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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

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El Sueño del Primer Adiós

 

Cuenta él, el gran pélida cronista,

que cierta vez Orfeo,

con sonrisa de distancia al cuello,

quiso un don otorgarle,

presuroso en silbidos Carotianos.

Alzó así, el domador del sueño,

su mano al cielo.

Fulgor, éxtasis, pasión;

la dulce sensación fueron primeras

en acariciar el pélida pelo.

El silbido órfico alcanza el vuelo...

Tal vez así nazca el sueño.

Pero ese susodicho omnipotente,

así lo quiso.

Y relata, el joven, entre archivos

desquebrajados, que esa ilusoria rosa

de Whitman, arrugada, desplegó su alma

hacia la nebulosa horizontal del sueño.

Su voz era inconfundible, aunque su mirada

ya cansada no estaba.

 

La Rosa: ¡Callad, Estrellas! No canteis nanas de tristeza.

                Que mi pulgita hermosa yace soñolienta.

                ¿Por qué no me dejáis tocarle?

                 Maldito espíritu que ni siquiera es sombra

                 para llegar a tocarte.

 

 

Xabier: ¿Es un sueño o es ella sin rocío?

             Que me encierren los ojos

              en la cárcel de la ceguera,

              pues eres tú quien veo.

 

La Rosa: Mi pulgita, ¿no dormías?

 

Xabier: Dormía, pero me acordé de ti.

 

La Rosa: La arena a este lado es más seca

                y rápida, he de apresurarme.

                Por última vez quise mirarte,

                me fui con la boca analfabeta.

 

Xabier: Me quedé con tu adiós guardado

            justo aquí, en la almohada abrazado.

 

 

 

La Rosa: Por eso vine, oí tu canto.

             No estés triste, pulgita, te sigo amando.

             Aquí estoy bien. Amuralla tus lágrimas,

             feliz estoy, porque el dolor ha cesado.

            No conviertas en tu angustia el final de algo.

 

Xabier: Pero ya no estás aquí...

            ¿Cómo jugarás conmigo?

            ¿Cuándo me sonreirás?

            Amama, no te vayas.

 

La Rosa: Ya me fui, esto es sólo un regalo.

               Asko maite zaitut, pulgita.

 

Xabier: Y es entonces cierto que

            cuando Segismundo en el engaño

            quiso tornar a lo nunca soñado.

            ¿Es entonces mejor soñar

            que en el sueño vivir estando?

 

 

Contó, con ríos fúnebres, su historia,

que por el sueño, sin recelo

algunas veces recuerda esta Oda.

Es el canto de un adiós

a la arena del olvido.            

Ya nunca jamás, la Rosa volvió.

Es como si fuese un sueño

que jamás pasó.

Todo queda atrás,

en un efímero descanso.  

 

Vanora Miranda        

 

 

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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