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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

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Principio

 

Una sala cualquiera. Donde dos personas cualesquiera podían encontrarse entre miradas, pero ésta no es la historia de dos personas. Aquí sólo se respira un silencio. El silencio, Liverly.

 

Su escena preferida. Todo en negros y blancos, sólo rodeada por los suspiros de una época que se pisaba con el paso del tiempo o el recuerdo de algunos. Pero, a fin de cuentas, era cierto. Estaba rodeada de mesas flotantes con la bruma. El salón, el piano, pero sin nadie cerca. Intento percibir si sus palabras llegaban a un vacío más intenso que su propio corazón. No hubo respuesta. Ahí estaba ella: sola y sin nadie a quien gritar.

 

De repente, empezó a sonar una canción conocida. Intentó divisar en esa espuma espesa la figura de alguien conocido. Aunque, fue en vano. No había nada. Se percató, entonces, de que estaba entre los fantasmas de su corazón.

 

Fantasmas que a mi venís, gloriosa es vuestra figura. ¡Oh, temerosos vuestros ecos y a la vez tan deseados! Cuervos que cantan mi Réquiem, amantes que no supieron rasgar mi garganta. Fantasmas, amados míos. Sólo con ésta bruma yo os diviso. Os siento, os aplaudo. Todo, farsas y, a la vez, verdades inauditas. ¿Qué será de ésta ceniza? ¿Qué será de los pilares de columnas? ¿Podéis oírme? Susurrarme... ¿Dónde estáis?

 

 

Aquí, metida en un centenar de preguntas sin respuesta. En un motor que parará por su falta de aceite. Me han condenado, me habéis condenado, me he condenado a lo absurdo de la vida. Me dotáis de tacto, esencias que no pueden describirse. Mirarme, ¡digo que me miréis! Soy invisible hasta de mis propios miedos. ¡Salid, cobardes! Los ataúdes son solo para los muertos. No, no. Me niego a que brote sangre de mis labios. Juicio final que nos acompañan al caminar. ¿Por qué?... ¿Por qué?

 

 

¡Salid, malditos! ¡Salid! Dejad que con estos morales sentidos vea mi final pasar. ¡Dejadme disfrutar de mi propio epílogo! ¡Dejadme sentir lo que no es sentir! Estas manos débiles no aguantan más. No puedo tocar lo intocable, pero si palpar lo inevitable. ¡Dejadme pasar! Estoy rodeada de vida que niega mi juicio al caminar.

 

 

 No sé sabe dónde, cómo ni por qué. Empezó a sonar una melodía conocida. Miró, miró y miró, pero nadie ahí había. Se iluminó el piano cercano a la ventana. Esa luz luminosa de fantasía. Se acercó muy lentamente, pero sus piernas le impidieron situarse a menos de un metro de ese hermoso instrumento. Ahí estaba, aquella clandestina escena. Decidió sentarse y, simplemente, observar.

 

                                                                                    ..........

 

"You must remember this

A kiss is still a kiss

 

A sigh is still (just) a sigh

The fundamental things apply

As time goes by

 

 

And when two lovers woo

They still say: "I love you"

On that you can rely

No matter what the future brings

As time goes by

Moonlight and love songs - never out of date

Hearts full of passion - jealousy and hate

Woman needs man - and man must have his mate

That no one can deny

 

It's still the same old story 

A fight for love and glory

A case of do or die

The world will always welcome lovers

As time goes by"

 

 

                                                                                    ...........

 

Liverly alumbró la perfecta actuación con una sonrisa, aunque algo iba mal. Las paredes de ensueño empezaron a hacerse estrechas. No sabía dónde meterse. Una risa de brujas y demonios retumbo en toda esa escena. Liverly se estremeció y sólo pudo taparse los oídos para no temer lo que podría llegar.

 

Cuando faltaba poco para aplastar su pequeño cuerpo, todo el escenario se difuminó en partículas. Parecían como pedacitos rotos de un cristal. Se expandieron por todo el espacio y universo, dejando un paisaje abstracto y truculento. Ahora se distinguían apenas colores o formas. Partículas, motas de ceniza de materiales tan intocables como la verdad misma. Irreconocibles, reflejos... Aunque, unos ojos se habían transformado en lo alto de una extraña cúpula atómica.

 

Mientras todo esto pasaba, Liverly había cerrado los ojos. Cuando cesaron las malignas risas y sintiéndose intacta, volvió a abrir los ojos y desplazar las manos fuera de sus orejas. Sus botones de videncia intentaron llover y una pequeña gota de lluvia broto de aquellos expectantes públicos. ¿Qué había pasado con su mundo? ¿Por qué era todo igual que antes? Se encontraba otra vez en el mismo velo de siempre. Otra vez ese espejo expectante.

 

Intentó moverse de su posición, aún así fue en vano. Su curiosidad no pudo con su vanidad e intento tocar lo que parecía ser la primera visión de una realidad lejana. Sí, era posible. Estaba tocando el principio de las cosas. Una sustancia tan preciada como el mismísimo halo de vida. Ahí, en ese mismo instante, atrapada en lo que ilustraba ser el sustento de las vidas ajenas, se encontraba delante de ella. Intacto. Inmóvil. Susurrante.

 

Lo miró fijamente. Sonrió. Por primera vez en mucho tiempo, no tenía miedo...

 

Dime qué eres. ¿Por qué aquí? ¿Por qué no antes? Si tan siquiera pudiera rozarte. Lo sabría todo. Lo tendría todo, pero sin necesidad de palpar la nada. ¿Por qué eres tan hermosa? Admiraría tu sabiduría, tu poder de averiguar el destino de las estrellas.

 

 

¿Debería temerte, Sombra De Mi Alma? Esto es el Edén y no lo supe nunca. ¿Son las vidas el árbol de la sabiduría? ¿Es acaso mi ignorancia lo que temes tú? ¿Es mi ignorancia lo que me hace vivir? Si te toco... ¿volveré a renacer más fuerte? ¿Seré libre de mi mortalidad? ¿Podré salir de aquí? ¿Podré volar?

 

 

...Tu silencio es inquietante. No sé tal vez las preguntas, porque tampoco hay respuestas. Dímelo, por favor. Mátame si quieres, pero págame con el secreto...¡Sigues siendo tan hermosa! Mis palabras no te envejecen. Y, ahora, observando mis manos, veo que soy yo la que cuanto más me acerco me voy consumiendo.

Te voy a tocar, Enfermedad...

 

 

Y sus manos se acercaron a esa monstruosa maldad. Su poder era demasiado grande para soportarlo. Sintió un dolor terrible en la mano. La quitó de esa bestia. Y, cuando echó la vista hacía esa extremidad de su cárcel, comprendió su sentimiento de pesadilla. Su dedo empezó a teñirse de un color negro intenso. Se extendía. No podía pararse. Toda su mano se había coloreado de muerte. Ella gritó, gritó y gritó. Su extremidad voló como ceniza, dirigiéndose a la bestial partícula que tragaba sin reparo el pedacito de beso mortal entre su estómago invisible.

 

Se oyó un estrepitoso ruido que hubiera detenido el núcleo de la propia Tierra, si no fuera porque la Tierra no existía en ese lugar. Empezaron a saltar gotas de esos ojos expectantes. Una a una, cayeron en su traje de vida. Aumentaba la intensidad de los lloros del Principio. Sintió como nunca lo que fue el Caos, lo que habían comprendido tantos sabios antes su no preparada mente.

 

Aquí estaba. En la completa Nada. En el infinito Caos. Degollada por las brumas, las tormentas y el frío del destino, decidió salir como fuera de esa escena terrorífica. La única forma que conocía era salir de los inmundos Inmortales. Toda la vida deseando la infelicidad por las causas. Toda una búsqueda incesante de miradas incomprensibles, de sin saberes...La salida era simple y sin retorno.

 

Sonrío. Cerró otra vez los ojos. Respiro lo más hondo que pudo. Sus manos empezaron a buscar los botones de su camiseta. Se desnudó por completo. Levanto su cárcel y, sin mirar atrás, sonrío otra vez extendiendo los brazos todo lo posible. Comenzó a susurrar una letra esa canción que parecía siglos haber sido cantada.

 

No matter what the future brings

As time goes by

As time goes by

As time goes by

 

Antes de poder  decirlo por cuarta vez. Soltó su propio mar entre la tormenta. Abrió los ojos. Las partículas, como si de un ejército se tratará, volaron hacia ella. Y antes de que el montón de cenizas llegara a su corazón, éste susurro lo prohibido:

 

As time goes by

That...is...the...answer.

 

.........

 

-          Bueno, ¿entonces qué? ¿Saldrás  mañana con nosotros o te quedarás en tus mundos metafísicos, Liverly? - preguntó su amiga con el porro en la mano.

 

-          ¿Qué? Perdona, ¿qué decías Roly? Es que estaba en mi mundo ...

 

-          ¡Ja,ja,ja! Nada, tía. ¡Tenías que verte la cara! ¿En qué coño estás pensando, tía?

 

-          Ojalá nunca lo supieras. Te asustarías de las cosas que me abruman.

 

-          Bueno, ¿una de Sexo en Nueva York? - riéndose a carcajadas.

 

-          ¡Anda que no tenemos problemas con el sexo! Sexo, sexo y más sexo. Oíga, por favor, de primero, quiero ensalada de sexo. De segundo, filete de sexo y, de postre, un helado con forma de tetas y las guindas de pezón, gracias.

 

-          Tronca, ¡cómo se te pira!

 

-          Créeme esto no es ni el principio. El principio está muy lejos de nosotras y si lo tocáramos no estaríamos preparados, con lo cual moriríamos en el intento. Se me ha ocurrido una historia, creo que mañana escribiré.

 

-          ¿Sexo en Nueva York?

 

-          ¡Sí, venga! ¡Pon Sexo en Nueva York!

 

-          ¿Te haces uno?

 

-          Sí, lo necesito. 

 

Vanora Miranda 


 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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