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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

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La balada mundial

 

Thalia, Cálibo calló tu poder de risas.

Manchando, así, mi sangre,

olvidando felicidades con prisas.

 

Sólo las aves, furiosas, silenciadas,

aprenden dialectos sumisos

en tan lastimosos lamentos.

 

¿Qué eres tú, desdichado Ate?

Deidad entre deidades,

humanos contra perros.

 

¿Ya no te sabe amargo, querido Tereo,

el canto ignominioso de aquella que en

 tu cama una noche se prostituyó?

 

Si no fuera por su canto,

si no fuera por su lengua serpia,

¿Qué esperanza queda?

 

Arrodillados , o eso temo,

en esta tierra infertil , donde

Susa es el mundo entero.

 

Los asfaltos recitan trenos ,

despidiendo sin lágrimas

lo que nunca se logró .

 

¡Adiós! ¡Adiós! ¡Adieu!

Sólo supe de su nombre

en novelas de textos.

 

Caer firme ,  aunque

 caímos, sin faltas o escrúpulos

 de espaldas al suelo.

 

Sí, eres tú, Ate angustioso,

afirmándote entre el ego,

la avaricia o el desprecio.

 

Coloso amargo, semilla

del dolor que anidas

la flor de este campo.

 

Danaide en el corazón,

prostituta en las aceras

de esta enfermiza infertilidad.

 

 

 ¿Por qué no escupir

tu angustia, tu malicia,

tu maldito edor ?

 

Si las ratas siguen a flautistas,

si las fieras al domador,

¿a quién, Hombre de Hierro, seguis vos?

 

Abrir ventanas, cerrar puertas.

Alabar al pequeño, y si al grande

 derrotamos no caeremos al fuego.

 

Y es por ti, dulce Ate, que

cuando el carro dé su vuelta,

existirás sólo  sueños.

 

Alarga tus versos, vomita mentiras.

Ya ni escupir puedo ,

aunque seas pesadilla.

 

¡Silenciame si puedes!

Recuerda  a los reclusos

que aquí te esperan.

 

 

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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