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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

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Vasos de Agua

 

Tormenta que te escapas de mis lamentos,

 empujas más fuertes tus alas contra el viento

desafiando al pájaro, al ratón o al ciervo. 

Tan lenta como las tortugas, pero rápida

como aquellas libres liebres. 

 

 Aférrima simpátia que entre infancias

aproximas esta sensación a los armarios

cerrados y llenos de monstruosas

 figuras temidas en la noche de un

 cuento leído, a las doce perdices pasadas. 

 

Esta dichosa presión en el pecho 

más fuerte que la que pudiera sentir

bajo  las profundidades de Aigai,

 arrastran mis energías lejos de mi Alma,

 ya no sé si soy Muerta o Viva. 

 

 Písame más los pensamientos, convierte

 lo que me quedaba de colores en un

 espeso Blanco transparente. Odiosa

 melodía cerebral que no para de nombrar

culpables morales imaginarios. 

 

 Sáciate de este cuerpo invadido

 por el Ojo cristalino de la niebluna

nocturna. Evitar su mirada o sus pisadas

entre las sábanas; evitar su condena

por saciar mis lágrimas. 

 

 Aquí abajo todo parece condenado, 

arriba demasiado sosegado. Todas esas

criaturas se aburren en la felicidad

eterna, bajáis a los desterrados para

robarles el arte de ser humano. 

 

 Y qué hacer, si es que el don

 de mi desesperada palabra se acaba

 como la melodía de mis cuerdas vibradoras.

Sin voz o palabra, me quedan las heridas

bajo mi piel tatuadas. 

 

 Aquel quien dijo que los corazones

 no podían dejar de latir por dolor,

 tristeza o soledad es porque nunca

sintió tal pesar, amargura o enfermedad.

Destierro social, poeta de la soledad. 

 

 Morfeo, ¿por qué me traicionas?

 Abraza mi subconsciente más fuerte

 que esta pesada sombra que me persigue

desde mi infancia...Sombra que nadie

 nos quita; amargo destino esperado. 

 

 Si esto es la vida prefiero que me quemes

con fuego inmortal, que las serpientes

me degüeyen el cuello, que los placeres

de los cuales he disfrutado me atormenten

sentada en la silla de los olvidados. 

 

 Y, aunque mi piel se arranque, las

 serpientes y perros, aquí imaginarios,

desgarraran mi prostituida Alma,

 acabaran de una vez con el sufrimiento,

la presión, que hoy, siento en el pecho. 

 

 ¿Nadie ha sentido el dolor de que todo

aquello que amas se irá, se va o huye

tanto de ti como el burbujeante Tiempo?

Hoy mis manos tersas sienten que serán

 arrugas pasado mañana...

 

 Miedo de que me atrape antes de tiempo,

miedo de que no me de tiempo a decir, 

expresar, amar, desear, disfrutar

 de este precioso y, a la vez, amargo

viaje solitario. 

 

Comprar, prestar, regalar...

Cualidades que nunca imaginé serían

capaces de coger, al Amor, como caramelos.

Siempre dando Amor, como si no se gastara. 

Pero, ¿quién sabe amar?

 

 

Vanora Miranda 

 

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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