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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

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El Espacio entre Líneas o Desarrollo de las mentes irreales

 

EL ESPACIO ENTRE LÍNEAS 

DESARROLLO DE LAS MENTES IRREALES 

 

Hará dos años terrenales, cuando la Autora de esta enfrascada cúpula de palabras conociera el ignominioso afán de las replicas Románticas, el muso de los Olimpos más altos de Grecia. No había montaña más alta para escalar, ni tales sentimientos reflejados en espejos de biografías infinitas, todo demasiado lejos de los insatisfechos lejanos campos semánticos de la palabra Amor.

Esta obra, está arrasada de dialectos morales, fuera de toda Educación y Sociedad. Aquí, madura las hojas que se dejan caer en los Otoños; la Primavera siempre hace crecer los dulces sabores de la tristeza. Querido amigo, dirigido a ti irá siempre la artesanía de sus versos. La paciencia de las charlas inconstantes sobre el movimiento orbitacional de los hilos de esta nuestra Naturaleza. Nombres memorables que pasan con pincel los bordes de las hojas que hemos llegado a escribir.

Mi amado amigo, somos almas perdidas entre los puentes que, sin quererlo, nos separan. Contigo, entre las inmensas horas pasando los relojes de letras, aprendí la grandeza de los pulpos que nos hacen sentir la vanidad de los cielos y mares. A pesar de las tormentas que me han acompañado a tu lado, nunca podré partir en dos el cristal que nos une en la pared de Piramus and Thisbe. Es la magnitud de los pasos que retumban entre las aceras agitadas de rocío. Ciertos días de sequía, algunos en los que no conseguía leer tu nombre al revés...

Tras largas sospechas de impactar al lector, la Autora entró en la decisión más importante cuando aporta un corazón a las esculturas de su fatídica pena insana. Decide así, amartillar las cáscaras de incómodos vómitos verbales entre las páginas de su memoria, llamándolo "El Espacio entre Líneas", ya que entre el tiempo real y el irreal sólo ella puede encontrarte en partículas momentáneas.

El poema entre tus manos es una mera irrealidad que se torna real cuando tus ojos lo recrean al leer. Ha querido la Autora, en estos versos de latencia, impregnar de imaginación el mundo vacío de la ilusión desprendida con la infancia. Que tal vez los sueños, sueños sean; pero el sueño de amar que sea real mientras los ojos lean nuestro amanecer entre blues y humo virginal. La alusión a la constancia, el real amor. La ilusión de los que nacen desterrados de la realidad social y viven muertos en el sarcófago del Arte.

Siempre tu nombre al principio de mis versos, R. M.

Firma la Autora,






I

Una vez fue el canto de Jerusalén,
otras las de los Himnos sagrados,
y , ¿quién podrá cantar las Odas
de los héroes invisibles?
Somos, amigo, escarcha entre
los verdes campos de esta
Cordillera Cantábrica.
Los árboles: pinos, castaños,
han olvidado el Himno
que me salvaba de tu olvido.

La única panorámica abstracta,
divisa las horas de insomnio
que pasaste hablando a la Virgen
capital de los Mendigos.
Amigo, perdido entre la brisa
fría, cálida, invisible;
esquivando mis flechas Vestales,
Errada entre el podio de Musas,
jugué a ser Cupido
con flechas de hollín.

En lejanas tierras te observo,
jugando la tierra libre de Gandhi,
entre fotogramas, instantáneas,
historias que nunca llegaré a conocer.
Sonrío, amenazo el futuro
por no poder estar a tu lado.
Palabras, arrasando tu cuerpo
son mi fraternidad mortal.
Amigo, cierro los ojos
entre los lazos de nuestro olvido.

Predicador que profetiza pasos,
y sólo frases que hacen zancadas,
admiradas luces de esperanza;
soñar libres, yo ando descalza.
Es posible, que te palpará
mientras los botones proféticos
soñaban con mi cara.
Amado, amigo, violador
de mis austeros pensamientos,
del mortífero verso de mi cuello.






Ciertas lluvias calumniaron
mi desdicha de amarte. Aún,
sin presión en el pecho, supe
que tus labios sellaban mis lágrimas.
No sé, no supe, no quise saber ,
quién o quiénes alimentaban
el hambre de tu cama.
En sueños, fantasías creadas
pude saborear la valía de tu sexo,
la quemadura del fuego.

¡Válgame, Querubín, pues no
supo jamás Prometeo el dolor
de las cuerdas del amor!
¡Hefesto, manda al fuego más
austero! ¡ Hera, mándame el sostén
de los pilares celosos!
¡Zeus, proclama la corona a
este juego olímpico debatido!
Que el ciego Cupido rió
alto al cielo mi fatal calvario.

Así, la brisa marina de Tritón,
sajó las barreras de la lejanía,
las puertas de los ríos,
las olas del salobre Ponto.
Me volví una muerta
entre las vivas...
Es la triste espera que me hace
muerta entre la hipócrita vox pópulos.
Es tu aliento respirado entre esquinas
que me hacen esperar.

Entre las ventanas se encuentran
edificios quebrados.
Una Luna que se calla,
un Sol que te alumbró
en un glorioso día,
pensando en mi sonrisa
al saber que todo irá bien.
No te preocupes, Corazón,
nunca viaja sin ti pegado
a su suspirado pecho.

¡Cantad, cantad! Así el musical
sonido de la prosa, de una
forestal lírica silba el sello
de esta tan maldita prisa.
¡Canta, canta! Ninfa de los cuentos,
Hada de las sombras.
Narciso de mi río ,
petrificado alivio lujurioso.

Intenté olvidarte entre versos,
entre besos, entre cuerpos
mojados en mi almohada.
Cuanto más invocaba a Orfeo,
inscribía Corcheas, Negras,
entre líneas subrayando
un único nombre.
No te olvidé, no te olvido,
no quiero olvidarte ...
No puedo olvidarte.

¿Recuerdas nuestras manos?
¿Recuerdas nuestras miradas?
Si es que mi cuerpo tiembla
al ser tocado por tu tacto...
¿Recuerdas, acaso, el ocaso
de mi partida?
Si todo esto fuera irreal, en tiempo
real; si fueras un recluso
de mis propios sueños; una sombra
del Pasado sin ser Presente.

Años, tal vez sea eso.
Abastecer el recuerdo
de estos turbios pensamientos.
Amor, Amigo, Amistad mía,
recluyo de todo dolor
las palabras que hoy proclamo.
Amor, Amigo, Cupido juega
en mi contra, soy su enemiga
en esta tierra infértil; tiempo
que se estrella contra mi cristal.

¿Culpa mía, la de querer curarte
enfermedad de Soledad?
¿Es esta la Peste que he de sufrir?
¿Es esta la Epidemia incurable?
Pues, Loca sea mi nombre.
Loca, loca por querer curarte,
por amarte, por recordarte,
por besarte, por suspirate.
Disfruta, falsa Musa, de este
espacio entre líneas.



II


"Te alento al saber,
al conocer y el descubrir
de las mentes, artes,
ciencias, pasajes de
historia que cuesta
reconocer."

¡Qué calle esa voz!
¡Qué calle mi pesar!
¡Dile que le amas!
¡Dile que le admiras!
¡Qué calle esa voz!
¡Qué pare el sudor
de este corazón!

Y es el camino de los cojos,
el de la valentía por cobardes,
el de los visionarios que son ciegos.
Amigo mío, déjame que imagine
tu reencuentro entre mis versos.

Entre la espesa carne, entre los alientos
de un mes de abril perpetuo,
alojo el milagro por el perfume
carmesí de los espejos.
Narciso mío, sé mi reflejo.

No hay alquimia, ni un Séneca
que entre tragedias pueda
alimentar mi ira.
Ni Shakespeare, ni el flameado
Fausto, enseñar pudieron
al hambriento cerebro.

Pinta un cuadro, retrata éste
séquito semblante.
Es tan fácil crear líneas
en mentes irreales,
sacados de literatura
enterrados en comisarías.

¡Qué venga aquí Ovidio!
¡Ven aquí, Milton!
¡Ven aquí Virginia!
¿Poder puedo enterrar entre
sílabas los recuerdos?

Enséñame, instrúyeme,
este apocalipsis de amor
me rebaja a la miga de pan.
Que aunque cuerpo entero quedé,
el alma no rejuvenece.

Algunos duran, otros duelen,
otros matan y otros duermen.
Aquí, me siento segura.
Aquí, en este mundo creado,
tú y yo somos reales.

Somos espectros sociales,
revoloteando entre las ideas,
picando a los cuervos,
amamantando la libertad...
Lloramos juntos el fracaso social .

Si pudiera estrujar más fuerte,
incluso, el abrazo de los muslos;
las caricias instantáneas,
los sarcófagos llenos de pureza.
Esta frescura de un mañana.

Acaricia las páginas, como yo hago.
Me amaraño entre una prenda,
me seco los gemidos,
afilo la cuerda tonante...
Te recuerdo en el suspenso lago.

Hesse, ¿por qué mataste
a este lobo?
Ni la altura social tapa
lo que el gusano calla.
Lobo estepario, lobo salvaje.

En cierta hora, grité.
Amenacé con salir
por la puerta o la ventana.
Ahora se me quedan pequeñas,
tanto salidas y entradas.

Espero el regocijo brillante,
de tus ojos al mirarme.
Sin equivocarme, no llegaría
a la conclusión que me llevó a tu semblante.


Amor, amigo, escucha,
esta lírica escupe sangre.
III

Una noche de abril,
se encontraron. Se vieron.
En cuanto se vieron, se amaron.
En cuanto se amaron, se unieron.
En cuanto se unieron, se separaron.

Tú vuelas lejos.
Yo vuelo alto.


Ni imaginar quiero
lo alto de mi latir en el pecho.
Ni imaginar quiero
sentir que no sientes nada y,
mientras, yo me alejo.

Este púlpito de enfermiza juventud,
el austero devenir social,
lo hipócrita,
lo moral,
lo estético,
fuera ya del ámbito personal.

Amigo mío, vuela lejos del desdén.
Ni Discordia, ni Ira,
ni Benevolencia acreditan...
Eres tú que huyes de lo eterno.

Amor mío, ¿qué otro nombre darte?
Si estoy Loca, ya lo sabes.
El mal de la mujer me aprisiona,
me da serpia lengua
a los versos para que hablen.

Amor mío, ¿tú me escuchas?
Yo te leo en los gritos
de tus sombras.
Amor mío, ¡no te vayas!
No me dejes sola
en esta tierra sin almas.

No te vayas, vuelvo cada vez más
a sentirme más sola.
Dímelo otra vez, solo una...

"No estás sola"


Ese es mi eco, mi resonancia
entre paredes vagas.
Eres tú el que vuelves a irte...

Hoy volveré a vivir sola,
mi vida se ha ido
y sentada, otra vez,
le despido con mi Oda.


Vanora Miranda

Género al que pertenece la obra: Poesía
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