes se veían, sin saberlo, en el destierro de la vida misma. ¿Vivir? No, pasar el tiempo.  Esos humanos de edad juvenil se veían inversos en las leyes de lo absurdo. Aquellos que escribían los reglones de lo prohibido, se habían esmerado demasiado en entregar las llaves del "avance social" como la solución a la tan dejada atrás Edad Moderna.

 

Reprimido por su interés, acudió a la frase de un famoso Shakespeare, donde eligió un papel que poder interpretar para la aceptación social. Sí, demasiado triste para crearse. La sociedad estaba tan abrazada a la hipocresía, como a los miedos aterradores de las enfermedades incurables.  Se pensaba desde principios del siglo XX, que los tabús se había dejado encerrados en las neveras, las almohadas o en las sábanas de cama, pero se equivocaban demasiado. ¿Cómo pretendía defender la igualdad sin la verdad por delante?

 

Hank, no sabía cómo definirse. Era extraño, pensativo y, en ocasiones, un loco reprimido por el sutil descaro de sus pensamientos. Se podría decir, en pocas palabras, que le jodía demasiado comerse la lengua por lo "políticamente correcto". ¿Cómo podía callarse y no llamar a alguien hijo de puta? ¿Cómo no pensar que sus pensamientos iban más allá de la madurez que le rodeaba? ¿Simpático? ¿Antipático? ¿Gilipollas? ¿Cabrón? ¿Mala persona? ¿Buena persona? ¿Adicto al sexo? ¿Frígido? ¡Qué coño importaba! Creo que con el tiempo, dejó de interesarle la opinión de los demás.

 

Desde pequeño, odiaba lo cotidiano, lo correctamente aceptable a lo que se consideraba normal. Interesante planteamiento para un ser corroído, sin saberlo, en el ciclo vicioso de la farsa teatral. ¿Cuándo era el mismo? ¿Cuándo el personaje? No tenía ni puta idea, pero, lo que sí tenía claro, es que encontró la clave de la verdad y la aceptación en una sola cosa: el amor. Sí, jodido romántico empedernido, que no sabe dónde están las verdaderas desgracias de todos esos transeúntes de la vida cotidiana. ¿Amor? ¿Amor de libros? ¿Amor a lo ideal?

 

Sin embargo, a pesar de esos pensamientos contradictorios sobre la palabra "amor", su amor iba más allá de los diálogos platónicos. Sí, su amor dejó de basarse en esas escorias llamada "cuerpos" y fijo su amor en las ideas. ¿Ideas? ¿Qué era eso para la gente? ¿Simples pensamientos? ¿Comidas en la mesa? ¿Cagadas en el baño? No, el alma misma. Encontró eso que tanto buscaba en lo que menos forma tiene. No se podía encontrar así como así, él lo sabía, sin ninguna duda, pero, ¿habría suficientes almas puras que supieran idealizar las ideas mismas?

 

Su interés por el mundo incremento las horas en las páginas de aquellos amigos tan peculiares. Necesitaba saberlo, saberlo todo. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? Sí, sobre todo  ese por qué. Dónde estaba este problema que había hecho retroceder el espíritu y alma de los transeúntes del mundo.  ¿Qué había pasado con el corazón de las personas? ¿Dónde estaba ese Caos principal de donde surgieron la Tierra y el Cielo?

 

Un día, como podría ser hoy o mañana, decidió salir de su casa. No tenía muy claro el por qué necesitaba la calma de las voces conocidas, pero ahí estaba él, saliendo por la puerta de su casa. Ya en la calle, con sus típicas botas, rotas por los laterales de tanto usarlas, se dirigió a la parada del metro. Cuando se dispuso a meter el ticket como siempre, se dio cuenta que se lo había olvidado en casa: ¡Joder!- pensó- ¿Me dejaré la cabeza algún día también?

 

Como tantos otros días que esto le había pasado, decidió volverse a casa y coger el "puto" ticket de los huevos: ¡Joder, si el metro realmente fuera público! - volvió a indignarse en su pensamiento. Y, después de su repentina vuelta a casa y su ticket de metro en la mano,  puso rumbo a su cuerpo a la parada dónde había quedado con sus "conocidos" o, quién sabe, amigos.

 

Durante el trayecto, recordó las palabras de un amigo suyo que andaba perdido en algún lugar el cual no quería mencionar ni en su pensamiento:

 

"¿Sabes esa sensación de mirar a la gente del metro, observarla, imaginar sus pensamientos? No sé, pero me puse a mirar en las ventanillas el túnel negro de la nada. Y pensando, pensando en lo que viene y en lo que nunca vendrá. En el que está y en el que no está. En lo que podría cambiar y en lo que nunca cambiará."

 

 

Sí, claro que él lo sabía, perfectamente. Sensaciones que nunca llegan a explicarse por el miedo a todo. Demasiadas cosas desconocidas en las letras de nuestras historias y, olvidándonos siempre, de lo que es el ahora y dejar el mañana a un lado. Y, así, volvió a frustrase de lo que se dejó de hacer en su día, en la posibilidad que tuvo de cambiar las cosas y no pudo. ¿Quién sino él cambiar las decisiones con palabras que no hacían daño a nadie?: ¡Maldita existencia la mía, tan jodidamente inútil fui en impedir que algo cambiase el rumbo! - siguió maquinando su pensamiento mientras sus flashbacks retumbaban en su cabeza.

 

Si alguna vez, solo una, el pasado dejase de atormentar sus pensamientos. ¿Por qué vivir tan apresuradamente sin saborear lo triste y lo alegre? ¿Por qué no poder disfrutar de lo que es realmente vivir? ¿Por qué no aceptar de una puta vez que vivir va más allá de la palabra morir? "¿Serán libres de las cadenas sociales que les arrastran a pensar lo que está bien o mal? ¿Dejarán guiarse por lo que siente y no por lo qué debe ser hecho? ¿Estaré libre yo mismo de todo ello sin prejuzgarme a mi mismo? "

 

Su destino estaba a dos minutos de llegar. Se despejo de tanto cuestionamiento mental y salió del vagón sin pestañear los ojos.  Pero, desgraciadamente, sus pensamientos no dejaron de perturbarle. Eso le irritaba, sobre todo cuando se dirigía a quedar con gente. No sabía cómo dejar su abstracción cósmica a un lado, sin hacerse notar: ¡Dios, por favor, qué no me pase otra vez! ¡Qué no piensen que soy un coñazo! SI sólo yo pudiera saber cómo evadirme del todo, ¡joder, que mente más anárquica!

 

No se sabe cómo, ni si quiera el autor de ésta historia, se produjo un enfrentamiento ideológico con uno de los presentes en la escena de los conocidos.

 

-          (...) Montaré una empresa. En ésta vida, si no triunfas por unas triunfas por otras..- dijo el conocido de dos días.

 

-          ¿Perdona? ¿Qué quieres decir con eso de triunfar? - preguntó Hank.

 

 

-          Pues eso, que hay que triunfar. Un negocio, esas cosas.- respondió él.

 

-          ¡Ah! ¿Me estás diciendo qué para triunfar hay que ganar dinero? ¿No hay otras maneras de triunfar? Eso es aportar más mierda al capitalismo. Si tú les sigues el juego, entienden que funciona como ellos quieren. - argumentó Hank alterado.

 

-          Sí, yo también pensaba así, pero luego he decidido que es mejor perderlo. Las cosas no van a cambiar. - siguió diciendo el conocido.

 

-          Desde luego, con esa actitud despreocupada, ¡claro qué no! Los ideales no se tienen sólo para cambiar las cosas, sino para creer en ellos como forma de vida. En ésta vida  hay demasiada mierda como para olvidar las cosas que están ahí aunque no queramos. - prosiguió Hank .

 

-          Eres un idealista - afirmo él.

 

-          Sí, creo que sí.

 

Como todo lo que iba a decir el conocido lo había oído ella, no quiso alterar la atmósfera  más de lo que estaba y decidió seguir en sus pensamientos internos cagándose, literalmente, en el sistema educativo. ¿Por qué en el sistema educativo? Porque es la razón por la que la sociedad no dejaba de avanzar. Se les enseñaba demasiado pronto a las personas la necesidad del trabajo, del dinero, olvidándose así de los principales impulsos que les trajeron a la existencia: la vida misma.

 

Está claro que la definición de "vida", como ya pensó en el comienzo de la historia, se había ido metamorfoseando en lo que algunos ricachones de turno habían querido que fuese.  Poco a poco, se despedía de nosotros la moralidad y la sabiduría clásica...Adiós a los principios... ¡Adiós!

 

La verdad que Hank empezó a estar más furioso todavía. Al parecer, todo el mundo decía que ellos también pensaron lo mismo, pero, ¿por qué él no había cambiado de parecer? Será que la gente se engaña al pensar que un ideal se va por no conseguir lo que se espera? ¿No será que ni ellos mismos sabían que personaje teatral elegir en un momento de búsqueda interna? ¿Tenemos todos la personalidad tan marcada como otros? ¿No sabemos fabricar nuestro propio mundo interno para evadir el que nos obligan a seguir?

 

En todo caso, daba igual seguir con esas paranoias internas. El mundo seguía igual, Hank seguía igual. El pis seguiría siendo pis. La mierda seguiría teniendo el mismo color marrón que siempre y los espejos seguirían reflejando el paso del tiempo y la madurez errante de los caminos.  Eso sí, lo que no seguiría igual es seguir los consejos de los no indicados. ¿Por qué admitir qué todo el mundo tiene la misma capacidad interna y sensible? ¿Se le llama sensible a alguien que sabe derramar lágrimas o alguien que sabe afrontar las mentiras de los personajes del guión?

 

-          ¡Vaya puta mierda! Si tan sólo tuviera clara una cosa, tan solo una creo que mi felicidad llegaría al instante. Sopesar los problemas sociales es jodido de cojones, pero más aún cuando tus pensamientos son tomados por la soberbia interna que cada ser humano predica por pecador. Soberbia...soberbia... ¡Ah, ya lo tengo! Tendré claro mis principios ancestrales, cabalgaré sólo y observando silenciosamente...pero, ¿no es eso lo que hacen los antropólogos? ¡Ya estamos otra vez, el puto desvarío interno! Sabed, ¡malditos todos vosotros, que como Mercucio bien dijo en sus últimas palabra: "mala peste a vuestras familias" o , lo que viene a ser lo mismo, mala peste a vuestras conciencias.

 

Así termina todo, tal como pieza. Sintiendo nada, sin consciencia de nacer. Eso será lo que tanto esperamos todos. Incesantes horas de búsqueda para la horrible realidad que aparcamos en el pasatiempo favorito. Aún sabiendo los destierros que encontramos por el paso, seguimos luchando en vano. Da igual la reacción del mundo, tenemos que proseguir nuestro legado, nuestra forma de pensar. Si ellos, sin aquellos que individualizan el pensamiento, que salen fuera de lo "normal", de lo tan "absurdo", se refugian en las calles con la verdad que no se quiere ver. No somos soñadores de materias, sino espíritus que vagan por las sendas sin ningún peaje que pagar. Sentimos que esa necesidad es gratis, inconclusa y peligrosa. Decimos que el peligro es el no saber de nada y querer vivirlo. Apagamos las luces cuando todo esta brillante, pero siempre con la luz por delante en las oscuridades de la mentira, avaricia y hambre.  

 

Si no somos nadie, si somos puras motas de energía, que además, tienen el don de la palabra, ¿por qué coño no usarla? Nosotros no callamos, no herimos, pero tampoco hemos encontrado el perdón social en las esquinas. Siempre los reproches, los intentos de cambiarnos y, aquí seguimos, entre la mierda de los ricos.

 

El que quiere entender entiende, el que no te etiqueta de loco. Algunos terminamos con pastillas, otros encerrados en cárceles malditas. Pero, ¿quién coño son ellos para juzgarme? Los mayores criminales del mundo se hacen dueños de la palabra "dignos" y así, como si fuera lo más fácil, deciden tu vestido, tu sopa y tus pensamientos. Dignos ellos que rehúsan de ser puros, cuando son enfermos de lo obvio. Sí, enfermos, enfermos porque no encuentro otra palabra para describirlos.

 

Es tan fácil como cerrar los ojos. Saber qué querer ver y  buscar la claridad absoluta. No hay dolor en lo que busco...sólo verdad, justicia y, todo ello, sin ninguna clemencia. No arrodillarse a los iguales y menos al enfermo. ¡Enfermos todos! ¡Criminales de la vida justa y el orden cósmico! ¡Malditos todos vosotros! ¡Malditas vuestras familias!

 

Y el final, como todo. El final de una larga lucha, de largas horas pensativo. El reloj, que no tiene horas. El pasado que no es pasado. Un futuro que no existirá nunca. Un presente que lo es todo. Esclavo sólo del tiempo y , a su vez, de la vida injusta.

 

Hank volvió a casa. Cerró la puerta de su habitación. Cogió el pijama. Se desnudó como tantas veces hizo. Se miro el cuerpo, una o tal vez dos veces. Las vendas que apretaban sus pechos de mujer le hacían heridas ya insoportables. Cuando se quito las vendas, se dirigió al espejo. Se miró reflejado como tantas veces y le susurro muy bajito:

 

-          Sólo soy capaz de hablarte siendo hombre. Hombre de confianza, de virtud y de las esperanzas. Sólo como hombre puedo verte el pensamiento. Sólo así consigo que respetes mis deseos. Hombre , mujer... Siempre fui ideas y nada más que eso. 

 

Vanora Miranda 

 

 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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