Ir al contenido

Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

Inicio | ¿Quiénes somos? | Editar mi portal

FlechaExpress.com

 

Estimada usuaria:

 

Nos ha llegado a nuestras oficinas la reclamación de haber errado a la hora de prestar nuestros servicios.  Ante todo, queremos repetir, una vez más, que el servicio de nuestros querubines no es infalible, como expresamente comunicamos al inicio de cada misión de nuestros pequeños montaraces.

 

Sentimos en lo más profundo de nuestro sentimiento su desdicha, pero no por ello deberá una deuda. Sabemos que son tiempos difíciles, no crea que esta empresa pasa por sus mejores momentos. Con el marca páginas en el capítulo otoño los corazones son menos puros y escurridizos que en otras épocas del año, aunque nosotros intentamos endurecer lo poco que queda de esperanza y sueños en su libido más escondido.

 

Como bien hemos dicho al principio del segundo párrafo, estamos consternados y afligidos por su pérdida o fallido intento de fortuna, pero las reglas son las reglas. En todo caso, hemos consultado su caso a un gran participe de la  empresa, Céfiro, esposo de una de nuestras fundadoras, el cual, seguramente, le recomendará nuestras grandes ofertas de éxito al entrar la primavera.

 

Dada la ocasión, aprovechamos para darle nuestro más cordial saludo y nuestros más honorables deseos de su continuidad en los servicios prestados.

 

"Amor vincit omnia"

 

Atentamente,

 

Afrodita de Chipre  

                                                                                     ....

 

Así terminaba la carta. La releyó varias veces, simplemente, para saber si su indignación era basada en hechos reales o imaginarios. Vaya estafa de empresa, los tiempos no corrían ni para los que se dejaban caer en los portales más escondidos. Era todo especialmente artificial, sin ninguna mota de lágrimas sobre el alfeizar. Los portales negros y grises, sin colores que resaltaran lo que más deseaba en este mundo: encontrar la desdichada esperanza.

 

Era cierto, entonces, que volar descalza había causado turbulencias en los despegues. No sentía ningún alivio al recordar las diferentes frases que habían sucumbido en un intento de dejadez y adiestramiento. ¿Quién la domaría ésta vez? Suponía que los que sabían limpiar ventanas o, al menos, intentaban abrillantar el moho del frió nocturno, supieran divisar rayos de intranquilidad y sosiego en sus más recónditos pesares.

 

Estaba harta de las reglas. Marie, o así se hacía llamar nuestra anti-heroína, no se dejaba llevar por los anacronismos colectivos. Sí, creo que no sabía vivir en una línea temporal consciente. El tiempo era la invención de los que no sabían copilar las frases o visiones en la apropiada caja "recuerdos inolvidables". No había, pues, una regla obligatoria de marcarlo con una fecha prescrita.

 

Odiaba las firmas. Odiaba la burocracia. Odiaba las empresas y, por eso, no entendió cómo pudo haber caído en tal desgracia al creer las confluencias de una diosa maldita por el frenesí y el orgásmico placer de los besos por las dudas. Parecía ser cierto que ahora en vez de amor eran sólo cuentos. Alguna que otra visión de que las historias maravillosas no existían. En la época de Hierro, donde sólo andaban piedras por los caminos, no había encontrado una pared que callara sus berrinches o sus paranoicas escenas.

 

Marie miró a la ventana de reojo. Algún que otro rayo entraba por los poros de su piel y el callado llanto del Sol rezumbaba en los cristales y en oídos escambrosos. Se ocupaba lo suficiente de mantener las pequeñas cosas en la calma, en quitar su velo de los pensamientos más tenebrosos. En el fondo, sabía lo que buscaba. Su afamada psyche. No había psyche alguna en el valor de lo físico, de lo representado.  Ella estaba más allá de lo que se veía, más allá de los pensamientos. En otro mundo más lejano, más brillante, más alocado...No había reglas, no había fetiches. Mundo de sentimientos, mundo de olvidados.

 

Así, podía pasar horas. Recopilando las palabras huecas, vacías, llenas o pensamientos de otros que humanizaban lo no humano. Ahora el más débil era el que lloraba, no el que mataba. El más débil era el que no tenía miedo a expresarse, al que dirían los que no sabían nada. Y el saber era demasiado relativo, porque aquí nadie éramos licenciados enInstrucciones de la vida.

 

Se puso a pensar un rato. Luego, ese rato pasó a ser una hora y, de la hora, se alejaron más las flechas. Decidió escribir a estos bastardos. Sin compasión. Sin ninguna elección más allá que la del propio deseo. Dejemos sin reparo las buenas costumbres que nos marcan tanto, que nos alejan un poquito más del individualismo que nos hace ser personas. Pensemos por un momento en lo que es sentirte diferente o al menos marcar las propias reglas que creas convenientes. Ella cogió el bolígrafo, la hoja en blanco y un pensamiento frío empezó a escribir:

 

Oh, Afrodita, dulce pena...

el carmín tiñe tus labios,

como mis miserias.

Diosa, tú, que todo amas,

Diosa, tú, que todo curas.

Ábreme el pecho

cosiendo las arterias .

 

Oh, tú, desdichada,

Amante de amantes,

Enferma entre enfermos,

¿Dónde están tus hechizos?

¿Dónde están tus lágrimas?

Diosa, tú, que todo alteras,

Diosa tú, que todo desintegras.

 

Oh, Flora,

Oh, calamidad de rosas

cual otoño en su cuna

descalzas las deja.

Diosa, tú, que todo acurrucas,

Diosa, tú, que todo desesperas.

Recluida, espero que florezcas.

 

Oh, Afrodita, dulce pena...

que este Helio que hoy alumbra,

guía sea de mis pasos.

Oh, Afrodita, dulce pena...

que este lacrimoso pensamiento,

hunda los surcos

de tu paradero.

 

 

Que marchito el pensamiento. Que marchita es la fobia de los sentimientos. Y, aun sabiendo los pros y contras, decidió firmarlo. Era su sello, una firma inconclusa y sutil de marcar las cosas, los momentos, los instantes que se quedan donde sólo llegó el viento.  Bajamos hacia los deseos de los que no se atreven a cantar un verso, los que dicen no pensar o decidir lo que unos marcan con rojo. Esta era Marie, lo que esconden todos.

 

Así, paseó por la habitación de cabo a cabo. Los nudos del estómago se retorcían apretándose más y más fuerte. No encontraba el pájaro. No el pájaro cualquiera, buscaba el ruiseñor. Las pasadas observaciones del desconocido paradero de su héroe volador...era como esperar el canto del político o el gobernador.

 

Hacía ella iba. Hacia ella y nadie más las excusas y berrinches. Hacía ella iban los miedos y los inconclusos de la vida. Marie se sentó. Decidió que no podía enviar una carta así. No podía alabar tanto a los dioses, a los que jugaban el tablero. Todo es una emersión de cauces y deslices. No hay razón para escribir o ni siquiera alzarse contra algo que nunca estuvo postrado en un altar. Inventamos su forma, su persona, sus debilidades, sus fuerzas, sus destrezas...lo social. Y protestamos. Protestamos contra lo que nunca estuvo más allá.

 

¿Qué responderle? ¿Qué autoestima susceptible podría prestarle? ¿Qué conjetura inventarse? Usemos pues la hipocresía de lo correcto. Hablemos políticamente hablando:

 

Estimada Hija de la grandísima puta:

 

Me hallo, por no hallarme, en este entrelazado problema, no por ello menos importante, del tal desastroso propagandismo modernista, olvidemos el año, de su poco eficiente empresa. Como no soy quién, os diré que el gran susodicho pésame, no ha calado demasiado en la pituitaria de la verdad. Lo siento, yo, mi hija puta preferida, la que lo lamenta es su servidora.

 

Míreme, le escribo, por no escribirle, para no rasgarme las entrañas ni coserme la boca. Sepa usted, el mundo no es para los que piensan o sienten. Hablemos clara, concisamente, estamos ante otro acto de Tragedia, pero, escuche, de los que caen, otros se levantan.

 

Retiro mi protesta. No quiero ofertas baratas de primavera, quiero un árbol que con sonrisas crezca.  Quiero del Helio disfrutar sola. Volar, hasta la profundidad, más del universo oscuridad.  Más bien el viento en la soledad, ya sabéis, nadie sabe que puede venir después. Aquí os dejo mi más estimado pozo de desgracias. Disfrutadlas con todo el sabor de la podrida semilla del ser.

 

Dada la ocasión, aprovecho para darles mis más cordiales "que os den por culo" y mis más honorables deseos de vuestra continuidad en el más grande de los infiernos: el miedo.

 

Atentamente,

 

Marie 

 

 

 

Vanora Miranda

 

 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
Bookmark and Share

Comentarios - 0

No hay comentarios.


Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
Sugerencias